Opinión

¿Eres feliz con Amlo?

Sabina Berman

Decide tu voto basándote en lo real, no en los fantasmas de la paranoia

La pregunta me la hacen últimamente muy seguido, porque la gente está reflexionando su voto. Me la hacen amigos y familiares --y desconocidos que por alguna razón saben que escribo sobre política.

Para ellos tengo dos respuestas. La corta y la larga, según de cuánto tiempo dispongamos. La respuesta corta es:

--Soy inmensamente feliz con Amlo, vota por la Izquierda.

La respuesta larga es más sincera y empieza con la lista de mis diferendos con el presidente, una lista larga como un recibo de supermercado o como el abecedario, cuyos puntos principales son los que siguen.

A. Abandonar el magnífico Aeropuerto diseñado por Foster para suplirlo con otro rudimentario.

C. La indiferencia de este gobierno a la Cultura.

F. El rechazo al movimiento social más vivo del país, el Feminismo.

M. La priorización durante la pandemia de la Macro economía sobre las vidas y la micro economía de los mexicanos.

S. La todavía escaza cobertura de los Subsidios a la población que vive en la precariedad.

En suma, lamento que Amlo no haya sido hasta hoy más de Izquierda –y de una izquierda democrática.

Acá suelo interrumpir mis lamentos e introducir una afirmación.

--Y sin embargo, mi larga lista de diferendos no suma una repentina simpatía por la oferta de la Derecha en estas elecciones.

Y es que votar en estas elecciones por la Derecha, porque la Izquierda no ha cumplido a cabalidad su promesa, sería como comer sal a puños porque el azúcar que tengo en la alacena no endulza suficiente. Sería como cortarme la nariz de un navajazo, porque en la punta se ha detenido una mosca. Sería explotar mi casa, porque la tubería zumba cuando pasa el agua.

Amlo sí es el viraje de un país de unos cuantos privilegiados a un país más igualitario. Sí es la aparición en las pantallas de nuevos rostros, muchos de ellos morenos y femeninos, y de nuevas opiniones. Sí es una inédita libertad de expresión. Sí es el cobro de impuestos a los billonarios. Sí es el aumento del salario mínimo en tres años consecutivos. Sí es la ayuda económica a 12% millones de los más pobres. Sí es un gabinete con mitad de mujeres. Sí es la legalización del sindicato de trabajadoras domésticas. Y sí es el desmantelamiento de un régimen neoliberal, extraordinariamente corrupto.

En suma, y repitiéndome, Amlo sí es un viraje hacia un mejor país.

Es acá donde mi interlocutor, o interlocutora, suele decirme con rostro contrito y sobándose entre sí las manos:

--Pero Amlo es Chávez. ¿O no, Sabina? Quiere ser un dictador en una sociedad comunista. ¿O no, Sabina?

Y es acá donde yo me quito el sombrero, figurativamente, ante nuestra Derecha tropical.

Prácticamente sin ninguna fundamento, nuestros intelectuales neoliberales han desplegado en nuestro país la narrativa de la Derecha del mundo que habla en español, con quien comparten amén de ideología, asesores electorales y publicistas, y han logrado introducir en la mente de muchas personas la equivalencia entre Amlo y Chávez.

A eso, suelo responder:

--No. Amlo no es Chávez. No quiere ser Chávez. No hay condiciones en México para que fuera Chávez.

No es verdad. Es propaganda.

Y suelo añadir:

--Y no entiendo por qué diablos el presidente no lo aclara, con todas sus letras.

Ojalá lo declarara en este último día previo a la votación. Ojalá reparara en que sí hay un número importante de electores atormentados por la probabilidad de que México se convierta en Venezuela, con la consecuente abolición de la propiedad y las libertades civiles.

Termino esta reflexión sobre el voto con un consejo al lector, a la lectora.

Decide tu voto basándote en lo real, no en los fantasmas de la paranoia. Y no votes en bloque.

Yo por mi parte votaré por los candidatos a diputados de Morena, para que las iniciativas de la Izquierda puedan seguir siendo aprobadas en el Congreso. Y no votaré por Morena en mi alcaldía, porque su candidata ya fue su alcalde, y no hizo nada por nuestra colonia, ni siquiera pararse en el parque a saludar a los paseantes.

Y lo principal, yo sí votaré sin miedo y con mucho entusiasmo contra los partidos que representan el pasado, además de forma tan truculenta: escondidos tras una paranoia inducida por publicistas y sin ninguna oferta para el país, excepto paralizarlo.

Comentarios