Entre los “halcones” del gobierno de los Estados Unidos circulan comentarios que afirman que a la presidenta Claudia Sheinbaum se le está configurando en México un escenario similar al que se dio en Venezuela, en el que va a tener que decidir si cumple con las exigencias de Donald Trump, de entregar a destacados lopezobradoristas que, según Washington, están vinculados o protegen intereses de los cárteles de la droga y con ello rompe o traiciona a su jefe político, el expresidente López Obrador, o se expone a que Trump dé la orden de comenzar los ataques terrestres contra los capos mexicanos.

Incluso, de acuerdo con fuentes diplomáticas estadounidenses, en algunas agencias y secretarías del gabinete de Trump se empiezan a referir a la mandataria mexicana como la “Delcy” de México, en alusión a la decisión que tomó la actual presidenta de Venezuela, que pactó con Trump a costa de traicionar a su jefe político, Nicolás Maduro, y a los jefes del chavismo venezolano, a cambio de evitar una invasión del Ejército estadounidense y conducir al régimen de Caracas a una transición política y democrática.

Eso resume la visión de Washington sobre el momento tan tenso y delicado que atraviesa la relación con México, que, muy lejos de la narrativa presidencial de que “todo está muy bien” y que su plática de 15 minutos “fue cortés”, se acerca a un punto de definiciones por el ultimátum, con todo y fecha, que Trump le pondrá a México en la próxima reunión del Grupo de Alto Nivel en Seguridad, que tendrá lugar el jueves 15 de enero en la capital estadounidense.

De acuerdo con las fuentes, en ese encuentro se planteará la solicitud que ha hecho en reiteradas ocasiones el secretario de Estado, Marco Rubio, para que el gobierno de Sheinbaum investigue, enjuicie y eventualmente entregue a Estados Unidos a varios políticos mexicanos a los que señalan de “proteger el narcoterrorismo” de los cárteles de la droga.

Y aunque en el gobierno de México niegan que les hayan entregado alguna “lista de narcopolíticos” (aunque sí aceptan que en varias ocasiones les han pedido verbalmente que entreguen a políticos vinculados al narcotráfico), son insistentes las versiones de que sí existe esa lista y que en ella hay nombres de varios gobernadores de Morena (desde las dos Bajas hasta Sonora, Sinaloa y Nayarit, además de otros estados como Michoacán, Oaxaca, Tamaulipas) y otros de congresistas, militares y alcaldes, de este y del pasado sexenio, que serían señalados y solicitados por el gobierno estadounidense.

En esa “lista” que confirman las fuentes estadounidenses, están peticiones específicas de la DEA que solicitan a exfuncionarios del pasado sexenio, que van desde el director de la Comisión Nacional de Inteligencia, Audomaro Martínez, hasta el exsecretario de Marina, Rafael Ojeda Durán, e incluso mencionan el nombre del exsecretario de la Defensa Nacional de Peña Nieto, el general Cienfuegos, quien detenido y encarcelado en Estados Unidos el 16 de Octubre, y regresado a México por petición directa del presidente López Obrador, bajo el compromiso de que la Fiscalía General de la República continuaría el juicio que le pretendían abrir en el vecino país por presuntos vínculos con el narcotráfico.

Otros nombres que mencionan las fuentes como integrantes de la lista de narcopolíticos estadounidenses también incluye a un gobernador del PRI, el de Durango, Esteban Villegas Villareal, a quien acusan de proteger al Cártel de los Cabrera; además de actuales senadores de la República, uno de Sinaloa y otro de Tabasco, a los que vinculan a la protección del Cártel de Sinaloa y en el negocio ilícito del huachicol fiscal, junto con el nombre de un exdirector de las Aduanas Nacionales, un secretario del gabinete de Claudia Sheinbaum.

El nombre más delicado que mencionan en Washington, como uno de los que le piden investigar y enjuiciar a la presidenta Sheinbaum, es el de uno de los hijos de López Obrador, a quien vinculan al huachicol fiscal y a otros negocios ilícitos.

