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Backrooms

Un increíble viaje a lo desconocido, donde el silencio y el suspenso son los reyes del horror

Backrooms | Foto: A24

En 2019, un usuario anónimo en 4chan publicó una imagen simple: una sala de un edificio de oficinas que transmitía una sensación inquietante por lo vacío y viejo del lugar, y a partir de aquí, el internet jamás volvería a ser lo mismo.

La comunidad de 4chan se encargó de construir una historia de horror y suspenso alrededor de la imagen, imaginando este espacio como una dimensión alternativa a nuestro mundo, siempre presente, y completamente misteriosa, donde las personas entran para jamás volver de sus pasillos infinitos.

La popularidad y el misticismo del creepypasta fueron suficientes para inspirar a Kane Parsons, un joven youtuber que disfrutaba de hacer pequeños proyectos cinematográficos para su canal – siendo uno de los más reconocidos el Historical Footage del famoso anime Attack on Titan –. Parsons creó su propia narrativa interconectada ubicada en los Backrooms, lo cual dio pie a una de las series web más famosas desde 2022, con millones de personas haciendo clic en sus videos para saber más sobre su idea de este macabro lugar.

Ante la gran calidad narrativa y cinematográfica del trabajo de Parsons, quien logró mucho con tan poco en Blender, A24, el famoso estudio estadounidense que le ha dado voz a cineastas independientes y primerizos, se acercó para ofrecerle una oportunidad única: dirigir una adaptación de su propio proyecto para la pantalla grande.

Parsons, ahora el director más joven de A24 con tan solo 20 años, aceptó la tarea, y su pequeña gran historia de YouTube ahora está lista para aterrorizar a todo el mundo.

Así llega Backrooms. Dirigida por Kane Parsons (Attack on Titan: Historical Footage, People Still Live Here) y protagonizada por Chiwetel Ejiofor (Venom: El Último Baile, Bridget Jones: Loca por él), Renate Reinsve (Un Hombre Diferente, Valor Sentimental), Mark Duplass (La Noche Más Oscura, Paddleton), Finn Bennett (El Caballero de los Siete Reinos, Warfare), Lukita Maxwell (Shrinking, Generation), Avan Jogia (Shaft, Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City), Krista Kosonen (Purga, Blade Runner 2049) y Robert Bobroczky (Alien: Romulus).

El diseño de producción es uno de los grandes logros del filme, con cada set siendo único e inquietante | Foto: A24

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En este filme de horror psicológico, seguimos la historia de Clark (Chiwetel Ejiofor), el dueño de una vieja tienda de muebles que se siente atrapado en su propia vida, por lo que atiende a citas regulares con su psicóloga, la doctora Mary Kline (Renate Reinsve). Cuando Clark encuentra una dimensión oculta en su propia tienda, la curiosidad los hará descender hacia un laberinto que revelará su verdadero rostro.

Backrooms es uno de los mejores debuts de un director en años recientes. La película encuentra su alma y su atractivo directamente en el diseño de producción, diseño sonoro y el arte, los cuales colaboran constantemente para crear una atmósfera única e inquietante, la cual juega con la mente de la audiencia con dos herramientas muy simples: el silencio y el vacío.

Es claro que Kene Parsons tenía una visión muy clara para transmitir en la pantalla grande, pues no por nada ordenó la construcción de cerca de 2,800 metros cuadrados de escenarios reales que se transmiten a la perfección en la pantalla grande. Cada espacio es único y atemorizante, con largos pasillos y recámaras vacías, o incluso repletas de objetos aleatorios que incomodan por lo antinatural de su presencia y la rareza de su forma.

Kane Parsons, el director del filme, ordenó la construcción de 2,800 metros cuadrados de escenarios reales, lo cual se traduce a la perfección en la pantalla grande | Foto: A24

La cinematografía, así como el blocking, aprovecha al máximo esta arquitectura para que la cámara actúe directamente como los ojos de los protagonistas y de la audiencia al mismo tiempo, haciendo que las esquinas sean motivo de terror al desconocer qué estará esperando del otro lado o incluso detrás de la cámara, donde nadie está viendo.

