Entre 1964 y 1985, Brasil vivió bajo una dictadura militar encabezada por Humberto de Alencar Castelo Branco, la cual fue apoyada por los medios de comunicación, la industria privada y la clase alta bajo el discurso de que Joao Goulart, presidente electo desde 1961, acabaría con el país al implementar un gobierno comunista.
El pánico sociopolítico, alimentado por los Estados Unidos, dieron como resultado tres periodos presidenciales militares marcados por la persecución ideológica, violencia, tortura, eliminación de derechos políticos y sociales, censura, acoso a periodistas y el control mediático a cambio de un incremento económico. El cine, en este panorama, era tanto una plataforma de protesta como un medio de propagandístico.
Mientras el gobierno apoyaba películas llenas de censura y que promovieran mensajes pro capitalistas a través de historias y producciones mucho más limpias y enfocadas en las clases alta y media alta, surgieron movimientos de resistencia como Cinema Novo, Cinema Marignal y Pornochanchada, los cuales se preocupaban por visibilizar la opresión militar, la pobreza, el caos y la libertad sexual, lo cual resultó en una constante cacería de brujas que terminaba con arrestos y exilios.
Kleber de Mendonça Vasconcellos Filho, director de El Agente Secreto, se crio durante este periodo histórico, llegando a la adultez junto a la transición democrática de su país en el fin de la dictadura militar. En su formación, Filho se graduó como periodista y desarrolló un interés por la crítica, redacción y dirección cinematográfica, especialmente a través de historias, fantásticas y realistas, que dieran voz y rostro a los miles de personas que murieron entre los 70’s y 80’s.
El filme de esta reseña es una de esas historias.
Así llega El Agente Secreto. Dirigida por Kleber Mendonça Filho (Doña Clara, Bacurau) y protagonizada por Wagner Moura (Tropa de Élite, Narcos), Tania Maria (Yellow Cake, Delegado), Maria Fernanda Candido (El Traidor, Vermelho Monet), Gabriel Leone (Eduardo & Mónica, Verdades Secretas), Luciano Chirolli (Ato III Cena 5, A Noite É Uma Farsa), Carlos Francisco (A Strange Path, O Natal dos Silva) y Roney Villela (A Morte Habita a Noite, Tropa de Élite 2).
En este drama histórico, ubicado en los últimos años de la dictadura militar en Brasil, seguimos la historia Armando (Wagner Moura), un profesor perseguido por el régimen que llega a la ciudad de Recife con la esperanza de reencontrarse con su hijo y comenzar de nuevo. Cuando el sistema le pone precio a su cabeza, Armando deberá hacer todo lo posible por escapar antes de que sea demasiado tarde.
De manera directa, tiene que decirse que El Agente Secreto es una película lenta y parcialmente desorganizada, lo cual juega completamente en su contra hacia la construcción de un tercer acto que no se siente tan orgánico en comparación con el desarrollo de los otros dos.
El filme está compuesto por un prólogo, tres actos y un epílogo, de los cuales, el prólogo y los dos primeros actos se preocupan más por construir el panorama sociopolítico del Brasil de los 70’s, mientras que el desarrollo de los personajes, y la trama en la que habitan, pasan a un aparente segundo plano, actuando más como una consecuencia del contexto y no como una historia que habita en el espacio.
De esta manera, la película puede parecer demasiado lenta, dispersa o incluso aburrida sin el contexto histórico correcto, el cual, de manera acertada, el filme no se molesta en proporcionar. Así, notamos como el mundo de El Agente Secreto vive en una paradójica resistencia rodeada por símbolos dictatoriales – mientras que en cada esquina cuelga un cuadro del presidente Ernesto Geisel al más puro estilo del Hermano Ojo de Orwell, los habitantes se desenvuelven en una serie de acciones que retan directamente al régimen y auguran su caída, desde la policía siendo corrupta e implementando sicarios para trabajar junto a la extorsión empresarial, hasta la libertad sexual en espacios públicos a cualquier hora del día.
Durante dos tercios de su duración, el filme da demasiada importancia a estas pequeñas crónicas de cada personaje en su camino por la ciudad de Recife. Visitamos cines, mercados, condominios, presas, y el diseño de producción nos sumerge en una experiencia histórica impresionante, recuperando la viva imagen del pasado brasileño para dotar al filme de una atmósfera única y genuina; sin embargo, la audiencia promedio se verá fatigada cuando el verdadero conflicto de la película no se presenta sino hasta la mitad del metraje, con el tiempo restante siendo dividido entre el desarrollo final y una metáfora cultural.
Ahora, la metáfora cultural, la cual se basa en la leyenda real de la Pierna Peluda de Recife, es completamente importante y relevante para las temáticas del filme, especialmente cuando se aborda como símbolo de la violencia del régimen contra todas aquellas personas diferentes en ideologías y preferencias sexuales. Su intervención, además de divertida e impactante, es un augurio absoluto para los personajes, reforzando lo inevitable hacia la conclusión de la historia, pero sin el contexto, la secuencia queda como una curiosidad humorística que poco tiene que ver con el conflicto general.
Situaciones como la anterior se repiten constantemente en el filme, haciendo de este una experiencia cultural única y, al mismo tiempo, una historia confusa que llega a una conclusión aparentemente desconectada, en especial porque el epílogo no sólo arroja el final de la historia principal en una sola mención, sino que decide finalizar con una subtrama contemporánea que habla sobre la importancia y delicadeza de las memorias, y cómo estas encuentran sentido y propósito en diferentes personas a través del tiempo.
Una vez más, los elementos y secuencias parecen desconectados, pero es el contexto, así como la identificación del tema, lo que revela la verdadera forma de la historia. Por desgracia, esto no cambia el hecho de que el ritmo de la película flaquea por completo durante su primera mitad, vagando entre escenas hasta recordar que se dirige hacia un solo sentido.
Respecto al elenco, Wagner Moura entrega una actuación sólida. No se rinde ante los tropos del oficia en cuanto a dramas históricos para basar su nominación al Oscar en momentos de emocionalidad fuerte, sino que mantiene una interpretación sobria, a veces demasiado silenciosa, donde su objetivo es transmitir esperanza. Cada una de sus apariciones demanda atención, y los demás personajes crean dinámicas interesantes que aportan al rompecabezas temporal de la película.
En aspectos técnicos, la cinematografía, color e iluminación del filme son completamente hermosos. A pesar de ser un filme que retrata la opresión de un tiempo histórico clave, no se sacrifican los colores del país sudamericano ni su aspecto tropical, sino que se incentivan como un escenario único.
Al final, El Agente Secreto es una película que demanda atención, conversación e investigación. Se trata de una cápsula del tiempo que decide darle voz y rostro a las personas que vivieron, lucharon y murieron durante la dictadura brasileña. Por sí sola, es fácilmente descartada como una experiencia aburrida, pero con el ángulo correcto, es una exploración cultural, política y social a detalle sobre un tiempo complicado para los brasileños. Con actuaciones sólidas, imágenes poderosas y secuencias surreales, se trata de una película que merece la oportunidad de ser vista.
8/10