Y cayó. Casi sin llamar la atención. Sin poder arengar, una vez más, a su pueblo para confrontar, según su visión, al demonio imperialista norteamericano y al diabólico gobierno sionista presidido por Netanyahu. Sin proclamar una última diatriba. A sus 86 años y después de casi cuatro décadas de ostentar la bandera de la teocracia en Irán, el líder supremo religioso, el jefe de estado de la república de Irán, el ayatolá, Alí Hoseiní Jameneí, era eliminado, el pasado sábado 28 de febrero, en una operación militar conjunta entre las fuerzas armadas de Estados Unidos y las de Israel.

La caída de Jameneí, sucesor en 1989 del líder de la revolución iraní de 1978-79, Ruhollah Jomeiní, es especialmente significativa ya que durante estas décadas se había manifestado, de forma especialmente beligerante en contra de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos de Israel. Tras este deceso, ¿Quién queda al frente del poder en Irán? Sin duda el actual presidente Masoud Pezeshkian, respaldado por el ayatolá Alireza Arafi -uno de los 6 principales ayatolás y miembro del famoso Consejo de los Guardianes- y por el jefe de la judicatura, Gholam Hossein, principal represor de la población opositora iraní en los últimos meses.

La gran duda es poder testar cuál es la capacidad militar, en estos momentos, del país persa y cuál es la adhesión al régimen del la Guardia Revolucionaria, principal brazo armado de la teocracia. De momento Rusia y China, históricos padrinos de Irán, se están poniendo de perfil, con condenas francamente tibias.

Ahora bien, ¿Por qué Israel y Estados Unidos atacan ahora? En esencia porque el ataque que llevaron a cabo los norteamericanos, hace meses, con el objetivo de destruir las bases de desarrollo nuclear, quedó claramente inconcluso. Y este hecho, la posibilidad de que Irán adquiera y desarrolle armamento nuclear, es lo que Israel considera como una potencial y clara amenaza que atenta contra su propia supervivencia como nación.

Por su parte Estados Unidos intenta hacer todo lo posible para acabar con el régimen iraní buscando eliminar a su gran enemigo en Oriente Próximo. Para ello necesita que la población iraní se levante contra los líderes de esta teocracia y ponga al mando -tal vez- al hijo del antiguo sha de Persia, Mohammad Reza Pahlevi. Y, por tanto, Irán pase de ser enemigo a potencial aliado.

Porque lo que queda muy claro es que, tras los dolorosos aprendizajes de Afganistán e Irak, lo que el propio pueblo norteamericano no le permitiría, de ninguna manera, a Donald Trump, sería una invasión terrestre que, sin duda, costaría la vida de muchos jóvenes norteamericanos. Nadie quiere otro Vietnam y, menos que nadie, todo el movimiento MAGA (Make America Great Again) que recuerda bien, que el actual presidente prometió, en campaña, no enfrascarse en conflictos en política exterior, para concentrarse, mejor, en elevar la calidad de vida de los estadounidenses.

Mientras, la crisis económica ya está en puertas. Cientos de vuelos cancelados, reservas de hoteles demoradas sine die y un estrecho de Ormuz -por donde pasa el 20% del comercio mundial, sobre todo de hidrocarburos- bloqueado por la guardia revolucionaria.

Y, finalmente, la pregunta que todos nos hacemos ahora es: ¿Se abrió la caja de pandora? ¿Será este el comienzo de una conflagración internacional, que involucre a decenas de países y de resolución absolutamente incierta? Las siguientes semanas serán decisivas en este sentido.

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