Opinión

Los Hades y sus calles manchadas de sangre

Héctor De Mauleón

El grupo ha tendido redes criminales en zonas del Estado de México, así como en municipios hidalguenses

13 de agosto de 2020. Los agentes de Seguridad Física de Pemex José Guadalupe Pacheco, Leopoldo Felipe Guerrero, Óscar Valentín Reyes y Eugenio Cruz Mora se despidieron de sus familias por última vez.

A bordo de una camioneta de la subdirección de Salvaguardia Estratégica iniciaron un patrullaje de vigilancia en los ductos de Pemex cercanos a la comunidad de Cazadero, en San Juan del Río, Querétaro.

Esa madrugada fueron emboscados y rafagueados con armas de alto poder por los tripulantes de varias camionetas.

Encontraron sus cuerpos, tendidos unos a un lado del vehículo de Pemex, y otros doblados sobre la batea. Habían intentado responder el fuego, pero se vieron superados.

Sus asesinos les quitaron las armas, cuatro cortas y cuatro largas, y desaparecieron con rumbo a Huichapan, Hidalgo.

Los atacantes fueron identificados como miembros del grupo criminal conocido como Los Hades, los mismos que meses antes habían intentado rescatar a dos hombres detenidos en posesión de armas, y habían abierto fuego contra policías estatales, hiriendo de gravedad a dos de ellos.

A partir de 2018, el grupo conocido como Los Hades, La Nueva Empresa o El Cártel de Palmillas ha logrado consolidar un rosario de actividades criminales precisamente en Palmillas, Querétaro, y ha tendido redes criminales en zonas del Estado de México, así como en los municipios hidalguenses de Huichapan, Nopala, Tecozautla, Zimapán, Tasquillo e Ixmiquilpan.

En su lista de delitos figuran el robo de hidrocarburos, el narcomenudeo, el tráfico de drogas, el secuestro y el asalto, según reportes de actividad delincuencial elaborados por los gobiernos de Querétaro e Hidalgo.

En abril de 2019 fue ejecutado Biliulfo Garfías Arreola, El Tito o El Michoacano, líder de una célula de huachicoleros y narcomenudistas que operaba en los límites del Edomex, Querétaro e Hidalgo.

El Tito mantenía una sangrienta pugna con el grupo encabezado por Francisco Cruz Pérez, alias El Hijín. Ambos buscaban controlar la ciudad de Ixmiquilpan: una “plaza” estratégica para el movimiento de drogas e hidrocarburos entre los estados de Querétaro e Hidalgo.

Tras la ejecución del Tito, un sobrino de este, Ulises García Garfias, conocido como El Pollo, quedó a cargo de la célula.

Según las autoridades esa célula no tardó en ser absorbida por Los Hades: Orlando Medina Velázquez, El Fénix, y Salvador Reséndiz Hernández, El Rex.

Entre julio y septiembre de 2019 se reportaron 23 ejecuciones en Ixmiquilpan, el municipio más violento de Hidalgo. Los criminales cazaron a sus víctimas en las calles, dentro de sus propias casas, en el interior de diversos negocios e incluso a un costado del río Tula, en Paseo de los Sabinos.

Los asesinatos hicieron de 2019 el año más violento para el estado y siguieron tiñendo de rojo las calles de diez municipios a lo largo de 2020.

Mientras estallaban los escándalos alrededor de dos alcaldes presuntamente involucrados con Los Hades, Pascual Charrez y Erick Monte Rivera, de Ixmiquilpan y Zimapán, respectivamente, las agencias de seguridad lograron determinar que el grupo criminal se hallaba conformado por cinco células a cuyo cargo se encuentra, entre otras actividades, la venta de de gas LP extraído de forma ilegal a empresas gaseras de Querétaro y el Edomex.

Según un reporte consultado por el columnista, entre estas empresas se encuentran Pol Gas, Gas Imperial, Mexicana de Gas, Gas y Servicios, Gas Capital, Gas Chapultepec, Grupo Centurión, Sega y Gas Expres Nieto Servicio.

El reporte enlista también a Reyy Gas, Ultra Gas, Soni Gas, Prende Gas y Gas Multiregional.

En noviembre del año pasado hubo una fractura en la cúpula: El Rex y El Fénix se separaron, según reportan las autoridades. A partir de esa fractura se han registrado ejecuciones debidas “a la disputa por el dominio de la zona”. El Rex y El Fénix crecieron en el mundo criminal en unos años. Hoy se hallaban entre los objetivos prioritarios en Querétaro e Hidalgo: son fruto de una estrategia que dejó de perseguir el crimen sin darle a los ciudadanos nada a cambio.

O tal vez sí. Miedo, inseguridad y calles manchadas de sangre.

@hdemauleon
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