Dentro de la historia religiosa de Gran Bretaña y Estados Unidos, la figura de Ann Lee es una de las más importantes, influyentes y revolucionarias dentro de la segunda mitad del Siglo XVIII, específicamente durante el Renacimiento Evangélico de Inglaterra y la Guerra de Independencia estadounidense.
Inspirada por los discursos metodistas de la época, Ann Lee desafió el vínculo entre la institucionalidad de la iglesia y los discursos espiritualistas fundamentales del cristianismo, donde encontró un espacio entre las sectas de la época para descubrir su verdadera fe y comenzar a predicar con base en sus propios métodos e ideales, lo cual culminó en la creación de su propio movimiento con una visión utópica sedimentada en el celibato.
Los Shakers, como fue denominada la secta de Ann Lee, se convirtieron en uno de los pilares más importantes del evangelicalismo angloamericano, siendo objeto de críticas en su natal Inglaterra, pero formando parte importante de la historia religiosa estadounidense durante su proceso de nacimiento y adaptación como nación, con sus influencias siendo visibles hasta el día de hoy.
La directora noruega, Mona Fastvold, comentó que entró en contacto con la historia de Ann Lee tras utilizar un himno Shaker para la producción de su filme Deseo Prohibido (2020). Lo que inició como una curiosidad histórica, rápidamente se convirtió en una obsesión por saber más sobre esta mujer y su influencia en la historia, lo que finalmente culminó en un deseo por crear una película que adaptara fragmentos de la vida de la predicadora.
Así llega El Testimonio de Ann Lee. Dirigida por Mona Fastvold (El Sonámbulo, El Mundo por Venir), y protagonizada por Amanda Seyfried (Mank, La Empleada), Lewis Pullman (Salem’s Lot, Thunderbolts: Los Nuevos Vengadores), Thomasin McKenzie (Última Noche en Soho, El Poder del Perro), Matthew Beard (Johnny English 3.0, La Fiesta sólo Empieza), Christopher Abbott (Kraven: El Cazador, Hombre Lobo), Viola Prettejohn (Generation Z, The Crown), Stacy Martin (Lovers, El Brutalista), Soctt Handy (Napoleón, Grace), David Cale (Tiro de Gracia, Dos Amantes), Jamie Bogyo (Central Intelligence, Industry) y Tim Blake Nelson (Pinocho, Capitán América: Un Nuevo Mundo).
En este drama histórico-musical, ambientado en la segunda mitad del siglo XVIII, seguimos la historia de Ann Lee (Amanda Syfried), fundadora de la secta religiosa Shakers en Mánchester, Inglaterra. Cuando Ann es llevada al límite por la persecución religiosa, deberá embarcarse en un viaje a las Colonias Británicas para encontrar un lugar donde predicar en paz.
El Testimonio de Ann Lee está construida de manera directa en una estructura tradicional para un biopic histórico, lo que significa una narrativa lineal que sigue a la protagonista desde su nacimiento, a través de cada hito importante para la evolución de su leyenda, hasta una conclusión en un punto relevante que enfatiza los temas particulares de la adaptación en cuestión.
Este último punto es de vital importancia para el filme, pues decide concentrarse en consolidar, repetir y resaltar los temas principales de la película: la fe y la resiliencia. Más allá de tratarse de una figura religiosa, la historia decide alejarse de los misterios y el culto, para concentrarse en la vida de Ann Lee como un hecho histórico tangible, lo cual no implica analizar la fe a través de un escepticismo rígido y cínico, sino que despeja cualquier idea de santidad y nos deja con la imagen de una mujer que simplemente quería expresar su fe a su propia manera, con brazos abiertos a todos, impulsando la equidad de género y la libre elección de la fe religiosa, en una época que no estaba preparada para este tipo de discursos.
Cada uno de los tres actos en los que se divide el filme vuelve a consolidar la presencia de los temas dentro y fuera del personaje de Ann Lee. Sin embargo, la película falla en comprometerse con una narrativa sólida que siga su propuesta inicial, la de narrarse como un musical.
El filme, como muchos otros, cae en la ilusión de ser un musical, pues las canciones no sólo son pocas en comparación con la duración de la película, sino que estas no hacen que la historia evolucione progresivamente ni nos ayudan a descubrir o profundizar en los pensamientos, deseos, problemas y obstáculos de los personajes. La música toma un rol mucho más religioso, con las letras siendo muy sencillas para simular cánticos ceremoniales o sermones breves.
La distancia entre cada número le cobra caro al ritmo de la película, pues nos encontramos con secciones altamente cargadas de diálogo, las cuales son interrumpidas por una canción que nos recuerda la supuesta intención artística de la película.
Las actuaciones son sólidas, en especial la de Amanda Seyfried como Ann Lee, quien carga sobre sus hombros toda la responsabilidad para que el filme funcione en su totalidad. Seyfried demuestra sus habilidades actorales, perfectamente pulidas en otros musicales, para ofrecer una gran variedad de emociones a través de la voz y de su rostro. Sus interacciones con el resto del elenco siempre son fascinantes, pues Seyfried logra personificar la imagen de una mujer firme en su creencia, quien, nuevamente, debe ser fuerte y fiel a su fe y resiliencia con cada obstáculo que se le presenta.
En el elenco destacan Thomasin McKenzie y Lewis Pullman, quienes no sólo gozan de mayor tiempo en pantalla, sino que lo aprovechan para ser verdaderos personajes de soporte para Seyfried. McKenzie y Pullman ofrecen un balance perfecto para cada escena en la que se presentan, aportando cuestiones importantes que ayudan a mover la historia.
En el aspecto técnico, el vestuario, maquillaje y el diseño de producción son fantásticos, pues se concentran en la atención al detalle para crear atmósferas históricamente correctas tanto en los sets de Inglaterra como en los de Estados Unidos. La iluminación juega con la idea de la religión para utilizar el sol y las sombras en un contraste que recuerda al arte de Caravaggio, mientras que la cinematografía aprovecha los encuadres para rendir homenaje a figuras religiosas y aprovecha los números musicales para mover la cámara libremente por cada uno de los espacios, agregando una narrativa visual de lo que implica la danza y el movimiento dentro de la comunidad de los Shakers.
Al final, El Testamento de Ann Lee es una experiencia interesante sobre un periodo histórico que no se discute lo suficiente. Con grandes actuaciones, buen manejo de cámara y una propuesta narrativa diferente, el filme invita a la audiencia a pensar más allá de las etiquetas de las instituciones y analizar la fe y la resiliencia que implica pertenecer a una religión. A pesar de contar con una historia interesante, el filme pierde ritmo al no comportarse como un musical, sacrificando mucho tiempo en diálogos e insertando canciones que portan poco o nada.
8/10