Le sobra imaginación. Le sobra energía. Y entiende, Donald Trump, que si ningún presidente o país se atreve -porque respetan “detalles menores”, para Trump claro, como son las leyes o los organismos internacionales- él sí lo hará. Sí tomará el mundo en sus manos y reescribirá las reglas de la geopolítica internacional.

Tiene unas semanas que, en el contexto del Foro de Davos (Suiza), el presidente de Estados Unidos pergueñó la llamada Junta de Paz, organización privada destinada a «promover la estabilidad, restaurar un gobierno confiable y legítimo, y asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por conflictos». Esa es la definición. Pero claro, lo que no aparece en su descripción nominal son los 2 principales objetivos de la misma:

1.-Sustituir, paulatinamente, las funciones de la ONU (Organización de Naciones Unidas) que lleva intentando, desde 1945, reducir los conflictos bélicos en el mundo.

2.- Coadyuvar a engordar la fortuna personal de Donald Trump ya que, para ingresar en este selecto grupo, hay que abonar la escandalosa cifra de 1.000 millones de dólares.

¿Cuánto hay de negocio y cuánto hay de megalomanía? Difícil saberlo cuando hablamos de Donald Trump. Lo que sí tenemos claro es que el hecho de no recibir el Nobel de la Paz en la pasada edición -pese a que Corina Machado le regalara la presea, y pese a que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, le rindiera pleitesía, poco después, de forma vergonzosa- ha pesado más de lo que cabría suponer.

El caso es que, rápido, sus correligionarios de extrema derecha, como por ejemplo, el presidente argentino Javier Millei, el primer ministro húngaro, Víktor Orban, el presidente de Paraguay, Santiago Peña o el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se subieron al barco de la nueva ocurrencia de Trump. Tampoco le hicieron ascos otros presidentes autócratas, que implementan flamantes dictaduras en sus respetivos países- como es el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, o el presidente de Bielorusia, Aleksandr Lukasheko.

El freno de mano llegó desde las principales potencias de la Unión Europea, Alemania, Francia y España. La premier de Italia, Giorgia Meloni, se lo está pensando. Llamó poderosamente la atención, en cambio, el “no” rotundo del otrora brazo derecho de la política exterior de Estados Unidos, Reino Unido, y su primer ministro Keir Starmer.

Por tanto, ¿Cuál será el recorrido de esta Junta de Paz? Depende de lo que quiera hacer Donald Trumpo con ella y de si le va a servir o no para alcanzar sus objetivos. Y estos parecen ser muy claros: seguir repartiéndose el mundo, bajo la fórmula de las áreas de injerencia, con Rusia ambicionando Europa del Este, China haciendo lo propio con todo el sudeste asiático, y Estados Unidos anhelando todo el continente americano (doctrina Monroe).

Y es que, en el fondo, Trump no admite que nadie le haga sombra en el foro mediático internacional. Sin duda, la intervención -en Davos- del primer ministro de Canadá, Mark Carney, apelando a volver a revitalizar las instituciones que defienden el derecho y el orden internacionales dolió demasiado y dañó el inmenso ego del mandatario estadounidense.

Google News