Es por todo eso que hoy en Washington hablan de que la presidenta Sheinbaum enfrenta el dilema “Delcy” y tiene que decidir, ya con un plazo fatal de tiempo que le pusieron desde Washington, si entrega a los cercanos de su jefe político y antecesor, con lo cual rompería con el exmandatario, con todo el respaldo de Washington, y evita que se tomen otro tipo de decisiones más drásticas o radicales desde la Casa Blanca en contra de los cárteles mexicanos de la droga.

Ayer la presidenta Sheinbaum insistía en que es la oposición en México la que “quiere una intervención de los Estados Unidos en México”, pero sin negar que haya figuras de la oposición que promueven que Trump mande fuerzas a combatir a los cárteles de la droga, la visión que tienen en Washington es que el gobierno de la doctora no se termina de decidir a enfrentar con toda la fuerza del estado a los cárteles y que, además, sí hay vínculos directos y protección de morenistas que ocupan cargos públicos, por lo que presionan, ya con un ultimátum, para que Sheinbaum entregue a los narcopolíticos y aumente los niveles de fuerza y contundencia en contra de los capos del narcotráfico.

Es decir que, paradójicamente, los que en México se proclaman como “defensores de la soberanía” y de la Patria, y hasta se dicen dispuestos a tomar las armas para defenderse de una intervención de las fuerzas estadounidenses, son los mismos que están provocando y aumentando el nivel de amenaza de Donald Trump, al negarse a entregar a capos de primer nivel y políticos morenistas y de otros partidos que son acusados por el gobierno de Estados Unidos de proteger al narcotráfico.

Para decirlo claro, pues, la decisión la tiene la presidenta Sheinbaum y solo ella puede evitar que escalen y se materialicen las amenazas de Donald Trump; pero para eso tiene que definirse y decidir si quiere salvar al país y a su administración de una humillación estadounidense o prefiere proteger a su antecesor y a los cercanísimos a él que está exigiendo Washington. El dilema para la Presidenta es si realmente defenderá los intereses del país, atendiendo las peticiones de Trump o si antepondrá su lealtad y su pertenencia a un movimiento político que no representa a todos los mexicanos.

NOTAS INDISCRETAS…

En la celebración, algo macabra, que hizo el gobierno de Estados Unidos al anunciar la cancelación definitiva de 100 mil visas desde que asumió la presidencia Donald Trump (con todo y bailecito de su presidente) están incluidas al menos una lista de 53 mexicanos, la mayoría de ellos políticos de Morena, a los que les fue cancelada la visa norteamericana. Muchos de ellos no lo han hecho público, pero ya recibieron la notificación por correo electrónico que les avisa que ya no son bienvenidos en los Estados Unidos, y la lista de desvisados, que conocen muy bien en la embajada estadounidense, incluye desde alcaldes, gobernadores, senadores, diputados, secretarios de Estado y exfuncionarios del gobierno lopezobradorista que perdieron el visado y que muchos de ellos ya no pueden pararse en territorio estadounidense, ni siquiera en un vuelo de conexión, porque serían detenidos por las autoridades de aquel país. Le llaman “el desvisadero” y se notó mucho en las pasadas vacaciones decembrinas en las que a muchos morenistas, que antes les encantaba pasar la Navidad o el año Nuevo en Nueva York, en Miami o en Los Angeles, o a otros irse a esquiar a Denver, ahora ni voltearon a ver “Gringolandia” en el mapa y prefirieron irse a Europa a disfrutar de la historia europea…Y hablando de la embajada estadounidense, el papel que jugó el embajador Ronald Jonhson en la reciente llamada entre la presidenta Sheinbaum y el presidente Trump fue decisivo, porque fue a él al que recurrió el gobierno mexicano ante la falta de respuesta del secretario Marco Rubio, que se tardó para responder a las llamadas de la Cancillería mexicana. Fue tan necesaria la gestión del embajador Johnson, a través del subsecretario de Estado, Christopher Landau, que incluso el diplomático tuvo que estar presente, por petición directa de la Casa Blanca, durante la llamada entre los dos presidentes. Y pensar que cuando Johnson llegó a México, precedido de su fama de “halcón” militar contra el narco, la presidenta Sheinbaum le marcó cierta distancia y ahora lo tuvo que tener presente mientras hablaba con Trump…Los dados repiten Serpiente. Caída libre.

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