Esta semana, Puebla se sorprendió con la posible llegada de un nuevo habitante al estado, Benito, una jirafa de cuatro años que primero vivió en Sinaloa y el año pasado fue trasladada a Ciudad Juárez, Chihuahua, para habitar en el Parque Central.

Su estadía ahí, sin embargo, ha sido cuestionada por activistas desde un inicio, pues no existían condiciones para que se cubriera de sombra y también es una ciudad fronteriza con climas extremos, sobre todo en el frío.

Por ello, el gobierno de Chihuahua inició trámites con Africam Safari para que pudieran recibirlo y aunque ha habido algunas trabas para el traslado, ya hay coordinación de autoridades.

Tanto el gobernador Sergio Salomón Céspedes Peregrina, como el presidente Andrés Manuel López Obrador, anunciaron colaboración.



Pero, ¿te has preguntado qué tan difícil es trasladar una jirafa de una ciudad a otra?

La propia experiencia de Africam Safari y su coordinación con parques de preservación natural del mundo puede darnos una idea.

En julio de 2018, el Bioparque Ukumarí ubicado en la alcaldía de Pereira, Colombia, cerca de la zona cafetalera, adoptó dos jirafas de Puebla.

De acuerdo con lo anunciado por autoridades y directivos de ese parque, se trató de una donación que buscó la reproducción de las jirafas y su traslado fue una odisea.

Aunque ellos cuentan con un aeropuerto, el mismo no tenía las capacidades para que aterrizara un avión con una altura promedio de 2.7 metros, que se necesitaban para trasladar dos jirafas.

Por ello, fue necesario que el par de poblanos de nombre Perla y Otún aterrizaran en el Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón del Valle de Cauca, que se ubica a casi cuatro horas de carretera.

Para todo el traslado se acondicionaron dos huacales que podían variar su altura y contaban con un interior acolchado para protegerlas. Sin embargo, el uso de estas estructuras implicó otro proceso más de acondicionamiento.

Durante algún tiempo, a las jirafas se les proporcionó su alimento preferido dentro de los huacales para que se acostumbraran a ellos y no estuvieran estresadas en el traslado.

Aunque la donación de las jirafas implicó cumplir con medidas de seguridad y garantías de hábitat, la historia de una de ellas fue triste.

Cinco meses después, la hembra falleció y de acuerdo con las autoridades del parque, esto se debió a un problema intestinal, pues la jirafa nació con una condición genética complicada.

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