Opinión

El PRI, ese oscuro objeto del deseo

Alfonso Zárate

Si el PRI le entrega al Presidente los votos necesarios, se fracturará, se hundirá y romperá la coalición opositora

Durante muchas décadas se le conoció como El partidazo o El invencible, porque siempre ganaba, por las buenas o las malas —¿recuerdan El fraude patriótico en Chihuahua que tuvo como actor central al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett?—. Pero hoy, alicaído y denigrado, sin liderazgo y sin rumbo, enfrenta la disyuntiva de jugar como una oposición real o ponerse al servicio de Morena.

El Presidente necesita sus votos para aprobar su iniciativa de reforma eléctrica y los llama a definirse: ¿con Salinas o con Cárdenas? No la tienen fácil, porque la clase política priista que aprobó la reforma constitucional de 2013 es, esencialmente, la misma de hoy. Sin embargo, no es posible ignorar que hace ocho años y a regañadientes, muchos de ellos aprobaron una reforma en la que no creían. Pero se impuso su “pecado original”: la cultura de la línea.

En efecto, en marzo de 1929, cuando nació el PNR, abuelo del PRI, los delegados a la asamblea constituyente que se disponían a elegir a Aarón Sáenz como su primer candidato a la Presidencia, se sometieron a la consigna del Jefe Máximo y votaron por un oscuro general michoacano, Pascual Ortiz Rubio, al que pronto llamarían El nopalito.

A todo lo largo de su historia, han sido contados los episodios de dirigentes y militantes que se atrevieron a tener voz propia, y todos fueron excluidos. Uno muy señalado, fue Carlos A. Madrazo, que intentó convertir al PRI en un verdadero partido, pero enfrenó el rechazo de Gustavo Díaz Ordaz, y su muerte en un extraño accidente de aviación, sembró dudas que hasta hoy persisten.

En 1987, un grupo de priistas ubicados en el nacionalismo revolucionario expresó su rechazo al dedazo que ya prefiguraba al relevo: Carlos Salinas de Gortari. Lo encabezaron Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas e Ifigenia Martínez. Al final, la Corriente Democrática se separó del Partido, llamó a constituir el Frente Democrático Nacional (FDN) y postuló al ingeniero Cárdenas como su candidato a la Presidencia. El FDN sufrió las maniobras del autoritario secretario de Gobernación, que presidía la Comisión Federal Electoral.

Pero hoy el PRI, que avaló y acompañó al modelo neoliberal —ese modelo que, según denuncia López Obrador, creó o impulsó el feminismo, el ecologismo, la defensa de los derechos humanos y la protección de los animales, para saquear a sus anchas—, se ha convertido en ese oscuro objeto del deseo.

Al margen de que se logre la aprobación de la reforma eléctrica, lo que está en juego es algo más. Si el PRI le entrega al presidente López Obrador los votos necesarios, se fracturará, se hundirá aún más y, lo que es más relevante, romperá la coalición opositora allanando el camino para que Morena se imponga en las elecciones de 2024. El manejo tortuoso, intencionalmente ambiguo de Alejandro Moreno abre espacio para todas las especulaciones. El amasiato es, por ahora, solo una relación sentimental, diría el clásico.
 

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.
@alfonsozarate

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