A pesar de ser una de las franquicias más famosas y redituables del cine desde 1977, la era contemporánea de Star Wars se ha visto involucrada en más problemas creativos que cualquier otra época de la saga. Su regreso triunfal a los cines hace diez años culminó con el estreno del Episodio IX – El Ascenso de Skywalker (2019), una película que quedará por siempre enmarcada en la infamia para críticos y fanáticos, quienes estuvieron de acuerdo en la mala calidad del guion y la pobre ejecución implementada en lo que se vendió como el gran final de la historia.
Por siete años, Disney decidió darle un descanso cinematográfico a la saga y fomentar la producción de series live-action y animadas para su servicio de streaming, las cuales estarían enfocadas en explorar nuevas historias dentro de la galaxia, iniciando con su primer gran éxito en la pantalla chica – El Mandaloriano.
Producida y creada por Dave Filoni y Jon Favreau, la serie comenzó con una primicia simple: un forajido espacial que realiza misiones para proteger a un niño indefenso de los remanentes del Imperio. Con un formato de episodios autoconclusivos que priorizaban una narrativa visual perfectamente balanceada entre la comedia y el drama, y con un poco de ayuda del tierno Grogu, la primera serie live-action de Star Wars encontró su lugar en los corazones de los fans y la crítica, quienes apoyaron al programa por tres temporadas hasta su presunto final en 2023.
Sin embargo, la urgencia de Disney por mantener a la saga relevante a toda costa, y el hambre de los fans por referencias y el regreso de la esencia original de la saga, llevó a la serie, junto a otras producciones, a recurrir constantemente a cameos, referencias y cambios agresivos en la narrativa para satisfacer al público, el cual, tras varios errores en los proyectos, comenzó a ignorar a la franquicia.
En términos de inversión y producción, llegó el momento de que Star Wars regresara a la pantalla grande, pero con tanta presión y expectativa, el estudio dudó sobre qué historia contar primero. Tras una cascada de proyectos previamente anunciados que poco a poco se difuminaron en el horizonte por problemas creativos, la tarea para relanzar la franquicia cayó sobre los hombros de la serie más popular en los siete años de descanso. ¿Podrá el Mandaloriano estar a la altura para esta tarea?
Así llega The Mandalorian & Grogu. Dirigida por Jon Favreau (El Libro de la Selva, El Rey León) y protagonizada por Pedro Pascal (Materialistas, Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos), Jeremy Allen-White (La Garra de Hierro, Springsteen), Jonny Coyne (La Monja, El Vengador Tóxico), Steve Blum (Cowboy Bebop, Star Wars Rebels), Martin Scorsese (Los Asesinos de la Luna, The Studio) y Sigourney Weaver (Avatar: Fuego y Cenizas, El Abismo).
En esta aventura espacial, seguimos la historia de Din Djarin/El Mandaloriano (Pedro Pascal) y Grogu, dos cazarrecompensas que trabajan atrapando agentes ex imperiales para la Nueva República. Cuando la coronel Ward (Sigourney Weaver) los envía a atrapar al líder criminal Janu Coin (Jonny Coyne), el Mandaloriano y Grogu se ven involucrados en una peligrosa conspiración que involucra el asesinato de Rotta (Jeremy Allen White), el único hijo y heredero del legendario Jabba el Hutt.
Comencemos con lo mejor. La película es un verdadero espectáculo visual con respecto a la acción y el uso de efectos especiales, los cuales fueron una combinación entre efectos prácticos y CGI.
The Mandalorian & Grogu apostó todo por el departamento creativo, y esto dio resultados, pues la película nos lleva a mundos verdaderamente diferentes para la franquicia, como una versión espacial neo-noir de Nueva York que recuerda a Ciudad Gótica si existiera en Blade Runner, y un planeta pantanoso con fauna y flora nunca antes vista, el cual resulta divertido ir descubriendo a través de distintos tipos de interacciones que nos muestran lo más imaginativo del lugar.
El diseño de criaturas y vehículos es espectacular. La película despliega un gran catálogo de alienígenas y monstruos, los cuales, afortunadamente, no solo están allí para rellenar el cuadro de las escenas, sino que interactúan activamente dentro de las escenas de acción, dándonos dinámicas divertidas e interesantes gracias a que el filme no se limita a una biología convencional. Estas máquinas y criaturas también son el ejemplo perfecto de cómo está hecha la película, pues podemos observar como una gran combinación de técnicas, como stop-motion, maquillaje, trajes, marionetas, animatrónicos, figuras a escala y CGI, se combinan para dar vida a cada movimiento.
Como resultado, las escenas de acción recuerdan mucho al cine de los 80’s con una mejor en la velocidad y calidad. Las batallas aéreas son más agresivas, pero podemos sentir que la nave existe; los monstruos amenazan a los héroes, quienes tienen una reacción mucho más genuina al estar interactuando con algo en pantalla.
La música, por su parte, es excelente. Las composiciones de Ludwig Göransson – tres veces ganador del Oscar por Black Panther, Oppenheimer y Pecadores (2025) – van más allá de los sonidos tradicionales de la franquicia, aportándoles un nuevo estilo tecno y detectivesco que hace de las secuencias mucho más divertidas. Además, el arreglo que Göransson implementó en el tema original de la serie es digno de escuchar en una sala de cine.
Pero no todo es bueno, pues los personajes y la historia son el punto débil de esta aventura. Protagonistas, antagonistas, secundarios e incidentales, ninguno de ellos recibe un verdadero arco de personaje; todos y cada uno está completamente estático con respecto a su identidad. No existe ningún viaje personal, cambio, descubrimiento, lección u avance en sus personalidades, lo cual hace que la película sólo sea una breve anécdota que no tiene ningún peso para ellos.
En este rubro, Pedro Pascal y Sigourney Weaver tienen poco o nada que agregar, pues sus interacciones son pocas y sus intervenciones dan poco impacto ante la nula evolución de sus personajes. El mejor actor dentro del filme es Jeremy Allen-White, quien le da voz a Rotta; su personaje tiene la presencia más entretenida e interesante, y esto solo es posible porque es alguien a quien no vemos desde hace mucho tiempo, por lo que su presencia y exposición logra sentirse mucho más relevante.
La historia en sí también sufre de algo similar, pues no existe presión alguna para que los hechos deban ser evitados a toda costa. La tensión y el suspenso desaparecen rápidamente tras cada combate, pues la película está construida con una estructura casi episódica que hace que las dos horas de filme parezcan una cuarta temporada condensada en poco tiempo. Lo anterior también crea problemas de ritmo y ejecución, pues cuando no estamos involucrados en la misión, la historia decae por completo en un punto muerto, haciendo que la experiencia parezca aburrida hasta que algo vuelve a pasar.
Al final, The Mandalorian & Grogu es una aventura divertida y emocionante cuando la acción y la creatividad inunda la pantalla, pero cuando es tiempo de que los personajes interactúen, rápidamente se vuelve una experiencia lenta y por momentos tediosa. Aún así, se trata de una experiencia entretenida, con grandes escenas de acción, peleas de monstruos, persecuciones a gran velocidad, naves atacando desde el espacio y nuevos mundos por explorar. No aporta nada a la franquicia, pero es una excelente opción para disfrutar de una tarde de cine junto a toda la familia.
8/10