Luego del surgimiento de las primeras universidades durante la Edad Media (Bolonia, 1088; París, 1050; Oxford, 1167 y Salamanca, 1218), muchas más surgieron globalmente. Enfocadas inicialmente en teología, derecho o medicina, con el tiempo ampliaron sus áreas formativas a muchas otras ramas del conocimiento humano. Las siete artes liberales, corazón de la Universidad original, eran el trívium (gramática, dialéctica y retórica) y el quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). Este modelo de educación superior buscó la conservación y difusión del saber, así como la investigación y el debate de nuevo conocimiento, impactando en las esferas políticas, sociales, eclesiásticas y económicas.

La revolución científica nació en sus aulas, sentando las bases del Pensamiento Crítico, del Método Científico y de los grandes avances de la Física, la Química y la Biología. Sus académicos revolucionaron la cultura al recuperar y preservar el saber clásico (griego, romano), impulsando el humanismo y la conquista de derechos académicos como la libertad de cátedra y el debate. De ahí surgieron los líderes que lucharon por democratizar el conocimiento (antes concentrado en los monasterios), favoreciendo la igualdad y la justicia social. Finalmente, el impacto económico es evidente, pues son agentes de desarrollo económico mediante la transferencia del conocimiento, la investigación aplicada y el emprendimiento tecnológico.

Por otro lado, las nuevas tecnologías de información, en particular la IAG y otras herramientas digitales avanzadas, son resultado de proyectos de investigación precisamente en las universidades; desde inicios de los 1940s y un notable crecimiento en los 2010s, en su estado actual representan la convergencia del hardware más potente, la disponibilidad de grandes volúmenes de datos y un perfeccionamiento de los modelos de aprendizaje automatizado profundo, y prometen impactar profundamente el modelo tradicional de las universidades, no solo como un catalizador de la innovación, sino también como una fuente de riesgo en temas como la integridad académica y pedagógica.

El Pensamiento Crítico, uno de los grandes productos de la universidad tradicional, está en grave riesgo por el uso excesivo y no regulado de herramientas de IA para crear conocimiento, escribir ensayos o analizar información, restringiendo al usuario el desarrollar o fortalecer sus habilidades cognitivas básicas. El debate sobre el uso, regulado o no, está vigente y mientras muchos ven en estas herramientas una oportunidad para personalizar el proceso de aprendizaje, optimizar la actividad docente, acelerar la investigación y democratizar el acceso a la información, otros señalan amenazas en los proceso de evaluación tradicional (fraude, integridad académica, desinformación y sesgos cognitivos) y profundización de la brecha digital, separando a las instituciones y estudiantes con acceso a las herramientas avanzadas de IA de aquellos que no.

¿Podrán las universidades adaptarse o el modelo tradicional colapsará ante el inevitable avance de la ‘Era Digital’?

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