El cineasta español Óliver Laxe ha estado en la mira del Festival Internacional de Cannes desde hace unos años. Su filmografía se compone de cuatro largometrajes principales realizados desde 2010, y desde entonces, cada uno ha gozado de atención, reconocimiento y galardones en el máximo festival celebrado en Francia.
Todos vosotros sois capitanes (2010), Mimosas (2016), Lo que arde (2019) y recientemente Sirāt, han recibido distintivos por parte de la prensa, la crítica especializada y el jurado de Cannes, con el consenso general siendo que Laxe se especializa en historias que priorizan el viaje antes del destino, con un gran énfasis en narrativas filosóficas y políticas, las cuales procuran hablar sobre el choque cultural entre la Europa hispana y el norte africano islámico.
Sirāt no es nada ajena a esta dinámica; sin embargo, Laxe la nombró como la película más política y radical en su carrera, lo que generó entusiasmo y varias dudas antes y después de su estreno en todo el mundo, tanto por lo explícito como lo implícito dentro del filme.
Así llega Sirāt. Dirigida por Óliver Laxe (Mimosas, Lo que Arde) y protagonizada por Sergi López (El Laberinto del Fauno, Negocios Ocultos), Bruno Núñez (Como Antes, La Mesías) e introduciendo a Jade Oukid, Tonin Janvier, Stefania Gadda, Richard Bellamy “Bigui” y Joshua Liam Henderson.

En este drama español, seguimos la historia de Luis (Sergi López) y Esteban (Bruno Núñez), un padre y su hijo que viajan hasta una fiesta rave en el desierto de Marruecos para encontrar a su hija desaparecida. Cuando se topan con un grupo de fiesteros que podría ayudarlos, Luis y Esteban se preparan para una odisea a través de los desiertos africanos.
Sin duda, Sirāt es una de las películas más diferentes que han llegado a Kinomanía, en especial porque desafía toda norma cinematográfica estandarizada al momento de desarrollar su historia, y aún así mantiene una estructura narrativa familiar y reconocida internacionalmente. Debido a esto, antes de profundizar en la historia del filme, analizaremos los aspectos más sencillos – lo técnico.
La película es todo un logro con respecto a su cinematografía. La mayor parte del filme fue grabada en locaciones reales, incluyendo el sur de España, los desiertos de Marruecos y las planicies del Sahara, lo cual aporta escala y dimensión al viaje de los personajes.

Al poder observar a los actores sufriendo las dificultades climáticas de las locaciones, la audiencia está un paso más cerca de comprender la pesadez de la odisea presentada en pantalla. Más allá de eso, la sola idea de imaginar a los equipos de producción completos cargando materiales de grabación, audio e iluminación, e instalándolos a la perfección para mantener una atmósfera seca, desolada e inclemente – que a su vez sea paradójicamente hermosa – es un logro titánico en sí mismo.
La edición de sonido es uno de los grandes pilares dentro de la película. La música rave ya forma parte del filme desde su sinopsis, y se vuelve un extraño acompañamiento dentro del silencio del desierto a lo largo de la película. Más allá del gran manejo de la imagen, Sirāt logra que el aparente ruido sin sentido del rave coexista a la perfección con la nada que ofrece el Sahara, haciendo de la música una especie de faro que mantiene a los personajes en el camino.
Más allá de estos grandes aciertos técnicos, lo cierto es que las actuaciones de todo el elenco no son el fuerte del filme. Sergi López y Bruno Núñez ofrecen el mejor trabajo en la película como padre e hijo, pero aún así no están cerca de ser una dupla que mantenga la atención del espectador o que brille por la evolución de sus personajes y la fortaleza de sus interpretaciones.
López y Núñez aportan lo suficiente como para que podamos distinguir la forma de sus personajes y una pizca de su propósito, pero su relación no crece ni decrece, sino que se mantiene estable de inicio a fin. Aún cuando la historia toma un giro inesperado a través de la tragedia, las actuaciones de López y Núñez no cambian mucho, quizá por una breve secuencia de lamento que pronto cambia a resignación, pero incluso esto no genera un gran impacto.
El resto del elenco, por otro lado, está conformado por no actores, quienes aportan mucha naturalidad a las secuencias en las que participan, pero resulta evidente cuando están intentando actuar y cuando tratan de ser ellos mismos. Esta dinámica desentona en una gran variedad de escenas, en especial cuando en una secuencia previa hay una gran dinámica, sólo para que deje de existir en la siguiente.
Con respecto a la historia y su guion, Sirāt apuesta por una odisea teológica que no trata de aleccionar ni señalar algún sentido de los hechos que ocurren, sino que retrata una de las normas más simples de la vida en general: no importa el dolor, la pérdida o la tragedia, la vida sigue, y nosotros también.
La historia contada en hechos es demasiado simple, con los protagonistas llegando a una fiesta en el desierto y partiendo a través del Sahara para llegar a otro rave en donde existe la posibilidad de encontrar a la hija perdida, pero hasta ahí llega la versión más convencional de la historia que el filme trata de presentar.
El resto es una odisea en el sentido más literal del término, con los personajes vagando en diferentes puntos de lo que, en otra ocasión, podría señalarse como un viaje mucho más sencillo. En este camino existen retos, obstáculos, decepciones y tragedias que amenazan con desmoralizarlos y acabar con sus vidas para ser devorados por la infinidad del desierto, llegando hasta tal punto que parece que existe un elemento sobrenatural que los desafía para probar su pureza, y es aquí donde entra el significado del propio título.

