Una de las tradiciones más importantes de Semana Santa es el Viacrucis, un recorrido que se realiza en Viernes Santo y se caracteriza por recordar y representar la pasión y muerte de Jesucristo a lo largo del camino hasta el Calvario.

De hecho, la palabra Viacrucis deriva del latín y significa “camino de la cruz”. El origen del Viacrucis data de los primeros años del cristianismo, cuando los cristianos veneraban aquellos lugares que se relacionaban con la vida y muerte de Jesucristo en Jerusalén, la “ciudad sagrada” del Medio Oriente.

Foto: EsImagen
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Sin embargo, muy pocas las personas saben que la ciudad de Puebla desde su fundación fue comparada con la ciudad donde murió Jesús.

Se dice que cuando los franciscanos arribaron a Puebla en 1532, notaron la similitud entre la topografía del valle poblano y la de Jerusalén.

Según la página de Turismo del Ayuntamiento de Puebla, por estas similitudes que vieron los franciscanos y con la ayuda de la Tercera Orden y los devotos de la ciudad, construyeron en 1606 un conjunto arquitectónico que representara las etapas vividas por Jesús.

El proyecto tenía como objetivo instalar 14 capillas con una forma, distancia y topografía idénticas a las de Jerusalén. Esto implicaba que el Viacrucis en Tierra Santa y el de Puebla tuvieran una geografía similar, que estuviera atravesada por dos ríos y que coincidieran los mil 321 pasos que dio Jesús.



De acuerdo con la Arquidiócesis de Puebla, el Viacrucis de Puebla fue el primero de tipo arquitectónico y uno de los pocos que aún conserva la mayoría de sus capillas.

Hoy en día se conservan 12 de estas capillas, resguardando elementos que hacen alusión a la Pasión de Cristo, formando una ruta histórico-cultural única en toda América.

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Las diversas estaciones estaban distribuidas de la siguiente manera: la primera correspondía a “Los azotes”, ubicada en la misma iglesia de San Francisco. La segunda, de “La cruz a cuestas”, en el interior del atrio, ha desaparecido. La misma suerte corrió la tercera, que estaba fuera del atrio y conmemoraba “La primera caída”.

Se conservó la cuarta al lado de la puerta norte del antiguo atrio. Es la del encuentro de “Cristo con la Virgen”.

Atravesando la calle y alineada a ella está aún la quinta, dedicada al “Cirineo” se encuentra ubicada en una plazuela, en la 14 Oriente, que originalmente daba acceso a la zona de los lavaderos del Río Almoloya.

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La sexta capilla se le conoce como “La Verónica”, ubicada a espaldas de Casa Aguayo, muy escondida en su esquina norponiente.

La séptima capilla se le conoce como la de “Platero”, porque este gremio dio los fondos para su construcción, también se le conoció como la “Capilla de las Lavanderas” (12 Norte 1808).

La octava capilla se le conoce como “Las Plañideras” o “Las Piadosas”. Esta capilla se ubica en el jardín que da acceso al Calvario.

La novena capilla se puede apreciar desde la banqueta norte de la calle 20 Oriente, dentro del conjunto del Calvario, donde está el grupo más numeroso de capillas en un solo sitio.



La décima capilla corresponde a “El Expolio” en el Viacrucis y está dedicada al momento en que Jesús es despojado de sus vestiduras a manos de los soldados romanos.

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La onceava capilla escenifica el momento en que Cristo es clavado en la cruz. De hecho, ahora es un templo, conocido como El Calvario, ubicado en la manzana al oriente del Hospital de la Cruz Roja.

La última capilla se le conoce como “La Expiración”, siendo la más importante y grande del conjunto de capillas. Es la de la Expiración o Basílica Lateranense, representa el momento culminante de la Pasión de Cristo, está arriba de la cruz roja a dos cuadras rumbo al Fuerte de Loreto.

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