En medio de la barbiemania por el lanzamiento de la película de la popular muñeca, regresan a la memoria las compañeras de juego de las niñas poblanas del siglo XX, de las que todavía hay ejemplares y fotografías.
Las redes sociales han dado cuenta de cómo la imaginación cobraba vida con piezas de tela, papel, algunas con poca movilidad y otras más con rasgos tan humanos que hoy asustan.
De la década de los treinta, por ejemplo, hay recuerdos de que las niñas de familias adineradas tenían muñecas que asemejaban a las menores, de tamaños cercanos al metro de altura y con poca movilidad en sus extremidades.

Hacia la década de los cincuenta, otros internautas han dado cuenta de cómo había familias que buscaban hacerse de recursos con la fabricación y venta de muñecos de tela conocidos como changuitos y negritas.
Entre los recuerdos de estas peculiares piezas, niñas y también niños cuentan que era un regalo perfecto y económico, pero que su costo no se comparaba con el dolor de perderlos por algún descuido.
Para los sesenta, en cambio, las muñecas con las que jugaban las niñas, según los recuerdos en redes sociales, se caracterizaban por tener algunos movimientos en los ojos que resultaban expresivos.
Sin embargo, no ha faltado quien señale que si bien en esos años esas muñecas sirvieron para el entretenimiento, hoy pueden causar miedo por las historias de terror que han protagonizado.
Hacia la década de los sesenta también se comenzaron a imprimir monografías de muñecas de papel con vestuarios para recortar que, según recuerdan las niñas que hoy son adultas, todavía se comercializaron en los ochenta.

En diferentes décadas, Puebla también se caracterizó por la vendimia de las muñecas de cartonería que se elaboran con motivo de Corpus Christi y aunque algunas se empleaban para el juego, tenían un fin más para el recuerdo y la colección.
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