Oscar Tendero

La Invasión

Claves del Mundo

04/08/2026 |09:55
Oscar Tendero
Colaborador del El Universal PueblaVer perfil

Podríamos utilizar otras palabras. Más suaves. Más políticamente correctas, pues. Pero, lo cierto es que lo que ocurrió la semana pasada en Ceuta fue un intento -intento, eso sí- de invasión del territorio español por parte de decenas de marroquíes. Sesenta mil para ser más exactos. En su mayoría jóvenes y hombres quienes se lanzaron al mar, desde playas del norte de Marruecos, para entrar, a nado en Ceuta. En territorio español. En Europa, claro.

Ceuta -al igual que Melilla- es una plaza española que cuenta con 80 mil habitantes. Ciudad española desde hace varios siglos, situada en el norte de Marruecos. Lo primero que habría que preguntarse es ¿Por qué? ¿Por qué varias decenas de miles de jóvenes se lanzan a nadar -provistos de aletas y, algunos de ellos, de trajes de neopreno- para ingresar, de forma irregular, en un país miembro de la Unión Europea?

La primera respuesta es la decisión del máximo órgano judicial de España, el Tribunal Supremo, que estableció -hace apenas una semanas- que los inmigrantes que ingresen a España a nado – esto es, sin violentar una frontera física- no pueden ser devueltos -por ley- de forma automática a sus países de origen. A partir de esta disposición jurídica, estos inmigrantes pasarán por un proceso judicial que, en muchas ocasiones, desembocará en la regularización de los mismos.

Esto, sin duda, provocó un efecto llamada que fue aprovechado por las mafias para activar a todos estos jóvenes. Curiosamente, los ciudadanos ceutíes aterrados por el intento de invasión cerraron sus tiendas y comercios -por miedo a sufrir saqueos- de tal suerte que muchos de esos 60 mil jóvenes -se calcula que 50 mil- regresaron a Marruecos en los dos días siguientes, al no tener qué comer, ni donde dormir, ni siquiera donde hacer sus necesidades. Obviamente los albergues destinados a los inmigrantes estaban totalmente colapsados y desbordados.

Lo más trágico, indudablemente, los casi 100 jóvenes que perdieron la vida en la travesía a nado. Dato dramático que no parece sensibilizar demasiado a quien está detrás de este intento de invasión: el rey de Marruecos, Mohamed VI. No es la primera vez ni será la última. El rey norteafricano lleva varios años midiendo la respuesta de los sucesivos gobiernos españoles a estos órdagos. En este caso, la réplica del presidente de España, Pedro Sánchez, fue todo lo tibia que cabría esperar de quien preside un gobierno debilitado y con pocos apoyos.

Mohamed VI -que nunca ha dado muestras claras de querer democratizar el país que preside, ni de llevar a cabo un plan económico serio que saque a la mitad la población de Marruecos de la miseria en la que malvive- aprendió, de niño, de su padre, el rey Hassan II. Fue Hassan quien en 1975, lanzó a casi 400 mil civiles a invadir el Sahara Occidental -en aquellos años bajo control, todavía de España- logrando, bajo política de hechos consumados -con una cabeza del estado español, el dictador Franscisco Franco, que agonizaba en cama- adueñarse de este territorio.

Perdía así España una de sus últimas posesiones en el norte de Africa y constataba que, pese a ser aliado de Estados Unidos, en el marco de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), los norteamericanos preferían jugar del lado de Marruecos para frenar el auge de Argelia -histórico enemigo regional de Marruecos y aliado de la URSS, hoy Rusia-. En esta ocasión no solo se sospecha que el intento de invasión contó con el visto bueno de la administración Trump, sino también con el ok del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.

A pocos días de este suceso, las primeras consecuencias ya se han dejado sentir. Italia, con su primera ministra Giorgia Meloni a la cabeza, ya ha suspendido, temporalmente la libre circulación de personas, del acuerdo Shengen, entre Italia y España.

Y mientras Mohamed VI, Pedro Sánchez, Meloni, Trump y Netanyahu juegan a la alta geopolítica, muchas familias lloran a casi un centenar de jóvenes que solo querían un futuro más prometedor. No se ve la solución a este enorme problema que tiene Europa. Y no se ve pronto. Demasiados intereses en juego. Una vez más.