Catedráticos UDLAP

Denos un reto y construiremos el futuro

Escrito por: Dra. Zobeida Guzmán, Directora General del Departamento de Innovación Tecnológica

26/06/2026 |12:16
El Universal Puebla
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Han estado pasando muchas cosas últimamente y, en México, pocas despiertan tanta emoción colectiva como el fútbol. La gran justa deportiva no es solamente un torneo, es cultura popular, identidad, conversación pública, entretenimiento, turismo, publicidad, consumo, infraestructura y derrama económica. Durante unas semanas, el país entero parece organizarse alrededor de un balón. Esa misma euforia colectiva tiene un lado que no deberíamos ignorar, porque, paradójicamente, tanto la frustración como la celebración pueden convertirse en riesgo. Y ahí aparece una pregunta que nos debería importar más allá del marcador: ¿qué hacemos como sociedad para anticiparnos a los comportamientos colectivos, a los riesgos y a los escenarios que ya sabemos que pueden ocurrir?

El torneo internacional también revela la otra cara de la emoción: los grandes retos tecnológicos. Detrás de cada transmisión nítida, repetición precisa y decisión asistida por datos, hay científicos, ingenieros, desarrolladores y especialistas en redes, inteligencia artificial, visión computacional e infraestructura digital. Se brindan soluciones de transmisión por IPTV de baja latencia, centros de respaldo, procesamiento de video, cámaras, sensores y modelos 3D de jugadores que permiten visualizar jugadas complejas —como los fueras de lugar— mediante avatares digitales. Alguien planteó el reto: hacer que el partido se vea más real, más claro e inmediato. Y la ingeniería respondió. Esto no es magia. Es ciencia aplicada. Es ingeniería puesta al servicio de un reto concreto.

Por otro lado, tenemos noticias lamentables: terremotos, inundaciones, huracanes y otros desastres naturales que afectan a distintas regiones del mundo. Pero también sabemos que no todos los países enfrentan estos fenómenos de la misma manera. Japón, por ejemplo, ha convertido su dolorosa experiencia sísmica en una cultura de prevención, diseño estructural, simulación, normatividad, alerta temprana y preparación social. Sus edificios no son resistentes por casualidad: detrás hay décadas de investigación, códigos de construcción, ingeniería civil, materiales, sensores, sistemas de emergencia y aprendizaje institucional. El objetivo no es impedir que la naturaleza ocurra, sino reducir al máximo sus consecuencias. Esa es precisamente la función más poderosa de la tecnología: no solamente reaccionar, sino anticiparse. La innovación tecnológica no es un lujo; es una forma de protección, competitividad y soberanía.

Además, en el marco del Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, vale la pena visibilizar a quienes están detrás de las soluciones. En México, las mujeres representan más de la mitad de la matrícula universitaria, pero solo una de cada tres es estudiante en áreas STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas—. Además, en el mercado laboral, apenas alrededor del 12.9% de los empleos STEM son ocupados por mujeres. No es un dato menor, significa que estamos dejando fuera a una enorme parte del talento que México necesita para resolver sus retos actuales y futuros. Necesitamos más jóvenes en STEM. Necesitamos más mujeres científicas, ingenieras, programadoras, investigadoras, especialistas en datos, inteligencia artificial, ciberseguridad, energía, salud, agua, movilidad, seguridad y prevención de desastres. Necesitamos que niñas y jóvenes sepan que su talento no solo cabe en estas áreas: hace falta.

A quienes toman decisiones en empresas, gobiernos, universidades y organismos públicos, el mensaje es claro: rétennos. Denos problemas reales, financiamiento serio, confianza institucional y metas ambiciosas. Necesitamos que se apueste más por investigación, desarrollo e innovación tecnológica. Si nos dan un reto, encontraremos la forma de resolverlo. Porque el futuro no se improvisa, se diseña, se programa, se construye y se prueba antes de que llegue.