Opinión

¿Jefe o líder?

Catedráticos Ibero Puebla

Por: Mtra. Rocío Barragán de la Parra. La autora es académica de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Es común referirse al lugar de trabajo como el “segundo hogar”, esta frase refleja no sólo el tiempo de permanencia en el espacio laboral, sino el estado de las relaciones y el ambiente generado para alcanzar los objetivos propuestos por la organización y el fomento de la salud física, intelectual y emocional de quienes forman un equipo; todo ello sin duda impacta el desarrollo del proyecto de vida personal y profesional de cada uno de los colaboradores y la salud del área o la organización en torno al alcance de su rentabilidad, sustentabilidad y sostenibilidad.

Miles de personas viven a diario situaciones laborales complejas, ya que además de la organización del trabajo y las urgencias o “bomberazos” que pueden generarse, son grandes generados de estrés, otro factor clave es la calidad de relación que existe entre sus miembros, sobre todo entre las líneas de autoridad de directivos o jefes con empleados, compañeros y colaboradores.  Aunque existen diversos generadores de conflicto, malos entendidos y fricciones atribuibles a la encomienda de tareas y su ejecución; los problemas de comunicación y un jefe autoritario suelen ser dos situaciones comunes para originar temor, malestar, desconfianza o cualquier otro sentimiento o emoción negativa que repliega al equipo en la consecución de sus tareas.

La mirada del jefe o responsable del área o departamento es clave para fomentar espacios favorables o desfavorables para la integración, aceptación y compromiso del equipo. Este desafío está íntimamente vinculado a sus habilidades directivas para orientar y promover el desarrollo del equipo, la equidad en las relaciones y la consecución de los objetivos empresariales; por ello es clave comprender que jefe y líder, aunque se utilizan como sinónimos no lo son, pues en cada una de las acepciones subyacen las diferencias de enfoque en las personas y el trabajo, a continuación, algunas de éstas:

El jefe tradicional asume el mando y control del equipo unilateralmente, puede alcanzar los objetivos organizacionales, pero no necesariamente escucha y acompaña al equipo; mientras que el líder entiende como prioridad el servicio y la promoción de un equilibrado ambiente laboral que descansa en su capacidad para conjuntar la filosofía empresarial, su personalidad y la de cada miembro de su equipo.
Un jefe tradicional habla mucho y poco escucha o si lo hace no es con la apertura de comprender y entender al otro, su interacción tiene un cariz más reactivo, el líder escucha para comprender, pregunta más y hace cuestionamientos para ampliar su perspectiva y empatizar con el otro, expandiendo sus creencias y observaciones.
El jefe ordena mientras que el líder indaga y consensua.
El jefe controla procesos y personas porque en ello encuentra la manera de lograr las metas que se le plantean, difícilmente busca nuevas maneras de hacerlo y poco se arriesga ante procesos de innovación y cambio. El líder administra los procesos para lanzar desafíos que los colaboradores puedan alcanzar, los dosifica y acompaña a través de compromisos comunes.
La clave del trabajo para el jefe es la obtención de resultados a como dé lugar, para el líder la clave es trabajar con y para las personas, respetando los procesos y teniendo en mente el logro de objetivos y consecución de resultados.
El jefe privilegia el trabajo aún en las situaciones más complejas o difíciles, el líder anticipa el bienestar de las personas sin perder de vista el alcance de las metas, pero también el cuidado del otro, de su entorno y su contexto.
El jefe quiere/pide resultados y cuando no se alcanza o el trabajo se dificulta busca (y encuentra) culpables, el líder se enfoca en cómo lograr resultados identificando y ajustando los perfiles de su equipo, acompañando y delegando responsabilidades, así como validando los alcances.
Un jefe establece distancia física y de autoridad para validar su figura y su posición; clarifica cuál es su papel y cómo debe realizarse el trabajo. El líder hace contacto, guía, acompaña, asume riesgos y se involucra, lo suficientemente cercano para que el equipo lo perciba y con la distancia sana para evitar la miopía de taller o la ceguera en las relaciones establecidas.
El jefe privilegia el desarrollo del trabajo sobre las personas, el líder comprende que el trabajo es clave e importante porque además de los resultados, éste es un medio para impactar en el crecimiento y proyección de las personas, así que asume el rol de facilitador y acompañante.
Un líder es capaz de influir en el ánimo de las personas, promueve conductas que coadyuvan a la ejecución tanto de tareas comunes como de actividades extraordinarias, comparte genuinamente el interés y compromiso por el desarrollo de personas capaces de relacionarse mejor con su realidad, con su entorno y sus semejantes para que diariamente cumplan con su labor siendo capaces de autogestionarse, reconocerse y aprender.

Parece fácil, pero implica un compromiso profundo con uno mismo y con el otro, desprenderse de falsas concepciones sobre la autoridad y el liderazgo. Una forma de empezar a pensar en ello es analizar de qué manera construyes tus relaciones, ¿cómo líder o cómo jefe tradicional?

Comentarios