En poco tiempo, Ari Aster se convirtió en una de las jóvenes nuevas promesas del cine contemporáneo con sólo dos películas, Hereditary (2018) y Midsommar (2019), las cuales demostraron sus capacidades como director y guionista en el género del horror, creando historias con personajes bien definidos alrededor de miedos y anhelos que se ven representados de manera física y abstracta en una serie de descensos siniestros hacia la locura, donde deben confrontar sus propios demonios como humanos.

Sin embargo, su tercer filme, Beau tiene Miedo (2023), confrontó su imagen como artista ante el mundo, pues en un giro de 180 grados, Aster entregó una tragicomedia al estilo griego con un énfasis completo en una narrativa surrealista, abandonando su zona de confort – y la del Hollywood tradicional – para entregar su propio mito de Edipo sin límites para explorar la sexualidad de un hombre que jamás salió del huevo.

Lo anterior puso en jaque el nombre de Aster como cineasta, pues el filme dividió por completo las opiniones, con una gran mayoría abogando para que Aster no abandonara el mundo del horror y se dedicara únicamente a dirigir y no a escribir. Por otro lado, el cine como negocio también recibió un duro golpe, pues Beau tiene Miedo representó una pérdida para el estudio de A24, con una recaudación global de 12,5 mdd bajo un presupuesto bruto de 50 mdd, mientras que sus otros filmes recaudaron cinco veces más el monto de sus presupuestos.

El anuncio de Eddington como su próximo filme no tranquilizó al medio, pues Aster lo expuso como un western satírico-político que exploraría el ambiente sociopolítico de Estados Unidos durante y después de la pandemia por COVID-19, lo cual generó críticas, y expectativa, dada la situación global actual. ¿Podrá Aster entregar una nueva gran obra como artista? ¿Se irá por le seguro para no molestar a la gente y recuperar su prestigio público? ¿Será una crítica inteligente o un intento por capitalizar sobre polémicas actuales?

Así llega Eddington. Dirigida por Ari Aster (Midsommar, Beau tiene Miedo) y protagonizada por Joaquin Phoenix (Napoleón, Guasón: Folie à Deux), Pedro Pascal (Amores Materialistas, Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos), Emma Stone (Pobres Criaturas, Tipos de Gentileza), Austin Butler (Duna: Parte Dos, Elvis), Luke Grimes (Los 7 Magníficos, Cincuenta Sombras Liberadas), Deirdre O’Connell (El Pingüino, Diane), Micheal Ward (Small Axe: Lovers Rock, Bob Marley), Amélie Hoeferle (Aguas Siniestras, Los Juegos del Hambre: Balada de Pájaros Cantores y Serpientes), Matt Gómez Hidaka (Silo, Chicago P.D.) y Cameron Mann (La Ley y el Orden: Unidad de Víctimas Especiales, Mare of Easttown).

Joaquin Phoenix y Pedro Pascal se presentan como dos caras de la misma moneda, la cual se va deformando de maneras interesantes durante la duración del filme | Foto: A24
Joaquin Phoenix y Pedro Pascal se presentan como dos caras de la misma moneda, la cual se va deformando de maneras interesantes durante la duración del filme | Foto: A24

En esta sátira política, seguimos la historia de Joe Cross (Joaquin Phoenix), sheriff del pueblo de Eddington, quien se embarca en una lucha política por la alcaldía contra Ted Cruz (Pedro Pascal), cuyo nombre forma parte del pasado de su esposa, Louise Cross (Emma Stone). En medio de la pandemia de COVID-19, los disturbios por el “Black Lives Matter” y la incertidumbre política por ANTIFA, Cross deberá entender la razón detrás de su campaña: ¿lucha por el bienestar de su pueblo o por la necesidad de satisfacer su propio orgullo?

Justo como propuso Aster previo a su lanzamiento, la película navega a través de tres géneros distintos: western, político y sátira, los cuales serán nuestras pautas para la presente reseña, pues juntas suman una dura y directa crítica política que no tendría el mismo efecto si alguna de sus piezas no estuviera consciente de su función.

Como western, Eddington abraza tres tropos clásicos del género estadounidense, el Union Pacific – donde la historia gira alrededor de una nueva tecnología irrumpiendo la tranquilidad de la frontera salvaje –, el Ranch – rancheros que protegen su hogar, y sus ideales, de una amenaza ajena a su comunidad – y el Marshal – donde el protagonista es un agente de la ley fiel a la justicia –; juntos, los tropos crean el primer acto de la película, estableciendo una idea general arraigada automáticamente a los valores e ideales estereotípicos del cine clásico norteamericano; sin embargo, la recontextualización de estos elementos en el escenario contemporáneo propone una dinámica distinta, donde el tradicionalismo y el patriotismo se deforman para intentar encontrar su lugar, alimentándose con la única idea que reafirma la existencia de un mundo antiguo y mejor: las conspiraciones.

