Lo lograron. Los españoles lo lograron. Desplegando un futbol sobrio, elegante y ordenado. Sin grandes estrellas. Sin tener entre sus filas a ningún jugador excesivamente mediático -tal vez Lamine Yamal-. Con precisión, teniendo unos altísimos porcentajes de posesión de balón y un juego pulcro y con bastante fair play. Y un dato sólido y contundente: encajando un solo gol en 8 partidos. Uno solo.
España es, por segunda vez, campeona del mundo. Segunda estrella en el pecho, lograda al vencer, en una final apasionante, a la Argentina de Lionel Messi. Casi nada. Los dirigidos por Luis de la Fuente anularon a la escuadra albiceleste merced a un dominio absoluto de todas las facetas del juego. Esencialmente gracias al control total del centro del campo. El lugar donde el medio de contención, Rodri, tomó la batuta y marcó el ritmo de las ofensivas ibéricas. El lugar donde se deciden los partidos. Y ese monopolio del balón provocó que ni Messi ni sus escuderos -Mac Allister, De Paul, Fernández- tuvieran apenas contacto con el esférico.
Y para muestra un botón. En los 90 minutos de juego regular, Argentina no chutó a la portería de los españoles ni una sola vez. Ni una. El encuentro se fue a tiempos a extras. Y, al filo del minuto 106, el delantero del Barcelona, Ferrán Torres subió, con un disparo certero, el 1-0 al marcador.
A partir de ahí Argentina apretó, Messi se activó, pero ya sin tiempo para la reacción. En el post-partido algunas escenas del mal perder de la escuadra suramericana, con Leandro Paredes a la cabeza, afearon un poco el fair play. No pasó a mayores gracias, entre otros, al director técnico de Argentina, Lionel Scaloni, quien puso la cordura y el saber estar necesarios.
Justa victoria de la selección española que recibió, paralelamente a la Copa del Mundo, los trofeos de mejor jugador joven -Pau Cubarsí-, mejor arquero -Unai Simón- y mejor jugador del torneo -Rodrigo Hernández-.
Nada fácil la senda del equipo ibérico para alcanzar este segundo entorchado -el primero fue en Sudáfrica 2010-. Sobre las cenizas de aquella flamante selección que contaba en sus filas con Casillas, Xavi Hernández, Iniesta, Villa, Puyol o Ramos, el actual seleccionador, Luis de la Fuente, fue construyendo un equipo de jugadores muy jóvenes donde el requisito más importante para ser seleccionado no ha sido otro que ser buena persona. Calidad futbolística y persona de bien. Eso es lo que le pide Luis de la Fuente a sus pupilos.
Con esa filosofía han conquistado una UEFA Nations League en 2023, una Eurocopa en 2024 y ahora una Copa del Mundo en 2026. La alegría de los españoles es la tristeza de los argentinos. Una selección, la albiceleste, que puede estar muy orgullosa de haber estado en 3 de las últimas 4 finales del mundial de futbol, habiendo ganado 1 titulo y perdido otros 2. Singladura para estar muy orgullosos y digna despedida para Lionel Messi quien, con seis Copas del Mundo a la espalda, deja atrás 22 años en la élite del futbol mundial. Muy probablemente el mejor jugador de todos los tiempos y, con toda seguridad, el futbolista que más años se ha mantenido en lo más alto de futbol de exigencia máxima.
Adiós a este Mundial 2026 en el que México dio una excelente imagen de país anfitrión dejando, además, una esperanza de un futuro muy promisorio para las siguientes citas mundialistas. El siguiente mundial, en 2030, recibirá a los amantes del balompié en Portugal, Marruecos y España.
Que ruede el balón.