Resbalón, batacazo, violento golpe. Y vaya que hay términos mucho más contundentes -aunque un poco más groseros, sin duda- para definir, lo que le ha ocurrido al señor Trump, y a todo su movimiento el pasado martes.
Los norteamericanos se lanzaron en tromba a las urnas, en las elecciones de medio término, y propinaron una muy severa derrota a todo el movimiento que encabeza el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Se preveía una ligera derrota, pero lo de esta semana fue una soberana golpiza que ha dejado a los líderes del MAGA (Make America Great Again), sangrando y en la lona.
El partido demócrata se hizo con el control del congreso y de senado. El mapa de las gubernaturas se tiño de azul logrando importantes victorias en estados tradicionalmente republicanos como Carolina del Sur. Florida siguió en manos de los republicanos que no pudieron evitar el desasosiego de perder su joya de la corona: el estado sureño de Texas. Tenía más de cuarenta años que Texas era republicano, pero esta vez el estado de la estrella solitaria se tiño de azul. Azul latino porque los ciudadanos dieron la victoria a Gina Hinojosa, de ascendencia mexicana.
Azul demócrata como también lo era el famoso gobernador John Connally, que acompañaba a JKF, aquel fatídico 22 de noviembre de 1963, y que sufrió heridas de bala mientras que el presidente de Estados Unidos era asesinado.
California – estado muy importante y que siempre vota demócrata, al igual que Nueva York- votó también azul latino, llevando a la silla de gobierno a Xavier Becerra.
La derrota fue, pues, muy contundente y sin paliativos. Enseguida el vicepresidente JD Vance se apresuró a buscar una justificación sólida. Afirmó que la intervención militar contra Irán había sido un serio error. Trump también se subió a esa narrativa, horas después.
Pero, en el fondo, no fue esa guerra -con ser un tema francamente impopular- el principal problema. La desatención a la economía del norteamericano promedio -muchos de ellos votantes fieles de Trump-, así como la persecución por parte de los agentes ICE -de un alto porcentaje de miembros de la comunidad latina- están en el germen de millones de norteamericanos que le dieron la espalda a quien habían votado tan solo 2 años antes.
Lo del martes pasado era el tercer episodio de una semana catastrófica para los intereses de Donald Trump. Derrota de Flavio Bolsonaro frente a Lula Da Silva – por tanto tercer gran país junto con México y Canadá, que escapa de sus tentáculos-, victoria por la mínima de Benjamin Netanyahu en Brasil, y derrota del trumpismo en las elecciones de medio término.
Difícil papeleta va a tener la administración de Trump para gobernar en los siguientes dos años. Muchas iniciativas ejecutivas quedarán varadas en el congreso y en el senado. Atado de manos.
En cuanto a nosotros, a México, la derrota de Trump debe de ser una buena noticia. Se espera que aminore la presión migratoria. Y, desde luego, se contempla, una más fructífera renegociación del acuerdo comercial de T-MEC. Ojalá sea así.