Dentro del género político, el filme rápidamente contextualiza su existencia dentro de la antesala al retorno conservador estadounidense actual, marcado por la pandemia de COVID-19, las protestas del movimiento “Black Lives Matter” tras el homicidio de George Floyd, y los disturbios del movimiento de extrema izquierda ANTIFA. La película propone cada hecho como un evento masivo nacional y explora sus efectos a macro escala dentro del pueblo y su gente sin perder de vista factores clave como la distancia, la escala, la etnia y la inmediatez de las redes sociales.

El contexto político de los Estados Unidos es importante para la experiencia, creando un augurio que deja de ser gracioso cuando lo comparas con la realidad | Foto: A24
El contexto político de los Estados Unidos es importante para la experiencia, creando un augurio que deja de ser gracioso cuando lo comparas con la realidad | Foto: A24

Finalmente, Eddington presenta su mayor fortaleza: la sátira. Aquí, la película recolecta todos los elementos anteriores y los eleva al máximo para analizarlos y criticarlos a través de situaciones irreverentes, exageradas y brutales, creando una parodia del ahora típico escenario estadounidense, donde propone la falta de comunicación, la necesidad de atención, el egoísmo capitalista, la necesidad de orgullo tradicionalista y la irracionalidad del patriotismo, como factores de degenere importantes, y prácticamente ineludibles, dentro de la población estadounidense.

El guion construye un paralelismo entre liberal y conservador que no teme a señalar las ambiciones personales de cada personaje como el verdadero ente detrás de una cruzada política prácticamente inexistente, y para hacer esto, aprovecha sus dos primeros actos – perfectamente construidos con un ritmo relativamente lento, pero esencial – para establecer motivos, objetivos, fracasos y miedos, los cuales empujan la cordura de los personajes – y su país – hacia un espiral conspiranoico del que sólo saben escapar a través de la gran solución estadounidense: la violencia.

Ari Aster logra crear un escenario político lleno de giros inesperados que transforman la historia en un western siniestro y satírico | Foto: A24
Ari Aster logra crear un escenario político lleno de giros inesperados que transforman la historia en un western siniestro y satírico | Foto: A24

Aster logra un guion asombroso, con su dirección brillando en el balance de los géneros, las indicaciones de diálogo y la narrativa en sí misma. Como todo western, los personajes se presentan bajo una túnica estereotípica que los encasilla rápidamente en arquetipos identificables; sin embargo, la historia se encarga de revelar en cada uno un prisma de emociones que los vuelve odiosos, insoportables y multifacéticos, pero todos a partir de un epicentro comprensible, lo cual enriquece su dinámica en el duelo de poder que, más tarde, se transformaría en una cacería de ideologías.

Joaquin Phoenix levanta por completo el filme sobre sus hombros, entregando una gran actuación que te logra convencer de la convicción de su personaje, sin importar lo errónea que pueda ser su posición. Sus interacciones con todo el elenco elevan el esfuerzo de cada actor, entregando dinámica entretenidas y al borde del suspenso, con diálogos y discusiones que revelan ángulos diferentes del personaje con cada palabra.

Pedro Pascal sale de zona de confort hacia un personaje mucho más sínico, donde sus cadenas se atan a un sistema que no le importa quien esté al mando, sino quien ejecuta sus órdenes. Pascal entrega su mejor trabajo al encarar a Phoenix en distintas escenas, creando una nueva faceta que el actor necesitaba.

Deirdre O’Connell, Micheal Ward, Matt Gómez Hidaka y Cameron Mann ejercen su función como actores de reparto de forma excelente, expandiendo las ideas y argumentos del filme, así como las consecuencias de sus protagonistas, para proponer discusiones diferentes a través de sus motivaciones y reacciones.

Por desgracia, Emma Stone y Austin Butler terminan sobrando por completo, pues sus papeles no ameritaban actores de su talla, dado que no participan activamente en la trama, no cuentan con más de 5 minutos totales, y su existencia es más una consecuencia para las acciones del personaje de Phoenix y no un ángulo a exponer dentro del prisma sociopolítico.

El talento de Emma Stone es innegable, pero su participación es desaprovechada, mientras que Deirdre O’Connell destaca con sus pocas apariciones | Foto: A24
El talento de Emma Stone es innegable, pero su participación es desaprovechada, mientras que Deirdre O’Connell destaca con sus pocas apariciones | Foto: A24

En aspectos técnicos, el filme luce una fotografía precisa y calculada, con encuadres y enfoques que destacan el gran trabajo de arte y diseño de producción, el cual logra una atmósfera asfixiante, en especial al traer de regreso la estética de la pandemia.

La música es un acompañamiento perfecto para el filme, así como el aprovechamiento de luz natural, colores cálidos y vivos, un diseño de vestuario puntual y efectos prácticos impecables.

Al final, Eddington es una historia bastante redonda, una crítica político-social bastante ácida para el contexto estadounidense actual, la cual no teme en señalar los errores del sistema – tanto liberal y conservador – y cuestionar en lo que se ha convertido Estados Unidos como país. Con una dirección precisa, el filme presenta una historia que se cocina lento hacia una gran conclusión, abriendo paso para que la audiencia pueda discutir todos sus argumentos sin una respuesta precisa dentro de la película.

Una experiencia que vale la pena y que prueba que Ari Aster continúa siendo una de las grandes promesas del cine contemporáneo.

9.5/10

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