México es hoy un país distinto al que era hace cuatro o cinco años. El deterioro es evidente. Quizás, en materia económica, tema sobre el cual suelen versar estas líneas, no está siendo notorio porque estamos en una etapa expansiva del ciclo económico que puede transformarse en una desaceleración o incluso una recesión en función del comportamiento de la economía de nuestro socio comercial en cualquier momento. Pero incluso en este ámbito hay pistas que nos pueden indicar que las cosas no van bien.

El deterioro institucional es tal que un subsecretario se atreve a insultar y francamente a agredir ―muy probablemente― a la ministra presidenta de la Suprema Corte llamándola “narcomarrana” en sus redes sociales. ¿Cómo es posible que un subsecretario de la Secretaría de Energía, el Sr. Sergio Saldaña, se refiera así a la presidenta de una de las instituciones más relevantes del país? ¿Cómo es posible que se refiera así a cualquier persona, a cualquier mujer, en un país inundado de violencia frente a las mujeres y de violencia relacionada con el narcotráfico? ¿Cómo es posible que se atreva a hacerlo y siga en su cargo? ¿Se irá impune quizás con una pequeña llamada de atención de su jefa y borrando su tuit?

Hay quien argumenta, por favor, que por la redacción de su tuit no nos queda claro a quién se refiere. En su especie de disculpa tuitera pretende haber dirigido la ofensa a un conocido suyo. Ni siquiera tiene el valor de aceptar su ofensa y disculparse dignamente. Como un niño en el recreo que avienta una piedra y dice “ay, perdón, se me cayó”. Hay quien quiere seguir fingiendo inocencia, incluso a estas alturas del sexenio.

Ayer el presidente defendió en la mañanera al gobernador de Veracruz, quien vino a la Ciudad de México a manifestarse contra los ministros de la Suprema Corte portando ataúdes con figuras alusivas a los ministros. Se acepta siempre el desacuerdo, pero ¿seguiremos pensando que esas expresiones no incitan a la violencia, a la crispación y francamente al odio?

El jueves, desafiando a la Suprema Corte, el presidente emitió un decreto que especifica las obras públicas que serán consideradas de seguridad nacional para impedir que ningún trámite las obstaculice. En aras de la prisa por inaugurar sus proyectos emblema frenará cualquier intento de transparentar el uso de recursos públicos. El Tren Maya, por ejemplo, ha costado hasta el momento más de 2.4 veces lo presupuestado originalmente. ¿En qué se han gastado esos recursos? La seguridad nacional impedirá saberlo.

También la semana pasada, la Marina “ocupó temporalmente” –algo similar a una expropiación– un tramo de vías férreas concesionadas a Grupo México. No se trata de la expropiación en sí, proceso cuya existencia es necesaria, y por supuesto tampoco se trata de defender a nadie más que al Estado de derecho. El presidente mencionó que a él le parecía mucho el monto de la indemnización que Grupo México solicitaba y que la “toma temporal” de las vías podría ser permanente dependiendo de “la actitud de la empresa”. Tomen su Estado de derecho. El presidente decide qué se expropia y hasta el monto a pagar.

La inversión, ese indicador que refleja la confianza que se tiene en un país o en un estado en el mediano y largo plazo, todavía se encuentra más de 8% por debajo del máximo que tuvo en 2015.

Lo sucedido esta semana es muestra de lo que viene, meses de destrucción a un ritmo no visto. Cuando el declive se acelere, la inversión será lo menos importante.

@ValeriaMoy

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