Los festivales religiosos son un elemento clave de la vida social en muchas comunidades alrededor del mundo. En México, las fiestas patronales son eventos multitudinarios que duran aproximadamente tres días y conllevan actos religiosos como un oficio solemne, procesiones, misas, bailables, cohetes (fuegos artificiales), y otras actividades. Las comunidades suelen dedicar sumas importantes de dinero, tiempo y esfuerzo a la planeación de estos eventos, particularmente aquellas familias que fungen como mayordomos en ese año. Dado que estas tradiciones han imperado durante siglos en nuestro país, es buena idea preguntarse cómo estas festividades han afectado la vida económica y social de las personas que las practican.

Economistas de la Universidad de Chicago y la Universidad de Michigan realizaron un estudio sobre los impactos económicos que ocasionan las festividades religiosas en México cuando estas coinciden con la temporada de siembra o cosecha en los municipios de México. Aunque es posible que los festivales religiosos sean buenos para el desarrollo económico -a través de la generación de turismo, por ejemplo- es probable que los recursos que se destinan a estas fiestas disminuyan el ahorro y la inversión, reduciendo así el desarrollo económico en el largo plazo (esto es particularmente importante si la fecha del santo patrono coincide con la fecha de la cosecha o cultivo dado que son momentos claves para la productividad agrícola). Una de las claves de este estudio es que la decisión del santo patrono de una localidad fue hecha por los conquistadores españoles, los cuales no consideraron las temporadas de cultivo o cosecha en la localidad. Según los historiadores, esta se decidía con base en otras cosas como la similitud del santo con la deidad mexica local, o la fecha en que los españoles llegaron al lugar, o inclusive al azar. Este contexto se conoce como un experimento natural y permite a los investigadores estimar el efecto causal de las festividades religiosas en diversos aspectos de la economía y la sociedad.

Los resultados del análisis demuestran que los municipios que tienen una fiesta patronal que coincida con las fechas de siembra o cosecha tienen ingresos más bajos, menores niveles de educación, y menor desarrollo económico en general. No obstante, es interesante destacar que a pesar de que el nivel económico es menor en estos lugares, los investigadores también hallaron que estos municipios tienen mayores niveles de religiosidad, mayor capital social y menor desigualdad. Al final, los autores sugieren que no es claro cual de los dos escenarios termina siendo mejor. Por un lado, los municipios con festivales que coinciden con fiestas patronales tienen una economía menos avanzada, pero disfrutan de mayor cohesión social y menor desigualdad, mientras que los otros municipios tienen ingresos más altos pero mayor desigualdad y menor capital social.

Para terminar, los autores hacen una serie de recomendaciones para que las fiestas patronales no se conviertan en una carga excesiva para las comunidades y estas puedan seguir practicando sus costumbres sin necesidad de hace sacrificios económicos excesivos. Algunos de estos son: imponer limites al gasto realizado en las festividades, poner fechas limites para inversiones clave (p. ej. pagos escolares), incentivos para comprar insumos clave inmediatamente después de la cosecha, y generar a nivel local una especie de aguinaldo para solventar los gastos de las fiestas.

Google News