Chloé Zhao es reconocida por dos aspectos muy diferentes en polos opuestos de la industria cinematográfica estadounidense. Por un lado, es la tercera mujer en ganar el Oscar a Mejor Dirección tras una filmografía que destaca por historias independientes, íntimas y profundamente arraigadas a visibilizar comunidades apartadas del común norteamericano, y al mismo tiempo es responsable de dirigir Eternals (2021), la cual, de acuerdo con la crítica y la audiencia, es denominada como una de las peores películas del Universo Cinematográfico de Marvel.
Dentro del ámbito artístico, lejos del control de los estudios y sus franquicias, Zhao se ha presentado como una directora hábil, a quien le importa una narrativa contemplativa que nos ayuda a profundizar en sus personajes hasta que las personas debajo quedan completamente al descubierto, y con ellos se exprese una voz que tiene algo que decir sobre dónde vive, lo que observa, cómo siente y enfatizar el hecho de que existe.
Las Canciones que mis Hermanos me Enseñaron (2015), El Jinete (2017) y Nomadland (2020) – siendo este último filme el que le atribuyó la victoria en los Oscar no sólo por dirección, sino también por Mejor Película – son tan sólo ventanas hacia realidades habitadas por personas de carne y hueso, con todo lo que eso implica. Incluso en Eternals, Zhao declaró que su intención era presentar una historia que celebrara a la humanidad, incluyendo sus mejores y peores rasgos.
Tras cuatro años fuera del reflector, Zhao regresa con una historia que adapta la novela homónima de Maggie O’Farrell, la cual ficciona la vida entre Anne Hathaway y William Shakespeare durante uno de los momentos más cruciales de su matrimonio y recorrido artístico.
Así llega Hamnet. Dirigida por Chloé Zhao (Nomadland, Eternals), y protagonizada por Jessie Buckley (Men, Ellas Hablan), Paul Mescal (Aftersun, Al of Us Strangers), Joe Alwyn (Tipos de Gentileza, El Brutalista), Emily Watson (La Leyenda de Ochi, Small Things like These), Bodhi Rae Breathnach (Shelter, So Awkward Academy), Olivia Lynes (Pylon) y Jacobi Jupe (Peter Pan y Wendy, Before).

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En este drama histórico ambientado en la Inglaterra isabelina, seguimos la historia de Agnes Hathaway (Jessie Buckley), una mujer que encuentra el amor y una vida distinta cuando conoce a un joven William Shakespeare (Paul Mescal). Después de que la tragedia llega a su hogar para arrebatarles a su hijo Hamnet (Jacobi Jupe), Agnes deberá atravesar el dolor y la pena en búsqueda de consuelo.
El filme brilla de manera excelente precisamente en lo que Zhao sabe hacer mejor, lo cual es abordar la historia como un vistazo a una serie de momentos íntimos de personas reales.

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Bajo esta premisa, el guion es relativamente sencillo, con secuencias bastante directas que avanzan la historia a través de distintos momentos en la vida marital de Agnes y William, desde el momento del enamoramiento, pasando por el cortejo, el matrimonio y las complicaciones individuales y conjuntas que este implica, pero en el proceso, lo que importa es cómo los personajes reaccionan a cada decisión, duda y obstáculo como personas genuinas, desmitificando las figuras históricas y literarias que el mundo está acostumbrado a esperar cuando escucha los nombres, o el apellido, vinculado con Shakespeare.
Lo anterior es precisamente uno de los logros más grandes del filme, y quizá su clave absoluta, pues durante toda su duración, el espectador jamás repara en la espera de una historia sumamente poética con relación a la expectativa de una película relacionada con uno de los dramaturgos más grandes y reconocidos de la historia, quien, a su vez, no es el centro del filme, sino un soporte narrativo y temático que apoya el verdadero enfoque: Agnes. Con esta perspectiva, la historia evoluciona y se desenvuelve de manera orgánica como lo que es, una tragedia real que sirve como inspiración artística para una catarsis.
Es importante mencionar que nada de lo anterior funcionaría si no fuera por dos actuaciones clave: Jessie Buckley en el rol principal de Agnes y Jacobi Jupe como Hamnet. Buckley es absolutamente increíble en el papel, con cada momento, palabra, gesto y silencio siendo tan genuino como el de cualquier persona real atravesando las delicias y las penas más grandes de una vida, desde encontrar el amor de una vida hasta perder a un hijo. A pesar de contar con momentos enormes donde grita y solloza, la actuación de Buckley verdaderamente brilla en los momentos de mayor pesar, donde el silencio de una mirada carga arrepentimiento y un dolor incomprensible, y es en esos momentos, en especial hacia el final del filme, cuando la audiencia ve a la persona, a la mujer y a la madre completa que Zhao, coescribiendo junto a la autora original de la novela, Maggio O’Farrel, apuntan a redescubrir más allá del mito histórico que se le ha atribuido.

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Jupe, por su parte, personifica la inocencia absoluta. Su interpretación podría verse como sencilla al ser un niño que busca el amor de sus padres y estar a la altura de sus deseos, pero la forma en la que entrega cada línea y se compromete con los momentos más dramáticos, hacen que su presencia sea enorme, dejando una huella mucho más grande de lo que el guion describe.
Paul Mescal, quien interpreta a William Shakespeare, también destaca al apoderarse de monólogos shakesperianos de la mejor manera posible, dotándolos de emoción y dinamismo, pero su logro no está allí, sino en moverse, hablar y comportarse como una persona, alejando su interpretación de la mística que envuelve al dramaturgo dentro y fuera de la pantalla. Mescal deja de lado la imagen del soñador, el excéntrico, el artista, y trae al frente al padre y al esposo que vivió una tragedia.

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En términos técnicos, la fotografía Lukasz Zal es hermosa, en especial cuando implementa un lenguaje cinematográfico que nos ayuda a profundizar aún más en la emocionalidad y los pensamientos de los personajes. Por su parte, el diseño de producción y el vestuario crean una atmósfera históricamente fiel, la cual rota alrededor de la iluminación y los colores fríos y cálidos para reafirmar la intención de cada escena.
Al final, Hamnet es un filme increíblemente emocional y conmovedor. La dirección de Chloé Zhao y la actuación de Jessie Buckley elevan un guion lleno de corazón y pasión que se interesa por retratar la vida de personajes que puedan sentirse como personas reales más allá de los mitos e historias que rodean a sus nombres. Con una narrativa cuidadosamente trazada con secuencias contemplativas, el filme profundiza en los temas del luto y la inevitabilidad de la muerte desde los ojos de una madre. Se trata de un filme que se merece sus 8 nominaciones al Oscar; una seria contendiente por Mejor Película.
9/10

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