Las elecciones de 2024 en Puebla y México no sólo destacan por ser las más grandes por la cantidad de cargos a elegirse simultáneamente y por el crecimiento del padrón electoral, sino porque estarán influenciadas en gran parte por las redes sociales.
Algunas como Facebook y Twitter, ahora X, ya superan la década de existencia y otras más como TikTok están en pleno crecimiento y han cobrado popularidad entre políticos y aspirantes.
Para saber cuál podría ser la red social más competitiva en las elecciones de 2024, en Puebla existen análisis que se han hecho desde la perspectiva del consumo de medios de información y política.
En el portal de Medium que recoge blogs de todo el mundo sobre temas variados, Erik Lobo, consultor de la agencia mexicana Politics & Government Consulting, dedicó una reflexión a ese tema con datos actualizados de México.
En el artículo "Las redes sociales y la campaña electoral de 2024 en México" relató que el 2008 fue el año en el que el mundo vivió por primera vez un proceso electoral marcado por las redes sociales.
Esto fue con la campaña de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos, pues a través de estas plataformas involucró a votantes y donantes que se permiten en la estructura electoral estadounidense para financiar campañas.
Para este autor, las redes sociales se han convertido en un instrumento indispensable para los candidatos y partidos mexicanos, con el fin de conectar con un nivel más personal y difundir sus mensajes.
Una ventaja que ha sido documentada por académicos, es que antes se necesitaban grandes cantidades de dinero para tener acceso a canales de comunicación formales y en las redes sociales los costos son más bajos.
Difundir las propuestas y perfiles de los políticos, sin embargo, implica retos como saber ejecutar tiros de precisión a la hora de seleccionar las redes sociales y producir contenidos más específicos para cada sector de la población.
El autor analiza que en el 2024 habrá cerca de 96 millones de mexicanos que saldrán a las urnas, 15 millones lo harán por primera vez y como nunca, un 48 por ciento de votantes tendrá menos de 41 años, es decir, que pertenecen a las generaciones conocidas como Z y millennial.
Con esta revisión de números agrega Lobo, quienes conecten con esos dos grupos poblacionales tendrán más posibilidades de ganar los diferentes cargos que se juegan.
Sin embargo, él considera que en la práctica, la gran cantidad de políticos desconoce cómo se comportan los públicos en los espacios digitales y que deben comenzar por conocer la demografía.
En torno a las redes, dijo, hay datos relevantes como que los jóvenes de la generación Z pasan más horas en TikTok que viendo la televisión, que difícilmente han tenido un periódico en sus manos y que están más interesados en los cambios de logos que en alianzas partidistas.
Para saber qué red social elegir y para qué público, Lobo hace referencias a mediciones internacionales como las del portal Data Reportal que cada año mide la presencia de las redes sociales más populares en los países del mundo.
Esta base de datos que en el caso de México tiene información actualizada hasta el primer cuatrimestre de 2023, ofrece detalles sobre el número de usuarios, tipo de búsqueda, género y edades promedio.
Tan solo en el tema del número de usuarios, Facebook se mantiene a la cabeza con 83.75 millones, le sigue TikTok con 62.45, después está Instagram con 43.75 y lo que fue Twitter y ahora es “X”, con 11.8 millones.
De acuerdo con Lobo, hay datos que también se pueden desprender del análisis que realiza Data Reportal como en Facebook donde están los conocidos como older millennials que van de los 35 a los 41 años.
De Twitter, destaca que es la red social más politizada porque permite un espacio de discusión y debate sin límites.
Instagram, por otro lado, se centra en la imagen y tiene más mujeres que hombres entre sus usuarios frecuentes y consumidores.
En tanto, TikTok en México tiene la cuarta audiencia más grande del mundo y permite compartir videos de manera rápida a un público más joven.
Como conclusión, el autor advierte que hoy, no ser un tiktoker, convierte en ipso facto a cualquier político en una pieza de museo.