Una vez más, el reconocido estudio estadounidense A24 aparece para darle una oportunidad a un director emergente, siendo John Patton Ford el seleccionado de esta ocasión.
En su filmografía, Ford cuenta con un cortometraje, Patrol (2010), y un largometraje, Emily – La Criminal (2022), la cual sigue a una mujer que se involucra en el crimen de Los Ángeles tras una estafa y aprovecha su posición para intentar resolver otros problemas personales como su deuda estudiantil. Este filme marcó el debut de Ford como escritor y director, con la crítica reconociendo su trabajo para construir personajes, detallar atmósferas y utilizar el lenguaje cinematográfico para transmitir tensión y balanceándolo con toques de comedia.
Este recibimiento le dio la confianza necesaria para crear una versión moderna de un clásico británico del cine y la literatura: Ocho Sentencias de Muerte (1949), la cual está basada en la novela de Roy Horniman titulada Israel Rank: La Autobiografía de un Criminal (1907).
Ocho Sentencias de Muerte es una de las películas británicas mejor reseñadas en la historia, incluida en el Top 100 de filmes nacionales creado por el Instituto de Cine Británico en 1999 y en el Top 100 de las mejores películas del mundo por la revista Time. A través de las décadas, se continúa hablando de las actuaciones dentro del filme, la inteligencia y honestidad del guion, el perfecto manejo de humor, drama y suspenso, y la calidad de su sátira que no solo fue revolucionaria en su momento, sino que se convirtió en una de las pioneras que presentó el estilo de humor británico que más tarde sería perfeccionado por los cineastas de los 80’s y 90’s.

Sobra decir que readaptar esta historia y conceptualizarla en la modernidad es una tarea titánica, en especial cuando se trata de la segunda película de un director, pero con el sello de A24 detrás, existe el beneficio de la duda, lo cual nos lleva al estreno de esta semana.
Así llega Jugada Maestra. Dirigida por John Patton Ford (Patrol, Emily – La Criminal), y protagonizada por Glen Powell (Tornados, El Sobreviviente), Margaret Qualley (La Sustancia, Tipos de Gentileza), Jessica Henwick (Glass Onion, Cuckoo), Bill Camp (Honey, Dont!, La Mente Maestra), Zach Woods (El Post, Angry Birds 2), Topher Grace (Hereje, Irresistible) y Ed Harris (Top Gun: Maverick; Amor, Mentiras y Sangre).
En esta comedia criminal, seguimos la historia de Becket Redfellow (Glen Powell), el último descendiente de la familia multimillonaria Redfellow. Tras la injusta muerte de su madre, abandonada por su propia familia, Becket decide iniciar un plan maestro para asesinar a sus parientes, tomar el lugar que le corresponde y vengar la memoria de su madre.
Por desgracia, el problema más grande de Jugada Maestra viene de su guion. A pesar de que la película respeta la estructura del filme de 1949 y la novela, la película tropieza para encontrar el mismo ritmo.
Si bien no incluye grandes modificaciones, se decide utilizar el tiempo para expandir el pasado de nuestro protagonista y crear una mayor empatía, sin embargo, esto se hace a costa de la lógica de la trama con tal de funcionar en el mismo tiempo que el filme original. El resultado es una primera mitad llena de conveniencias por todos lados – la narración, en lugar de ser un complemento para la historia, se vuelve una excusa para explicar vagamente lo que debería estar en pantalla, y aunque se aprecia que esas situaciones se intenten disfrazar bajo un toque cómico, lo cierto es que resaltan demasiado, en especial cuando la película finalmente sabe qué hacer consigo misma durante la segunda mitad.
Es evidente que para Ford la segunda parte de la historia es la más entretenida y la más importante, pues aquí el guion toma forma para justificar mucho mejor todo lo que sucede, tanto en el arco de los personajes, como en el desarrollo de los temas y la trama en general.
Es en esta sección donde brillan las habilidades de Ford como guionista y director, pues hay ganchos constantes para que la audiencia se sienta interesada con saber lo que sucede después, aunque esto proviene de las obras originales, las cuales ya aportaban una estructura diferente al salirse de la narrativa tradicional para una historia criminal en la época.
Como efecto colateral, la edición también sufre por el guion, en especial en la primera mitad. La constante aparición de agujeros y conveniencias hacen que el filme se sienta muy recortado, con secuencias entrando y desapareciendo en puntos que parecen no corresponderles, lo cual hace que se sienta muy rápida y evidencie aún más las intenciones del guionista por obligar a la historia a funcionar con tal de que la segunda parte se sienta relativamente orgánica.
Con respecto al elenco, Glen Powell hace un buen trabajo al interpretar a un protagonista con cierto carisma y motivación. Si bien su actuación no es perfecta, existen momentos muy divertidos y entretenidos que demuestran su habilidad como actor principal.

Detrás de él se encuentran Jessica Henwick y Margaret Qualley, quienes también entregan actuaciones decentes dentro de sus respectivos roles arquetípicos, especialmente Qualley, quien tiene la oportunidad para mostrarse como antagonista. Sin embargo, el guion no les aporta mucho para espacio para desarrollar a sus personajes, haciendo de ellos elementos incidentales que sólo participan cuando la historia las recuerda.

El resto del elenco es completamente olvidable. La situación no es porque sean malas interpretaciones – al contrario, cada uno logra dejar una impresión en su respectivo rol – sino que, una vez más, el guion no logra manejar todas las situaciones y personajes, dejándolos como meras referencias en el camino del protagonista.
Es importante mencionar, que todo lo anterior es rescatado por un tipo de final diferente en el cine contemporáneo. La manera en la que la conclusión parece anticlimática, pero merecida alrededor de los temas y las situaciones creadas por el personaje de Powell, es realmente interesante, en especial durante los momentos finales, donde existe un gran trabajo visual para reafirmar la importancia de la conclusión.
En este sentido, hay que reconocer que la película tiene momentos muy claros y puntuales en donde se demuestran las habilidades de Ford como director, pero la mayor parte del tiempo no están allí. La cinematografía de Todd Banhazl salva la mayor parte del trabajo de cámara, mientras que el diseño de producción y el vestuario son un gran complemento que destacan muy bien a lo largo del filme.
Al final, Jugada Maestra no está ni cerca de ser una buena reinterpretación de Ocho Sentencias de Muerte, sin embargo, existe un esfuerzo genuino por crear una experiencia entretenida, lo cual se logra gracias a una segunda mitad muy bien construida, pero que sufre por un inicio lleno de agujeros de guion y conveniencias que no pueden ser ignoradas. Con actuaciones aceptables y una conclusión interesante, se trata de un filme que vale la pena ver antes de conocer la obra maestra de 1949.
7/10

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