En las últimas horas, Puebla ha dado de qué hablar por el caso de Álvaro N. o el llamado “caníbal de La Resurrección”, un albañil a quien culpan del feminicidio de su esposa y de haberse comido parte de su cerebro.
Sin embargo, el canibalismo no es un tema nuevo para la entidad, pues se plantea que este acto ocurrió después de la Batalla del 5 de Mayo, en el período conocido como el Sitio de Puebla de 1963.
Se describe como una acción militar que duró 62 días, entre el 16 de marzo y el 17 de mayo de ese año y que al final ganaron los franceses, por lo que derivó en la instauración del Segundo Imperio Mexicano en la Ciudad de México.
Los hechos de canibalismo son en parte una leyenda que se cuenta entre las cocineras populares de la zona de El Carmen, pero también aparecen descritos en un diario de guerra de la época y han sido objeto de estudio sobre la gesta histórica.
El hecho fue retomado, por ejemplo, en el libro "El Sitio de Puebla 150 Aniversario" que en 2015 publicó la Secretaría de Educación Pública (SEP) federal en coordinación con diferentes instituciones.
En uno de los capítulos del texto se explica cómo el Sitio de Puebla quedó documentado en caricaturas de la época por el artista Costantino Escalante, quien fue un crítico de los conflictos sociales de México con sus publicaciones para el diario La Orquesta.
De acuerdo con el historiador Alfonso Milán, a cargo de ese capítulo, el 15 de abril de 1863 se publicó en el periódico una caricatura en la que se observa al General en Jefe introducir por las torres de una iglesia a un par de zuavos tendidos de unos grandes tenedores.
"Cierto es que Francia no ha podido tomar Puebla; pero en cambio Puebla ha tomado a los franceses", fue el texto que acompañó a la imagen, cuya litografía está ahora expuesta en el Museo del Estanquillo de la Ciudad de México.
El historiador recuerda al respecto que uno de los efectos del conflicto bélico fue la escasez de víveres y que sus estragos dieron pie al rumor popular del canibalismo.
Según el autor, además de la caricatura, las anécdotas se llevaron a varios libros como uno de Francisco P. Troncoso, que lo narró como un testigo presencial de los hechos en el "Diario de las operaciones militares del sitio de Puebla en 1863".
"Uno de nuestros jefes de carácter siempre festivo, dijo por chanza en una reunión de oficiales, que al anochecer se habían robado del portal de Morelos un cadáver de zuavo el cual era muy gordo, y que, por la mañana, al comprar tamales a una tamalera que vendía en el portal de enfrente, se notó que dichos tamales tenían carne; que naturalmente esto llamó la atención, puesto que la carne estaba por las nubes; que al partir un tamal se mostró un pedazo de dedo de mano de hombre, y se creyó que sería del zuavo robado a la noche anterior, la tamalera asustada desapareció", fue el texto de Troncoso.
Los zuavos, que tuvieron presencia en la intervención francesa, fueron parte del batallón de los enemigos de México y eran en realidad soldados argelinos al servicio de Francia.