Oscar Tendero

El aliento de Mao

Claves del Mundo

12/05/2026 |17:40
Oscar Tendero
Colaborador del El Universal PueblaVer perfil

Fétido. Irrespirable. Te daba naúseas y arcadas si estabas a menos de cuatro metros de su persona. Así lo narró el propio presidente de Estados Unidos, Richard Nixon en su autobiografía “The Memoirs of Richard Nixon”, en lo que tal vez fue uno de los dos o tres puntos de inflexión, de la geopolítica internacional, más torales de la segunda mitad del siglo XX.

Lo que, al principio fue congoja y miedo del mandatario norteamericano por tener el primer encuentro bilateral con quien llevaba dominando China -con puño de hierro- desde hacía casi 30 años, el presidente de la república, Mao Zedong, acabó produciendo asco porque el mandatario oriental hacia gala de no bañarse y de no lavarse los dientes. Desde hacía ….años.

En cualquier caso aquel viaje de Richard “El Tramposo” Nixon- no olvidemos que su orden de espionaje en el famoso Watergate, le costó la presidencia, vía dimisión, en 1974- supuso la apertura del gigante asiático al escenario internacional.

Han transcurrido ya 50 años desde aquel encuentro de febrero de 1972 en el que Estados Unidos reconoció a China y a Mao, como mandatario de toda la región, incluido Taiwán. Años después Estados Unidos reconocería a Pekín, y no ya a Taipéi, como capital para una interlocución eficiente. Atrás quedaban décadas de cruenta guerra civil china, con la derrota del líder nacionalista Chiang Kai Shek y su posterior exilio a la mencionada isla.

Ahora bien, en qué contexto su sitúa la actual cumbre bilateral, que se va a llevar a cabo los siguientes tres días en Pekín, en la que otro presidente republicano, esta vez Donald Trump, se verá las caras con su homólogo Xi Jinping?

Para bien o para mal Xi y Trump llevan imponiendo condiciones en sus respectivos países-imperios, desde hace más de 10 años -con el paréntesis de los 4 años del presidente Joe Biden-. Son 2 de los 3 grandes actores de la geopolítica internacional. El tercero es Vladimir Putin, en Rusia.

Las expectativas de esta cumbre se centran en poder prolongar la débil tregua, en la permanente guerra comercial que protagonizan ambos colosos, sellada el pasado octubre 2025, en Corea del Sur. No será fácil. Y no lo va a ser porque, a diferencia del pasado año, Estados Unidos llega a este encuentro en una posición de ostensible debilidad. ¿En qué sentido? En la inteligencia de que la administración que preside Trump ha atacado, en los últimos meses, a dos históricos aliados de China: Venezuela e Irán. Y esos dos acontecimientos, sobre todo el segundo, se le están revertiendo.

Especialmente compleja es la guerra que norteamericanos e israelíes mantienen contra la nación persa desde el pasado 28 de febrero. Compleja porque Teherán es el principal proveedor de petróleo del gigante asiático. Por tanto el bloqueo del manido estrecho de Ormuz no solo afecta al bolsillo de los consumidores del hemisferio occidental sino también a los del país asiático. La enorme diferencia reside en que Donald Trump cabalga hacia unos inciertos comicios de medio término, en noviembre de este 2026, con exiguo índice de aprobación del 35%. Mientras que el señor Xi Jinping no pasa por las urnas desde nunca -lleva ostentando el poder desde 2013-, como cualquier dirigente comunista chino que se precie.

Por tanto la posición de debilidad de Donald Trump, para sentarse en la mesa de negociación y pedir la intermediación de China, en el conflicto con Irán, es más que notoria.

¿Consecuencias previsibles? Probablemente cierta relajación -por debajo del agua, eso sí- de la entrada de productos chinos en el continente americano -con relativa exención de impuestos- y una mayor extensión de dominio geo-político y militar del gobierno que preside Xi Jinping, sobre el Mar de China y sobre Taiwán.

Aministía Internacional y Human Rights Watch pueden esperar sentados mientras sus reivindicaciones sobre la ausencia de derechos laborales y humanos en el país asiático, duermen el sueño de los justos. Tampoco será en esta ocasión que se den los primeros pasos para que China se convierta en una democracia.