Oscar Tendero

La cabeza de Biden

Claves del Mundo

30/07/2026 |14:59
Oscar Tendero
Colaborador del El Universal PueblaVer perfil

Era normal. Tenía que acabar pasando y, sobre todo, sabiéndose. Es decir, en algunas sillas importantes de la geopolítica internacional ha habido y hay presidentes que tienen sus capacidades mentales y cognitivas seriamente mermadas. Es el caso del ex presidente de Estados Unidos Joe Biden, quien sale a la palestra por unas declaraciones, unos fragmentos de audio, publicados en las últimas horas por el proyecto de derecha Oversight Project y ampliados por la cadena CNN.

En estos audios, que se basan en una plática de ex presidente Joe Biden con su biógrafo, Mark Lewis Zwonitzer, se confirma la sospecha del informe emitido, en 2024, por el ex fiscal especial, Robert Hur, quien aseguró que Biden reveló material clasificado, tenía problemas de memoria y siguió poseyendo ese tipo de documentación después de ser vicepresidente de Barack Obama.

La importancia de estas filtraciones radica en que el ex presidente Joe Biden ya tenía problemas de memoria, cognitivos, desde sus tiempos de vicepresidente – en el periodo 2009-2017- mismos que se agudizaron en su etapa como presidente, de 2021 a 2024. Es decir, el jefe del ejecutivo del país más importante del mundo no ejerció tan importante cargo con plenitud de facultades mentales.

Y esto nos lleva a preguntarnos si estos estadistas deberían siquiera ser considerados, por sus partidos, para presentarse a cargos públicos de altísima responsabilidad. Porque, finalmente, si no están en plena capacidad mental, si padecen alguna enfermedad cognitiva o mental seria -alzheimer, demencia senil, parkinson etc…- no solo sus decisiones o acciones puede acabar siendo perjudiciales para millones de ciudadanos, sino que, además, no podrían ser juzgados en toda la extensión de los téntaculos de la ley precisamente por no tener capacidad mental o cognitiva completa.

Al mismo Joe Biden este tema le costó su reelección y más que probable segundo mandato como presidente de Estados Unidos. En la primavera de 2024, tras una entrevista y, después, en el mismo foro de una reunión del G-7, el mundo pudo constatar que Biden no estaba bien. Rápido el candidato republicano Donald Trump – quien buscaba un segundo mandato- hizo sangre y enfatizó la posible senectud de Biden. A marchas forzadas el partido demócrata buscó una candidata alternativa optando por la vicepresidenta Kamala Harris. Nada, ya era tarde. Trump arrasó en las elecciones de noviembre 2024.

Biden no ha sido el único. El ex presidente estadounidense Richard Nixon fue exhibido por el periodista David Frost y acabó confesando su implicación en el famoso caso Watergate -mismo que le costó su dimisión en su segundo mandato-. Otro republicano, Ronald Reagan, quien también fue presidente en los años 80 del siglo XX, ejerció su cargo -en los últimos 3 años- con altos grados de alzheimer, tal y como aseveró su viuda, Nancy, años después en un libro de memorias.

Ilustres estadistas del siglo XX, como por ejemplo el presidente francés Charles de Gaulle, y el primer ministro británico, Winston Churchill, pasaron por procesos parecidos.

Nuestra actualidad política está sembrada de líderes que sobrepasan, ampliamente, los 70 años de edad, como es el caso de Xi Jinping, Vladimir Putin, Benajamin Netanyahu, Lula Da Silva o el mismo Donald Trump, que ya cumplió los 80 años. El problema no es la edad que, obviamente, es una virtud a efectos de la experiencia atesorada. Lo grave es la ocultación del estado de salud de estos dignatarios que no transparentan la misma y que pueden tomar decisiones muy erráticas que afectan a millones de personas. Y, lo peor, su estado mental, puede acabar eximiéndoles de posibles futuros procesos judiciales. Qué vértigo y qué miedo.