Catedráticos UDLAP

El cuento como una posibilidad de reflexionar sobre nuestra realidad: Premio Nacional de Cuento UDLAP 2026

Escrito por: Dra. Miriam Yvonn Márquez Barragán, Profesora de Tiempo Completo del departamento de Letras y Humanidades

02/07/2026 |17:16
El Universal Puebla
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De algún modo, en una época que ha depositado tanta confianza en los datos, las cifras y los algoritmos, hemos pasado por alto una verdad fundamental que nos atraviesa como humanidad: no son los números, las estadísticas o los hechos aislados los que dan forma a nuestra manera de entender el mundo, sino las narrativas con las que los interpretamos. Son las historias las que terminan definiendo lo que creemos, lo que valoramos y, en última instancia, quiénes somos, tanto como individuos como en la comunidad que nos cobija.

Las historias nos permiten construir una identidad compartida. Nos unen alrededor de una memoria común, de unos valores o de un horizonte de sentido, pero también pueden dividirnos cuando alimentan prejuicios, miedos o antagonismos. Ningún relato es inocente: todos modelan nuestras creencias, nuestros deseos y la manera en que imaginamos el futuro. Y quien diga que contar historias es solo para pasar el tiempo y no sirve para nada, se equivoca, pues como dice el historiador Yuval Noah Harari “los relatos han producido redes humanas a gran escala. A su vez, dichas redes han cambiado por completo el equilibrio de poder en el mundo”.

En este sentido, los cuentos ocupan un lugar privilegiado en esa tradición narrativa. Durante siglos han sobrevivido gracias a la transmisión oral de generación en generación, precisamente porque condensan aquello que una comunidad considera digno de recordar. Más allá del entretenimiento, han preservado costumbres, transmitido valores y ofrecido enseñanzas a través del ejemplo, de la creación de símbolos o metáforas o de brindar consejos y advertencias. En ese recorrido, cada narrador adapta el relato a su tiempo y a sus circunstancias, introduce nuevos matices y transforma algunos detalles, dando origen a múltiples versiones de una misma historia. Esa capacidad de cambiar sin perder su esencia explica, en buena medida, su permanencia.

Sin embargo, el cuento literario representa una evolución distinta de esa tradición. Es, quizá, uno de los géneros más modernos, versátiles y exigentes de la literatura. En unas pocas páginas es capaz de condensar conflictos humanos de enorme profundidad y de sugerir mucho más de lo que dice de manera explícita, como los cuentos de Chejov, Quiroga, Rulfo. Como afirmaba Ricardo Piglia en su célebre “Tesis sobre el cuento”, “el cuento es un relato que encierra un relato secreto. No se trata de un sentido oculto que depende de la interpretación: el enigma no es otra cosa que una historia que se cuenta de un modo enigmático. La estrategia del relato está puesta al servicio de esa narración cifrada”.

La fuerza del cuento reside precisamente en esa doble dimensión. Mientras seguimos una historia visible, otra se despliega bajo la superficie como amplias raíces, invitándonos a completar sus silencios y a descubrir aquello que el texto apenas insinúa. En esa tensión entre lo dicho y lo sugerido radica una de sus mayores virtudes: la capacidad de interpelar al lector y convertir la ficción en una herramienta para pensar críticamente el mundo que habitamos.

Es en ese horizonte donde iniciativas como el Premio Nacional de Cuento 2026 de la Universidad de las Américas Puebla adquieren un significado que trasciende el ámbito literario. Más que convocar a un concurso, buscan abrir un espacio para aquellos relatos capaces de nombrar lo que nos rodea, de explorar lo inquietante, de unir los trozos de una realidad que, en lugar de unirnos, nos fragmenta y nos aísla.

La riqueza de un certamen de esta naturaleza no reside únicamente en premiar un cuento, sino en propiciar el encuentro entre escritores y lectores a través de historias que circulen, sean discutidas y encuentren eco en una comunidad, que si bien dispersa, está ahí, esperando a ser invitada. Un buen cuento es aquel que puede ser leído por muchos, compartido por distintos públicos y, al mismo tiempo, ofrecer a cada lector una interpretación genuina. Porque las grandes historias nunca se agotan en una sola lectura: dialogan con la experiencia de quien las recibe y continúan transformándose en la imaginación de quienes las hacen suyas.

La comunidad UDLAP los invita a revisar la convocatoria y a participar: