Tras cuatro años de ausencia, el director noruego Joachim Trier regresa a los escenarios de la atención mediática con un nuevo filme que se ha perfilado a ser una de las favoritas en la temporada de premios del 2026.
La carrera de Trier consiguió un amplio renombre internacional gracias a sus dos últimas películas: Thelma (2017), donde narra la historia de una joven reprimida por una familia cristiana ultra religiosa, y La Peor Persona del Mundo (2021), donde aborda la vida de una estudiante que lucha por definir su vida mientras atraviesa turbulencias profesionales y amorosas – esta última destaca por ser la conclusión de su Trilogía de Oslo, donde decide plasmar diferentes historias en la ciudad noruega a través de varios años y perspectivas.
Los filmes anteriormente mencionados gozaron de una gran carrera en la temporada de premios de sus respectivos años, con Thelma alcanzando la nominación a Mejor Película Extranjera, mientras que La Peor Persona del Mundo fue nominada por el mismo premio y Mejor Guion Original en los Premios Oscar; estas películas, al igual que su filmografía en sí misma, se destacan por priorizar la introspección de los personajes a través de una historia de ritmo lento que aprovecha el lenguaje cinematográfico lo mejor que puede, resultando en conversaciones íntimas que dejan al espectador con el impulso necesario para conversar y desarrollar su propia conclusión.
Tras su estreno en el Festival de Cannes de 2025, donde ganó la Palma de Oro – premio a la mejor película de la competencia – Valor Sentimental ganó tracción al ser valorada internacionalmente como el mejor drama del año, destacando por sus actuaciones, historia y temas, lo cual le ha valido 7 nominaciones en los Golden Globes 2026, la antesala de los Oscar, donde vuelve ahora no sólo es nominada como película extranjera, sino como Mejor Drama.
¿Será este filme tan bueno como lo menciona la crítica especializada de los festivales internacionales? ¿Qué hay al interior del nuevo drama de Joachim Trier?
Así llega Valor Sentimental Dirigida por Joachim Trier (Thelma, La Peor Persona del Mundo), y protagonizada por Renate Reinsve (Un Hombre Diferente, Armand), Stellan Skarsgård (Andor, Duna – Parte Dos), Inga Ibsdotter Lilleaas (Una Hermosa Vida, Observasjon) y Elle Fanning (Depredador: Tierras Salvajes, Un Completo Desconocido).
En este drama noruego, seguimos la historia de Nora Borg (Renate Reinsve), una joven actriz de teatro que, junto con su hermana Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas), se reencuentra con su padre, el famoso director de cine Gustav Borg (Stellan Skarsgård). Cuando Gustav involucra a su familia en la realización de su filme más personal, Nora deberá recorrer un camino de reflexión sobre su vida y la relación con su padre.
El filme destaca magistralmente en tres aspectos importantes: guion, lenguaje cinematográfico y actuaciones, los cuales serán los ejes principales de esta reseña.
En primer lugar, el guion presenta una historia sencilla, pero con gran atención al detalle, especialmente en cuanto al desarrollo de personajes y su representación visual dentro de los escenarios y la estética de cada encuadre.

Al filme le interesa realizar una introspección silenciosa en la emocionalidad de cada personaje y utiliza el arte, especialmente la actuación y la realización cinematográfica, las cuales son las profesiones de los personajes dentro de la historia en sí misma, para crear un paralelo entre lo que en realidad se quiere decir y la dificultad una comunicación efectiva que al final, paradójicamente para un artista, queda como una catarsis ahogada en las gargantas de los personajes.
La película es brillante al proponer el reencuentro de una figura paterna ausente como el detonante de la historia y evolucionar el tema hacia una reflexión sobre el abandono y los rastros de ira y tristeza que permanecen en aquellos que lidian con las consecuencias en silencio y a través de las generaciones. Aquí es donde entra en juego el lenguaje cinematográfico.
El cine hollywoodense nos ha malacostumbrado a narrativas repletas de explicaciones, exposiciones y dramatizaciones que llegan al extremo de la tragedia y el melodrama, con secuencias completas dedicadas a gritar los pensamientos, emociones y reflexiones de los personajes hacia el público; si bien es cierto que existe un espacio y una forma para esta presentarlo de forma eficiente, este método le arrebata poder a la narrativa visual y llega a despojar a la audiencia de la posibilidad de conversar y llegar a su propia conclusión de una manera más natural.

En Valor Sentimental, esta técnica expositiva no existe y se prefiere el complemento visual para representar y complementar la mente de los personajes, lo cual revela la verdadera conversación que la historia busca proponer. Mientras que el vehículo narrativo del reencuentro familiar y su impacto en las vidas de las hermanas es el tema explícito, el filme abre con una secuencia que nos presenta a un escenario como personaje vital y completamente vivo para la historia, el cual, con su evolución física y fotográfica, va reflejando el verdadero estado de la protagonista, sus memorias, anhelos, miedos, crisis, hasta que la metáfora visual se adueña del filme hacia el final de la película.
Trier aprovecha cada encuadre, movimiento, luz, sombra, objeto e inserto para poder hablar sobre lo que aqueja a cada uno de los integrantes del trío protagónico. En este mismo aspecto visual, el cual llega a ser representado en diálogos precisos que empujan hacia la conversación pertinente, el arte se vuelve clave para lo que verdaderamente está pasando, siendo este el escenario donde sucede el conflicto emocional directo.
Con todo lo anterior, el trío protagónico de Reinsve, Skarsgård e Ibsdotter logra unas interpretaciones magníficas. Se puede sentir la incomodidad familiar al momento de cada interacción, cómo los personajes batallan por encontrarle palabras y cuerpo a las emociones que les aquejan, y en cada uno de sus silencios se encuentra la pregunta clave del filme: ¿qué están pensando? Si bien es clara la respuesta dentro de la lógica de la narrativa al conectar y complementar cada uno de los hechos presentados, aún existe un vacío emocional que escapa de la audiencia porque el filme opta por omitirlo, y ese espacio, el cual también es punto de cuestión explícito en los diálogos y temas del filme, lo que realmente importa y donde yace lo que el filme busca dialogar.

Si hablamos de aspectos negativos, quizá tendría que mencionarse que el final toma un camino bastante predecible desde la premisa misma del filme. No resulta anticlimático ni ajeno a toda la evolución de personajes e historia que el filme propone, pero la decisión puede resultar extraña, o cliché, dependiendo de los gustos y expectativas de la audiencia; sin embargo, la última secuencia aún tiene mucho que aportar a la conversación final.
En aspectos técnicos, y reafirmando lo descrito anteriormente, el arte, iluminación y fotografía del filme son esenciales. Destacan por su belleza, precisión y uso dentro del filme, en especial como elementos narrativos que afectan e interactúan con todo lo demás.

Valor Sentimental es un excelente drama con grandes actuaciones. Es admirable lo sencilla que puede ser por fuera, pero lo profundas con son sus raíces para abordar temas que, aunque no son nada nuevos, logra reinterpretarlos con su propia voz y estilo. El filme aboga por una conversación necesaria con respecto a los temas y decisiones de los personajes, la cual nutre por completo a la película e invita a la audiencia a revisitar la historia de diferentes maneras.
Una gran candidata para la temporada de premios.
9/10

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