El silencio es clave en este método. La mayor parte del tiempo que la película pasa en los Backrooms, no existe banda sonora alguna que acompañe a los personajes o intente guiar las emociones de la audiencia. Ambos, personajes y público, se encuentran abandonados en este lugar completamente alienado de la realidad, donde reina un silencio absoluto, elevando la atmósfera a niveles de tensión inimaginables, pues cada sonido que aparece en el camino no solo está incrementado al máximo, sino que es una advertencia de que no estamos solos en un lugar donde deberíamos estarlo.

Chiwetel Ejiofor entrega una buena actuación, la cual va incrementando en intensidad conforme el laberinto lo consume | Foto: A24

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Los ecos, las distancias y el diseño distorsionado de sonidos que deberíamos reconocer, hacen que cada encuentro sea de horror puro, lo cual aumenta cuando descubrimos el origen de los ruidos, y es aquí donde el arte hace su magia.

Con diseños de efectos prácticos, y una ligera combinación de CGI, Backrooms ofrece diseños de criaturas que resultan atemorizantes por lo abstracto de sus figuras. Lo poco que reconocemos hace que la amenaza se sienta mucho más atemorizante, y esto es un gran logro de parte del departamento de maquillaje, quienes con muy poco lograron alto totalmente inolvidable.

Es importante mencionar el trabajo de iluminación y colorización, dos departamentos que ayudan a elevar el terror y la inquietud con un excelente manejo de luces y sombras en los escenarios del laberinto, además de un color brillante que jamás desaparece, manteniendo la identidad propia del filme de inicio a fin.

En las actuaciones, Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve entregan trabajos impecables. Ejiofor es la mejor parte de toda la película, con su interpretación de un hombre que finge tener todo bajo control para engañarse a sí mismo, lo cual poco a poco se va derrumbando a través de su viaje por lo desconocido; Ejiofor incrementa su actuación hasta convertirse en una verdadera presencia, demostrando de lo que es capaz en muy pocas secuencias.

Por su parte, Reinsve, recién nominada al Oscar por Situación Sentimental, entrega una contraparte interesante al personaje de Ejiofor, pues su propio engaño yace en el silencio de alguien que reconoce estar mintiéndose para estar bien ante los demás. En este proceso, Reinsve escala hasta una confrontación directa y natural, la cual, a pesar de la rápides del suceso, logra sentirse genuina gracias a su interpretación, donde gestos y movimientos ayudan a construir su personaje.

Renate Reinsve también destaca con una interpretación silenciosa y contenida, la cual explota hacia la recta final del filme | Foto: A24

En cuanto al guion, Backrooms es directa y sencilla, abordando la historia en una estructura clásica de tres actos, los cuales están bien definidos y construyen a la perfección los arcos de ambos protagonistas. El verdadero logro del guion yace en la construcción del contexto de los Backrooms, los cuales no dejan de ser una dimensión alterna siempre presente y misteriosa, pero se agrega un elemento psicológico que influye en su existencia y retroalimenta en el horror y lo antinatural de la misma.

Como director, Parsons lo hizo excelente. Se nota su pasión detrás del proyecto, en especial cuando el filme aborda una secuencia found footage, al estilo del Proyecto de la Bruja de Blair (1999), que es una referencia directa a su trabajo original en la serie web de 2022. Parsons entiende el lenguaje del cine y trata de aprovecharlo al máximo con su propia visión y objetivo.

El único punto negativo podría ser el ritmo. Para algunas audiencias, el filme puede describirse como lento, pero estos espacios son de gran importancia para que la película funcione por completo.

Al final, Backrooms es una excelente película. Con un diseño de producción impecable, un guion sencillo, pero interesante, actuaciones sólidas, y una atmósfera única que genera inquietud con algo tan sencillo como el silencio, el filme logra establecerse como uno de los mejores estrenos de lo que va del año. Se trata de un horror psicológico puro que juega con las mentes de la audiencia, dejando una sensación de incomodidad que perdura por horas tras dejar la sala de cine. Esta es una experiencia imperdible que ayuda a solidificar la identidad de la nueva generación de directores.

9.5/10

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