Zinacantepec, Méx.— Wendy es una perra pastor belga malinois, de un año tres meses, y forma parte de los 72 binomios caninos que pertenecen a la Unidad de la Secretaría de Seguridad del Estado de México, y gracias a su olfato pudo ser rescatado el cuerpo de la pequeña Mia Mayrin de los escombros tras el derrumbe en el cerro del Chiquihuite.

Para José Antonio Aguirre, de 40 años de edad, 20 de operativo y siete de trabajar en la Unidad Canina, ese fue uno de los dos momentos más duros buscando personas. El otro, comentó, fue el hallazgo de una familia de cuatro integrantes que se intoxicaron, entre ellos un bebé.

“Lo primero que sentí en ese momento fue tristeza, porque cuando ella [Wendy] avisa que localizó algo, ya sabe uno que es un cadáver, y la verdad es algo que no se le desea a nadie. Son cosas demasiado fuertes que se viven trabajando con caninos, más buscando personas”, relató.

Dentro de las cuatro unidades caninas adscritas a Seguridad en Nezahualcóyotl, Zinacantepec, Tlalnepantla y Naucalpan, hay cuatro especialidades en las que son adiestrados los caninos: la búsqueda de restos humanos, narcóticos, armas de fuego y explosivos, detalló Sandro Arriaga Reyes, jefe de Servicios de la Unidad Canina Edomex.

Para que los binomios puedan colaborar en la búsqueda de personas, desde que nacen hasta los dos meses comienzan con la impronta, como se llama al primer acercamiento con los juguetes que les resultan atractivos: una pelota, muñeco o un tubo.

En sus juguetes les impregnan el aroma de una persona muerta, se llama pseudo, son restos humanos que les proporcionan las fiscalías estatal o federal, con lo que acostumbran el olfato del animal.

“Ellos buscan su juguete, no saben que buscan a un ser humano, por eso cuando detectan deben ser premiados, pues estaban buscando un objeto que les pertenece, pero en realidad ahí donde ellos señalan hay un cuerpo”, precisó Arriaga Reyes.

Al año de edad concluye su instrucción. Los perros llevan el aroma en su nariz, así que durante los ejercicios en los que ocultan personas debajo de llantas, plásticos y otros objetos, se habitúan a localizar cuerpos.

A los binomios de búsqueda de personas los envían a sitios accesibles, si bien son animales, el titular del área reconoció que hay algunos sitios donde corre riesgo la vida de los canes y buscan no exponerlos. En el caso del derrumbe en Tlalnepantla, el lugar era de difícil acceso, pero los perros pudieron participar.

“Debemos valorar que no se lastime, si hay derrumbes de una casa, hay cristales o material peligroso para sus patas, o incluso, perjudicial para su olfato, por eso no los llevamos. En el caso del cerro participamos con seis binomios y tuvimos hasta cinco marcajes, con lo que fue posible rescatar a esas personas, aunque entre ellas, el cuerpo sin vida de la menor”, señaló.

Dentro de la unidad tienen la crianza de los perros, y para su atención los policías reciben capacitación nacional e internacional, además, dijo, dos de los compañeros tienen la especialidad de médicos veterinarios.

Para que un policía se convierta en uno de los manejadores de los perros deben pasar un examen sicológico, para asegurar que son amantes de los animales y así conformar un equipo de éxito.

Para los uniformados, los canes son su familia, no se trata de una herramienta de trabajo, coincidieron los operativos, sino de sus compañeros de trabajo, por lo que tras 15 años de servicio, los retiran, pero se mantienen en la unidad. No son puestos en adopción.

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