Escucho cada vez con más frecuencia a mayor número de personas en contra de la interseccionalidad de los derechos humanos apropiándose de movimientos colectivos que al final tuvieron un beneficio común y no solo para quienes los enarbolaron. La lucha que ha dado y ganado cada sector en la historia no se ha quedado como patrimonio propio. Las experiencias y los resultados se comparten.

No es posible decir que gané derechos para mí y para quienes son como yo y que no cabe nadie más. La lucha por los derechos ha sido producto de acciones concatenadas de generaciones de personas que, en su momento, protestaron por haber sido excluidas en atención a su sexo, color de piel, religión, orientación sexual, estatus migratorio, edad, estado civil, etcétera. No accedieron desde el inicio a todos los derechos fijados por quienes, desde el poder, se arrogaron derechos para sí ignorando o excluyendo a otros.

Si hoy más personas tienen acceso a más derechos debemos compartir una alegría colectiva y no adoptar la posición de aquellos que, en 1789, hablaron de una igualdad que resultó falsa porque solo aplicaba para sí mismos y para sus pares.

La interseccionalidad implica que nadie corre por un solo carril; que estamos en la misma pista y que válidamente podemos hacer los cruces que necesitemos para llegar a la meta.

Hoy, el resultado de todas las luchas quedó traducido en derechos a nivel constitucional o en Tratados Internacionales; sin embargo, como cada lucha tuvo su propio proceso, se está afianzando una postura que consiste en negarse a ver incluidos a la totalidad de los grupos porque cada uno debe seguir su propia lógica de existencia.

Es claro que cada lucha tuvo sus objetivos particulares de inclusión, pero no creo que ver el todo implique el “borrado” de las particularidades. Incluir a todas, todos y todes, no implica no ver o dejar fuera a alguien.

¿Cabe en el movimiento feminista la lucha de las mujeres indígenas o afrodescendientes? La respuesta es sí. ¡Pero la lucha de ellas debiera ser contra el racismo! —dirían quienes insisten en correr en un solo carril—. Solo hay que recordar que ellas, además, tienen que luchar contra la discriminación por razón de género y ahí es donde se dan las intersecciones.

¿Cabe en el movimiento feminista el reconocimiento de derechos diferenciados para niñas y mujeres mayores? Sí. Deben estar todas las mujeres, independientemente de la etapa de su ciclo vital en la que se encuentren.

¿Cabe en el movimiento feminista el reconocimiento de las mujeres trans? Sí. ¿Por qué no se quedan en la lucha de la población LGBTTTI+? Porque la discriminación que sufren se intersecta. Es esta minoría, dentro de otra minoría, a la que se ha visto como una amenaza al movimiento feminista, al punto de que podría implicar el borrado de la categoría mujer. No lo comparto.

El momento que vivimos nos obliga a tratar de entender lo no binario, lo no dicotómico, lo que fluye, lo que traspasa límites, lo que busca ser renombrado. Así es la complejidad.

¿Es tan difícil asimilar nuestra presencia colectiva en este mundo plural y diverso donde simultáneamente desarrollamos nuestras propias personalidades? El objetivo es claro: todos los derechos para todas las personas. No cabe la exclusión de nadie por ningún motivo.

Parafraseando al cartero de Neruda, la lucha es de quien la necesita. Y el resultado de todas las luchas las necesitamos todos, todas y todes.

Experta Comité CEDAW/ONU.
@leticia_bonifaz

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