Dentro del cine internacional independiente, el nombre de Jafar Panahí surge como uno de los directores más influyentes dentro de los movimientos de la Nueva Ola del Cine Iraní. Sus filmes, completamente construidos alrededor de una serie de críticas directas y sin filtro hacia el régimen autoritario de su país, lo han fichado como una persona peligrosa para el ideal político-islámico, mientras que, en el escenario global, estas películas muestran a un activista que no doblega su discurso ni se somete a la censura para mostrar una porción de la verdad hacia el mundo.
Panahí comparte una historia de conflicto con el régimen islámico, pues ha estado en prisión en diferentes ocasiones desde 2009, cuando protestó por la muerte de Neda Agha-Soltan, joven iraní asesinada durante las protestas electorales de la época. A partir de allí, volvió a estar tras las rejas en 2010 – 2011, cuando se le acusó de “actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el estado”, y en 2022 por “colusión contra la seguridad nacional y propaganda antisistema”. Panahí ha narrado como en cada ocasión fue sometido a diferentes tipos de torturas, sancionado con su pasaporte removido y vetado como cineasta en su propio país.
Sin embargo, la lucha contra el sistema jamás le impidió a Panahí plasmar su protesta en películas como El Círculo (2000), donde habla sobre la opresión de las mujeres en Irán, y Los Osos no Existen (2022), donde desafía al estado mediante protagonizar una metanarrativa de un director mudándose a otro país para dirigir un filme iraní por videollamada.
En el ámbito artístico popular, su nombre también figura en la historia como el cuarto director en ganar los premios principales de los festivales más prestigiosos del mundo: Palma de Oro en Cannes, León de Oro en Venecia y Oso de Oro en Berlín.
Con toda esta trayectoria en mente, cuando se escucha que Panahí está por estrenar un nuevo filme, significa que hay que poner completa atención a su próximo discurso.
Así llega Fue Sólo un Accidente. Dirigida por Jafar Panahí (No Bears, The Year of the Everlasting Storm), y protagonizada por Vahid Mobasseri (No End, Aparatchi), Mariam Afshari (Parisa), Ebrahim Azizi (Me, Maryam, the Children and 26 Others), Hadis Pakbaten (Arte Journal), Majid Panahi (Taxi Therán, Rookery) y Mohammad Ali Elyasmehr.
En este drama franco-iraní, un grupo de exprisioneros políticos – compuesto por el mecánico Vahid (Vahid Mobasseri), la fotógrafa de bodas Shiva (Mariam Afshari), el atormentado Hamid (Mohammad Ali Elyasmehr) y la pareja próxima a casarse Ali (Majid Panahi) y Goli (Hadis Pakbaten) – se debate sobre si tomar venganza contra un hombre que podría haber sido su torturador en el pasado.
De manera sencilla y directa, Fue Sólo un Accidente es una excelente película. Cada uno de sus componentes, especialmente los principales – guion, historia, actuaciones y dirección –, se complementan a la perfección para crear una historia completamente sencilla en cuestión de hechos, pero sumamente compleja con respecto a su subtexto, sin limitarse a construir su discurso de protesta claro y conciso a través de interacciones genuinamente humanas que crean una serie de cuestionamientos morales fascinantes en un contexto sociopolítico que ofrece presión constante hacia un final increíble, con potencial de dejar a toda la audiencia sin aliento.
El filme presenta toda su identidad desde la primera secuencia, donde un pequeño accidente, y la reacción de los involucrados, es un eco perpetuo sobre el resto de la narrativa, con los temas, decisiones y conversaciones merodeando la misma situación con diferentes resultados, manteniendo en el aire cierta duda sobre la respuesta correcta al problema, lo cual da un empujón extra a la cadena de acciones y reacciones que es la película en sí misma.
Panahí crea con maestría a cada uno de sus personajes. Sus vestimentas, su manera de comportarse, hablar, manías, temas de conversación, accesorios, todo habla sobre de dónde vienen y hacia dónde esperan dirigirse a pesar de cargar con ellos una pesada cicatriz, y en algunos aún la herida, de un régimen que les arrebató la posibilidad de una vida normal por el sólo hecho de querer algo mejor.
Esta interacción de diferentes contextos, construida por las diferentes experiencias de un mismo hecho, abren un abanico de historias silenciosas sobre la realidad iraní, con cada personaje utilizando una excusa para cubrir su miedo, ira y dolor, los cuales finalmente surgen en diferentes ocasiones para ofrecer una catarsis que no es absoluta, sino un pequeño grito en un océano indiferente por obligación.
Las actuaciones de cada miembro del elenco son dignas de reconocimiento. Todos utilizan cada fibra de su cuerpo para representar la complejidad del silencio y la esperanza de finalmente romperlo. Sus interacciones son fascinantes, y estas quedan inmortalizadas, junto a la excelente dirección de Panahí, en un plano secuencia relativamente sencillo y extenso, en donde no existe nada más que el pacífico paisaje iraní y una serie de exprisioneros que se debaten si tomar su futuro por la fuerza.
El ritmo de la película, lo cual incluye su edición, es espectacular. Cada secuencia fluye sin problema en la construcción de una tensión palpable, la cual es extrañamente balanceada por un humor ligero y natural, el cual surge desde la personalidad de cada uno de los personajes y el nerviosismo ante la tarea imposible que involucra a la trama.
La forma en que el debate moral evoluciona desde una resolución sencilla y obvia hacia un complejo de culpas y posibilidades es impresionante, en especial porque el filme sólo utiliza la mirada de sus actores para indicar a la audiencia la presión del momento y ajustar aún más la urgencia del filme.
Cada elemento técnico – fotografía, iluminación, arte, vestuario – es un complemento esencial perfecto. El lenguaje cinematográfico, representado en el bloqueo de escenas, movimientos de cámara y posicionamiento de encuadres, ayudan a cada escena a profundizar aún más con cada elemento temático.
Al final, Fue Sólo un Accidente es una de las mejores experiencias cinematográficas internacionales que el 2025 pudo ofrecer. Una verdadera obra de arte sencilla en su presentación, pero completamente efectiva en ejecución. La película, como el resto de la filmografía del director, es una crítica abierta al régimen iraní que, como el resto de su trabajo, debe ser escuchada y observada con atención. Con actuaciones excelentes, una historia asombrosa, y un final increíblemente aterrador, se trata de un filme obligatorio en la vida.
10/10