Opinión

Todos seremos culpables por 15 minutos

Sabina Berman

Andy Warhol vaticinó que en el futuro todos seríamos famosos por 15 minutos. Se equivocó. En el presente, que era el futuro de Warhol, todos somos culpables por 15 minutos. 

¿Cómo opera ese tribunal que así nos condena? Una revisión de los linchamientos en redes de la semana que hoy acaba revela algunas de sus reglas. 

La semana inició con otro embate al presunto violador de cinco mujeres que será gobernador del estado de Guerrero, Salgado Macedonio. La réplica de las redes de Morena fue un ataque bien armado con fotos y videos que mostraban a Brozo toqueteando a edecanes semi-desnudas en la televisión nacional de hace un par de años.

Primera regla. Las redes no son territorio para la expresión libre e individual, sino territorio de ejércitos de tuiteros bien pagados. 

Se calcula que la mitad de las cuentas en las redes son mercenarias, sin embargo el Tuitero Solitario (llamémosle así al tuitero individual) creyó todo el lunes estar expresando su justa condena contra Salgado Macedonio o contra Brozo, cuando en realidad solo replicaba material preparado por especialistas en desencadenar su rabia. 

Ahí por el mediodía del martes, yo gocé de mis propios minutos de infamia. No 15, pero sí siete minutos. Hablaba en la radio de Largo aliento, las entrevistas que realizo en la televisión pública a pensadores del habla española, cuando el entrevistador, acaso aburrido de que no culpara a nadie de nada, me preguntó por Brozo. Intenté contestar algo matizado: —Cuando Brozo exhibía su misoginia, me ofendía y no veía su programa. Celebro que ahora se ha vuelto alguien que apoya al feminismo. 

Segunda regla. En el mundo de las pantallitas y los tuits de 280 caracteres de las redes, no hay espacio para el matiz ni para el contexto. Da igual ser un presunto violador que un violador comprobado que un exhibidor de mujeres semi desnudas que alguien que comentó la diferencia. 

Lo que deriva en una tercera regla. En las redes o estás en pro o en contra, amas u odias. Y si tú no decides en qué polo estás, los ejércitos de tuiteros te colocarán en el polo que les convenga. Por eso es que la mayoría de los tuiteros han preferido odiar, dado que el mejor refugio del odio de la horda es guardarte entre sus filas y odiar con la horda. 

Resultado: para el miércoles yo era una defensora de la misoginia y de la Derecha, amén de una falsa feminista (fake feminista) al tiempo que una feminista ultra (femi nazi) y para el jueves mi fina persona, con peluca verde y nariz roja, le pellizcaba un seno a una señorita en bikini. 

Para ese mismo día Carlos Loret de Mola hizo gala de qué bien comprende el nuevo “periodismo” de nuestra época. 

En su programa Latinus acusó a Epigmenio Ibarra, el famoso productor de televisión, de haber recibido un préstamo de 150 millones de pesos de un banco que a eso se dedica, a dar préstamos, eso mientras que las Pymes no eran rescatadas por el gobierno durante la pandemia, un privilegio que le concedió su amigo el presidente López Obrador. ¿La prueba contundente del tráfico de influencias? Fotos de Epigmenio con el Presidente. 

Cuarta regla. En el mundo real un tribunal requiere de pruebas para condenar a alguien, en las redes se le puede condenar por simple asociación. 

El jueves, Carmen Aristegui comentó en las pantallas sobre el caso de Epigmenio: —No hay materia —dijo. –No distingo un crimen. 

Como premio a su imparcialidad, una hora después el ejército de la Derecha exhibía tres crímenes de la periodista. Uno, ser dueña de una empresa; dos, haber recibido contratos de publicidad del gobierno, como casi todas las empresas que producen programas de importancia de radio o televisión; tres, tener un hermano que desde hace 40 años trabaja en la burocracia. 

Quinta regla de las redes. Sí, todos seremos culpables en las redes por 15 minutos, pero que nadie se asuste: lo seremos solo por escasos 15 minutos y todos parejamente, los culpables de tonterías o de culpas ficticias tanto como los criminales verdaderos. 

A propósito: ¿en qué spa de Suiza espera la primavera Emilio Lozoya

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