Catedráticos Ibero Puebla

De posibilidades de literaturas del yo

Escrito por: Diana Isabel Jaramillo

09/04/2026 |13:16
El Universal Puebla
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La escritura autobiográfica ha significado para las mujeres de diferentes épocas una posibilidad de justicia, de evidencia, de poder transformador

Todo parte de ¿Para qué y para quién se escribe? Estas preguntas que se hacen tanto escritores como críticos literarios, lectores, aparecen en esa vuelta a la noria que es la premisa del yo en la literatura, aspecto que dio paso a la Modernidad. Hoy día, las cuestiones siguen vigentes, aunque de periodos e ismos haya diversidad. La escritura autobiográfica o de autoficción, la diferencia entre ambas es sutil, pero basta con resaltar que en la primera se pacta con el lector como “fiel a la realidad” y la segunda en “hacer de una persona real un personaje de ficción”, tiene respuestas similares a dichas preguntas: Escribo para revelar la verdad. Escribo para un lector que me cree que es verdad.

La lista de obras que se anuncian con este propósito y destino es larga, jugosa. En cuanto a mujeres, tan solo pensar en la Premio Nobel de hace menos de un lustro Annie Ernaux, cuya obra literaria completa se ha destacado por su carácter de autos-referencia propia, bios-vida, grafía-escritura; aunque, por supuesto, antecesoras son muchas desde la mística santa Teresa de Ávila hasta aspectos de novelas decimonónicas como Jane Ayre, de Charlotte Brontës, o Memorias de una joven formal, de Simone de Beauvoir; sin dejar de mencionar a la literatura en español de Emilia Pardo Bazán, Rosario Castellanos, Elena Poniatowska, María Luisa Puga o la hoy tan destacada Cristina Rivera Garza, entre tantas otras.

Lo cierto es que la escritura autobiográfica ha significado para las mujeres de diferentes épocas una posibilidad de justicia, de evidencia, de poder transformador, de explicarse y explicar el mundo en el que viven, no solo para las que publican o se dedican profesionalmente a la literatura, sino para quienes se atreven a tomarla como herramienta de denuncia o de autocomprensión. Esto es, la literatura siempre representará la posibilidad de hacer visible la crítica al contexto, pero, también, la posibilidad, decía Simon de Beauvoir, de comunicarse con uno misma y con el otro.

Lola López Mondéjar novelista y psicoterapeuta en su ensayo con el que ganó el Premio Anagrama 2024 Sin relato describe desde diferentes ángulos, el educativo, social, terapéutico, filosófico, político, cómo la incapacidad de introspección reflejada en la ausencia de lenguaje, de lectura y escritura, está llevando a las generaciones más jóvenes a neurosis y crisis de sentido de vida. En contraste, quienes mantienen el hábito de ambos actos desahogan con mayor facilidad las cargas del espíritu. La lectura de ese libro me llevó a la reflexión sobre la necesidad de continuar explorando las posibilidades que otorga la escritura autorreferencial sobre todo a las mujeres.

Es así como reparé en la gran labor que realiza Documentación y Estudios de Mujeres, A.C. (DEMAC), apoyada por la Fundación Espinosa Rugarcía, desde 1989, dando, sin fines de lucro, a mujeres mexicanas, cursos, concursos, talleres, publicaciones y becas para escribir sobre el Yo-mujer. Y, en comunión con DEMAC, la IBERO Puebla, hoy, lanzan una convocatoria inédita para mujeres que tengan un proyecto de autobiografía, autoficción o de testimonios femeninos, y que busquen continuar su formación universitaria cursando la Maestría en Literatura Aplicada. A mi parecer, es una oportunidad para librar brechas laborales y de visibilidad en la narrativa como modo de autoexpresión cultural. Aún mejor, encontrar respuestas a esa pregunta existencialista ¿Para qué sirve la literatura? Quizás la respuesta esté en la sugerencia que se lee en el verso de la también escritora Amparo Espinosa Rugarcía, fundadora de DEMAC, quien señaló en su verso que escribir sirve para descubrirnos, mirarnos, exorcizarnos, descifrarnos, curarnos, rescatarnos, buscarnos, revivirnos, eternizarnos. En eso creemos, también.