La respuesta del exvocero presidencial y actual coordinador de Asesores de la presidenta Sheinbaum, Jesús Ramírez Cuevas, a las graves acusaciones que le hacen en el libro de su excompañero de gabinete, Julio Scherer, confirma el cisma en el movimiento lopezobradorista porque dos de los que fueron de los hombres más cercanos del expresidente López Obrador, se acusan mutuamente de delitos relacionados con la corrupción y hasta vínculos con actividades criminales como el huachicol.

Mientras Scherer sostiene en su libro “Ni venganza ni perdón” que Ramírez Cuevas está señalado en expedientes judiciales de los Estados Unidos por su vínculo cercano con el empresario huachicolero Sergio Carmona Angulo, al que él habría introducido y presentado con el presidente López Obrador y con el dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, para que se convirtiera en el financiero de las campañas morenistas en varios estados del país y les diera dinero ilícito a los candidatos morenistas a alcaldes, diputados locales y federales, y hasta a gobernadores; el exvocero presidencial acusa al exconsejero jurídico de la Presidencia de ser “un abogado que salió del gobierno en medio de señalamientos de tráfico de influencia y de extorsión”.

Curiosamente, en su respuesta pública en la que se cura en salud y se presenta como un “convencido luchador de la izquierda” que niega tener vínculos con delincuentes, Ramírez Cuevas exige pruebas, algo que él tampoco presenta nunca en sus señalamientos ahora contra Scherer y antes, en el sexenio anterior, en sus campañas negras y denostativas contra periodistas críticos del régimen. Pero al mismo tiempo que niega la existencia de una “guerra civil” al interior de la 4T, el funcionario de la Presidencia de la República acusa que “el libelo comentado” de su excompañero de gobierno “es un intento de ataque en contra del movimiento” y contra el expresidente López Obrador y la presidenta Sheinbaum. ¿Y entonces, hay o no una guerra intestina en el movimiento que gobierna?

No es casual, ni menor que dos de los que fueron consejeros cercanos de López Obrador, ambos con una notable influencia en el entonces presidente, Jesús como ideólogo y envenenador contra los medios y la crítica, y Julio como consejero y operador en la parte política y en su relación con el Poder Judicial de la Federación, hoy se estén enfrentando públicamente con acusaciones y señalamientos de tanta gravedad que en ambos casos suponen conductas antiéticas y hasta delictivas. ¿Qué dice eso del gobierno del expresidente y de la podredumbre y corrupción de la que se acusa a la 4T?

Está claro que, en medio de las tensiones y presiones de Estados Unidos, con la existencia de investigaciones y seguimientos judiciales en el vecino país en contra de connotados integrantes del morenismo y de la 4T, y con la disputa por las candidaturas en 2027 y los reacomodos que ha empezado a hacer la presidenta Sheinbaum en contra de cercanos al expresidente, las fracturas y rompimientos que ya existen al interior del régimen gobernante están empezando a aflorar y amenazan con desestabilizar al partido gobernante.

Al final empieza a ocurrir lo que siempre se dijo: que a falta de una oposición real y contrapesos en el inmenso poder que han acumulado, las tribus y los grupos políticos de Morena terminarán por convertirse en opositores de su propio movimiento y romperán la supuesta “unidad del movimiento” que se pregona en el discurso.

Por lo pronto, a todo lo que se ha exhibido, publicado y evidenciado de las fallas, negligencias, corrupción, complicidades y enriquecimiento por inversiones millonarias en obras faraónicas que no funcionan y le cuestan millonadas a los mexicanos, se suma ahora esta guerra de acusaciones entre dos de los exfuncionarios más cercanos y de confianza del expresidente, que aparece de fondo como el que permitió y toleró de todo lo que se acusan hoy sus exasesores.

NOTAS INDISCRETAS…

Por cierto, dice Ramírez Cuevas en su autoelogiosa y autoexculpatoria carta pública que él nunca financió medios de comunicación ni páginas y que tampoco sembró preguntas ni respuestas porque “creo en la libertad de expresión”. Pues que explique entonces porque hay empresarios y consultores políticos y de comunicación que dicen haber pagado hasta 200 mil pesos para que en las mañaneras de López Obrador se hiciera una pregunta específica al presidente, o que explique de dónde salieron los recursos pagados a youtubers e influencers afines y propagandistas de la 4T que recibieron contratos y recursos públicos para montar sus sitios y páginas que recibían publicidad oficial. Y ya de paso, si se dice tan defensor de la libertad de expresión, que empiece por explicar su campaña de desprestigio, ataque y estigmatización de medios y periodistas críticos, con la que envenenaba todas las mañanas al presidente (con sus “tarjetas informativas” que según dice su excompañero de gabinete Scherer, le presentaba todas las mañanas a López Obrador, mientras le susurraba al oído su propia versión e interpretación de lo que escribían columnistas y periodistas críticos) y hacía que todos los días de su gobierno, sin excepción, el primer mandatario del país se dedicara a atacar y a denostar a medios críticos, a sus directivos y a periodistas y columnistas. Si eso es “defender la libertad de expresión”, señor Ramírez, qué equivocados están los principios éticos que usted dice tener…Los dados no dudan. Acecha la Serpiente.

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