Sirāt hace referencia a un término islámico para un puente entre el paraíso y el infierno, el cual es descrito como un pasadizo peligroso, donde se juzga el valor de las almas, tan estrecho como la hebra de un cabello y tan afilado como la punta de un sable – en otros términos, podríamos hablar del Sirāt como un purgatorio.
Si bien es factible analizar el Sirāt en el filme como un mero título metafórico, lo cierto es que los hechos del filme parecen abordarlo tanto como un hecho real como un elemento filosófico, enfocándose en que los personajes deben demostrar la perseverancia necesaria como para atravesar el puente y llegar a su destino, sin importar lo que cueste, pues lo que dejan atrás no es único ni especial, sino una eventualidad de la vida.
Existe otro nivel contextual que no aporta al filme directamente, pero sí en el contexto del Sirāt, y es que existe una subtrama del estallido de una supuesta guerra mundial, lo cual implica el colapso del mundo alrededor de los personajes. Esto hace de sus acciones a través del Sirāt como algo mucho más significativo que fuerza la idea del inevitable avance de la vida a través del dolor, convirtiendo a la música y los sentimientos como elementos de gran importancia humana en un mundo de dolor que poco o nada le importa los sentimentalismos del arte, la expresión y la humanidad básica, haciendo de la perseverancia de estos elementos a lo largo del camino algo mucho más significativo.

El clímax, en este muy básico análisis del filme, no sólo es una maestría en suspenso, sino que es una prueba de fuego de implicaciones bíblicas – ya sean cristianas, católicas o islámicas – que también habla sobre el azar, la injusticia y el sin sentido de las tragedias. Todo hacia una última secuencia que no finaliza la historia del filme, pero la deja continuar bajo la idea de la inevitabilidad de la existencia.
Sirāt es una película compleja, o incluso podría resultar en un filme presuntuoso que nada tiene que decir, pero esto definitivamente queda en manos de la audiencia, la cual debe prestar atención a cada cuadro, línea, decisión, ambiente y palabra puesta en pantalla. Es una experiencia que oscila entre lo aburrido y lo fascinante, con un tercer acto que no deja oportunidad alguna para respirar, sólo para abandonar al espectador a la misma suerte de los personajes en el desierto.
Se trata de un filme en donde la conversación es obligatoria. Es seguro que cada persona tendrá su perspectiva y conclusión al respecto, y esto en definitiva suma a lo que la historia trata de comunicar. Sin duda alguna, es una película que no es para todos, pero todos deberían verla al menos una vez en la vida.
7.8/10

[Publicidad]









