Es probable que hayas identificado los sitios donde hubo mar en Puebla, pero ahora conocerás dónde se apareció una sirena, a la cual los pobladores le atribuyen que gracias a ella no falta agua en la zona.
La leyenda comienza cerca de la escuela secundaria de San Bernardino Tlaxcalancingo, en la zona conurbada a la ciudad de Puebla, donde dicen que había una hermosa laguna alimentada por un venero del agua del deshielo de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
Actualmente, en esa región es común encontrarse con manantiales de agua cristalina que los productores aprovechan para alimentar sus cultivos.
Muy cerca se encuentra un cerro de piedras al que se le ha bautizado con el nombre de Acahualtepetlzin, de acuerdo al libro “Puebla a través de sus Leyendas II”, escrito por Donato Cordero Vargas.
En la publicación se menciona que los pobladores narraban que si ponían el oído sobre las piedras podían oír el fluir del agua a borbotones y una sensación muy similar cuando colocas el oído en caracolas que dan la impresión de escuchar el mar.
Además, en ese conjunto de piedras se formaron dos asientos en forma de tronos y uno de ellos estaba destinado para una sirena que ahí se aparecía.
Dice la leyenda que un día un hombre de la comunidad de Tlaxcalancingo, al caminar por ese lugar, presenció la aparición de una hermosa mujer, pero conforme se acercó a ella miró que tenía cuerpo de pez.
Ella le propuso al hombre que se quedara para acompañarla y que si accedía, a la población no le faltaría nunca el agua ni nada que necesitara, pero el hombre tuvo miedo y no accedió a la petición de la sirena, a pesar de sus ruegos.
Días después, por ese mismo lugar, apareció un vecino de la población de Axocopan, quien también presenció la aparición de la hermosa sirena, quedando prendido por su belleza, y ella le hizo la misma solicitud. El hombre, cautivado por la belleza de la sirena, aceptó y se fue con ella.
La gente cuenta que a partir de ese momento, en la región de Axocopan, muy cerca de Atlixco, brotó un manantial que formó la hermosa laguna de la comunidad y que por esa razón no falta nunca el agua; al contrario, siempre hay de sobra, ya que también brotaron otros manantiales.
Aunado a esta leyenda también se lee en el libro que el hombre de Tlaxcalancingo, que se negó a irse con la sirena, se dedicó a vagar y a tomar alcohol en demasía, probablemente arrepentido de no quedarse con la sirena y al mismo tiempo haber provocado que se haya secado la laguna que existía en San Bernardino.
Pero la leyenda no acaba aquí, recuerda que los habitantes comentaron que había dos tronos, uno era ocupado por la sirena y el otro pertenece al hijo de la criatura.
Un tritón que dicen con frecuencia se les aparece a las mujeres de esta región prometiéndoles que si alguna se va con él, el agua regresará en abundancia y florecerá nuevamente la laguna y el progreso de la región por consecuencia.
Hasta ahora no se conoce que alguna mujer haya aceptado su proposición.
¿Has escuchado leyendas similares en tu colonia, barrio o municipio? O mejor aún, ¿crees en las sirenas?