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Así fue el primer tranvía en Puebla

Te explicamos cómo operaba ese transporte que en un principio era jalado por un par de mulas y donde los conductores también hacían carreritas

Este es el primer tranvía que circuló en las calles de Puebla | Foto: Recuerdos a Color
25/12/2022 |12:11Angeles Bretón |
Angeles Bretón
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Estas fiestas decembrinas permiten la convivencia familiar y reencontrarnos con padres y abuelos, quienes comparten en la sobremesa aquellos tiempos que nunca volverán.

Tal es el caso del primer tranvía en Puebla, un transporte del cual solo quedan como testimonio unas cuantas imágenes.

De acuerdo con el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), fue en 1881 cuando comenzaron a funcionar los primeros tranvías urbanos en la ciudad de Puebla.

Se trataba de unidades que eran jaladas por mulas, mismas que en 1906 fueron sustituidas por motores de gasolina.

Para ese entonces también era común ver circular las carretas y los carruajes por las calles del centro, así como el uso de las diligencias y guayines.

La investigadora Gloria Tirado Villegas refiere que todo comenzó en 1879, cuando Leonardo Fortuño solicitó al Ayuntamiento de la ciudad de Puebla y a la Secretaría de Fomento la concesión para establecer un ferrocarril urbano.

La petición fue aceptada el 16 de septiembre del mismo año y Fortuño y Compañía procedieron a realizar los primeros trabajos y el 5 de mayo de 1881 fue inaugurado.

El tranvía de Puebla tenía como trayecto inicial desde el templo del Señor de los Trabajos que se ubica en lo que hoy es la calle 11 Norte y 12 Poniente y terminaba en la Aduana, hoy calle 2 Oriente 400. La línea se llamaría Estaciones.

El 24 de octubre del mismo año se estrenó otra línea, entre la plaza principal, es decir, el zócalo y el Cementerio de Agua Azul.

Así pues, 46 vagones iniciaron su servicio con los circuitos “Estaciones” y “San Francisco Estaciones”.

De esta manera, la empresa dio empleo a varios trabajadores y a su paso abría expectativas a los empresarios de la industria y el transporte.

Al poco tiempo, en los Urbanos ya laboraban 150 operarios y se utilizaban 180 mulas.

Pronto el Ayuntamiento aceptó la necesidad de ampliar esa red inicial de líneas. A la solicitud de la empresa, se sumó la de los ciudadanos que solicitaban el paso de los tranvías por las colonias  donde vivían.

Por ello, en ese mismo año, se autorizó construir y explotar el Tranvía de San Marcos, el cual entró en funciones en 1883.

Ya era cotidiano ver en más calles los pares de mulas jalando una unidad cuadrada en la que viajaba el cochero y cerca de 20 pasajeros.

En 1896, Felipe Fortuño y Compañía inició la construcción de un tren urbano que tendría primera y segunda clase; además, ofrecería los servicios para pasajeros, correos, entierros, cárceles y carga.

Para 1900 se sumaron las líneas que llegaban al Panteón Municipal y Fábricas, Rancho Colorado y San Felipe, pero casi todas salían de los Portales Hidalgo e Iturbide, en el Centro Histórico de Puebla.

Como en todo, hay quienes estaban a favor y otros en contra. Entre las quejas más comunes, publicadas en diarios locales, se encontraban el uso indiscriminado de las cornetillas y el exceso de velocidad por parte de los conductores, pues según el reglamento, los conductores no deberían ir más allá del trote normal de las mulas.

Por eso, muchas veces los animales se desbocaban y los tranvías se salían de los rieles. En ocasiones, porque los choferes jugaban carreras, cosa que ahora podría causar risa, pero en ese tiempo ya era de preocupación para los ciudadanos.