Opinión

Sucesión y seguridad

Marcela Gómez Zalce

Hay para EU un claro fracaso del gobierno mexicano en la lucha contra el crimen organizado

Los teóricos estadounidenses encontraron hace muchas décadas la herramienta que enlazó la filosofía de la seguridad nacional con la política de la administración; ambos se encuentran bajo los llamados intereses nacionales. Cualquier política de seguridad es formulada sobre la base de proteger y promover esos intereses nacionales y para justificar esa narrativa Estados Unidos echa mano de instrumentos jurídicos, medidas coercitivas y la diplomacia para el logro de sus objetivos.

La historia ha demostrado que cuando el camino se vuelve difícil, sólo el poder nacional –sus instrumentos militares y económicos— asegura sus intereses de seguridad. “...Lo que más importa cuando tienes que enfrentarte a líderes extranjeros es saber quién es la persona que tienes enfrente...”, declaró Biden hace unos días en una entrevista donde abordó varios temas, incluido el asunto de la injerencia rusa en las elecciones de 2016 y 2020. El presidente lanzó una advertencia a Vladimir Putin —quien le reviró con una dosis de sarcasmo— de que habrá consecuencias y de paso lo calificó de “asesino” en lo que parece ser el inicio de añejas tensiones entre ambos países en una coyuntura que además trastoca la esfera de la crisis sanitaria y de las vacunas, donde el acercamiento de México con Rusia no es del agrado de Washington.

La relación bilateral está exponiendo el fondo y las formas de la diplomacia y los mensajes para el gobierno de López Obrador deberían encender las alertas para entender los “otros datos” estadounidenses.

El señalamiento del jefe del Comando Norte de los Estados Unidos acerca de que el crimen organizado controla entre el 30 y el 35 por ciento del territorio mexicano exhibe la ruta de la crisis con México, el desorden en la política migratoria y el fracaso de los abrazos en la (nula) estrategia de seguridad. El general VanHerk señaló que este problema es un “...imperativo de seguridad nacional porque crea vulnerabilidades potenciales y oportunidades para actores de todo el mundo y que eso pasa cuando tienes áreas sin gobierno e inestabilidad...”

El mensaje, aunque lo pretenda matizar el púlpito mañanero, le pega también a la línea de flotación de nuestras fuerzas armadas hoy tan concentradas en esferas de ingeniería, construcción, aeronáutica, negocios inmobiliarios y un sinfín de labores civiles. Los tímidos resultados de la Guardia Nacional —pese a tantos cuarteles inaugurados— las disputas que permean el círculo verde olivo y la (no) estrategia de seguridad es motivo del latigazo norteamericano. La realidad de la violencia mata el discursillo y la sorna presidencial.

Estados Unidos está poniendo mayor interés en la medida que el gobierno de México está conceptualizando la naturaleza de su futuro, la complejidad e incertidumbre en materia de seguridad. La prospectiva y los datos le indican a Washington que el comportamiento y la tendencia de la cuatroté y su líder no están en sintonía con sus intereses nacionales.

Hay una clara construcción de una narrativa del fracaso del gobierno mexicano en la lucha contra las organizaciones criminales. En la Evaluación Nacional de Amenazas publicada a finales de enero, la DEA señaló que “los cárteles mexicanos son la amenaza criminal más grande para los Estados Unidos y no hay ningún grupo que actualmente les pueda hacer frente...”. No hay diplomacia alguna ni coincidencias en los tiempos y en la postura del gobierno de Biden ante los abrazos mexicanos con el crimen organizado. Cualquier diseño estratégico de México debe tener en cuenta, más allá de agravios históricos y contemporáneos, desconfianzas fundadas y desencuentros que parecen insuperables, la relación con Estados Unidos. El desafío de la soberanía en un mundo globalizado como presumible estado de asimetría permanente, y en algunos casos irresoluble, demanda compartir una visión común para combatir los flagelos que amenazan la seguridad de ambos países.

Desdeñar las señales será otro error estratégico en los planes sucesorios, hasta hoy muy definidos, de López Obrador.

POR LA MIRILLA

La “nueva normalidad” en la diplomacia bilateral: Vacunas por cierre de frontera sur, no obstante, la vacunación debe ser prioridad porque conviene a ambos países. Crisis económica por “factores externos” dice el Presidente, comenzando su relato para justificar la reforma fiscal.

@GomezZalce

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