En este 2024 se recrudeció la escasez de agua en varios estados del país y en Puebla, cada vez se vuelve más común escuchar que falta agua en alguna colonia o fraccionamiento.
De acuerdo con el estudio del Instituto de Recursos Mundiales (WRI por sus siglas en inglés), en Puebla, el tema del estrés hídrico, relacionado con la escasez y la sobre exploración de los mantos acuíferos, llama la atención desde el 2020.
¿Qué es el estrés hídrico?
Para el WRI, el estrés hídrico es cuando la demanda de agua es más alta que la cantidad disponible durante un periodo determinado o cuando su uso se ve restringido por su baja calidad.
Al estrés hídrico también se le conoce como Día Cero, una expresión metafórica que se utiliza para describir un escenario hipotético en el que la disponibilidad de agua alcanza un punto crítico, es decir, un nivel extremadamente bajo o incluso agotado y donde el cambio climático juega un papel importante.
De esta manera, se prevé que en el año 2025, mil 900 millones de personas vivirán en países o regiones que enfrentan una escasez absoluta de agua, y dos tercios de la población mundial podrían estar en una situación de estrés hídrico.
Francisco Javier Sánchez Ruiz, profesor de la Facultad de Ingeniería Ambiental de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), advirtió que el almacenamiento actual de agua está lejos de ser suficiente para satisfacer las demandas de la población.
Cerca de 123 millones de metros cúbicos de agua están almacenados al corte de agosto de 2023, una cifra significativamente menor de lo que se había proyectado, porque los modelos matemáticos previos no anticiparon adecuadamente la disminución de las precipitaciones y la prolongada sequía que ha afectado al país, incluyendo al estado de Puebla.
Refirió que el Organismo Operador de Agua de Puebla, estima que una persona sin cisterna o tinaco consume alrededor de 13 mil 800 litros de agua por mes en promedio, lo que aumenta en los casos de consumo medio y alto.
Además, la falta de infraestructura adecuada para la transmisión de agua agrava la situación porque antes los flujos de agua eran continuos, pero debido a la necesidad de evitar fugas, se han implementado flujos en periodos más cortos, lo que ha contribuido a la pérdida de agua por fracturas en las tuberías no rehabilitadas.
Otras causas son el robo de agua en las colonias, falta de un adecuado ordenamiento del crecimiento urbano, deforestación, la pérdida de vegetación en los bosques de la entidad, la alta contaminación de sus ríos y la baja recarga de mantos acuíferos.
A estos análisis se suman los resultados del estudio de WRI en el Atlas de Riesgo Aqueduct Alliance, en el que señala el nivel de agotamiento del agua a nivel mundial, incluyendo a la República Mexicana y desde luego Puebla.
De acuerdo con el estudio, actualmente el agotamiento del agua es de bajo a medio, es decir de 5 a 25 por ciento. Además, destaca que la cuenca principal es el Río Balsas y la menor es el Alto Atoyac.
Se considera bajo cuando el desabasto de agua es de menos de 5 por ciento, de bajo a medio cuando es 5 a 25 por ciento, de medio a algo cuando es de 25 a 50 por ciento, alto cuando es de 50 a 75 por ciento y extremadamente alto cuando es mayor que 75 por ciento.
Aqueduct destaca que en la República Mexicana los estados de Sonora, Baja California, Chihuahua, Coahuila, Zacatecas, Sinaloa, Aguascalientes y Guanajuato presentan un agotamiento del agua extremadamente alto, con 75 por ciento.
Las proyecciones del WRI refieren que para el 2030 se estima que en algunas regiones hidrológico-administrativas de México, incluyendo Puebla, el agua renovable per cápita alcanzará los mil metros cúbicos por habitante por año, cuando actualmente es de 3 mil 776 metros cúbicos por persona.
En el Plan Estatal Hídrico que realizó un grupo de investigadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) se señala que las ciudades de Puebla, Tecamachalco e Izúcar de Matamoros comenzarán a resentir el desbasto del vital líquido para el 2030.
Principalmente por ser los municipios con mayor población en la entidad, debido al incremento de sus habitantes y por la veda de los mantos acuíferos de las cuencas Cerrada, de Tehuacán y del río Salado.
En el estudio, alineado a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se menciona de los 14 acuíferos que hay en el estado de Puebla, los de Tecamachalco, Tehuacán y Libres-Oriental tienen una recarga muy pobre, lo que implica que ya no se podrán generar más pozos para abastecer de agua potable a la población de estas regiones.
De la misma manera, señalan que hay 320 plantas de tratamiento de agua en el estado, pero solo 60 operan y ninguna está dentro de la Norma Oficial Mexicana (NOM).
También existen deficiencias en el servicio de la red de agua potable y alcantarillado, con la presencia de fugas que ocasionan la pérdida de entre 40 y 45 por ciento del agua, antes de que sea aprovechada en los hogares.
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