Llegó el cambio en Colombia. Un cambio brusco, radical, sin matices. El ultraderechista, Abelardo De La Espriella, logró imponerse en la segunda vuelta de las elecciones a la presidencia de la República. Con poco más de un punto de ventaja, el empresario venció por la mínima al senador izquierdista Iván Cepeda, potencial sucesor del actual presidente, el populista, Gustavo Petro.
Momento importante para América Latina. Colombia -junto con Brasil, Argentina, Venezuela y Chile- una de las 5 economías importantes de Sudamérica, gira a la derecha. De hecho, a la ultraderecha. Los 8 años de la administración del ex presidente Alvaro Uribe (2002-2010) pueden llegar a parecernos “conciliadores” comparados con lo que ha prometido, en campaña, el candidato- ya presidente in pectore- Abelardo De La Espriella.
El uribismo, que siempre se posicionó en contra de los procesos de paz, supuso un golpe de fuerza tras las presidencias de Gaviria, Samper y Pastrana. Pero lo que los colombianos han elegido ahora, la propuesta política de De La Espriella, supone un clavo en el ataúd de la hoja de ruta para lograr la paz del gobierno con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Si el ultraderechista cumple sus postulados de campaña, atrás quedarán los esfuerzos, de casi 3 lustros, por conseguir la paz por parte de los presidentes Santos, Duque y Petro.
Panorama muy incierto que nos lleva a preguntarnos ¿Por qué? ¿Por qué las/os colombianas/os han girado tan bruscamente, en auténtico efecto péndulo, hacia el otro extremo del abanico ideológico? Desde la izquierda populista del actual presidente Gustavo Petro, hacia la extrema derecha de De La Espriella. En esencia porque la administración de Gustavo Petro, acorde a lo que manifiestan los propios ciudadanos de Colombia, ha cometido algunos errores importantes: incremento de los indicadores de inseguridad, fronteras mucho más porosas -sobre todo en relación con los migrantes que proceden de Venezuela-, estancamiento de la economía y, tal vez lo más grave, la sensación de que Gustavo Petro pretendía perpetuarse en el poder a través de la candidatura del senador Iván Cepeda.
Seguridad interior, fronteras seguras, desarrollo económico, inversión extranjera, son las banderas de campaña que ha enarbolado De La Espriella. Todo ello aderezado con un viraje radical en el espectro de la ideología: frenazo a la Agenda 2030, congelamiento de los derechos LGTBIQ+ y, sobre todo, un adelgazamiento ostensible de todo el aparato estatal. Con supresión de algunas carteras ministeriales, muy al estilo de lo que ya ha llevado a cabo Javier Milei en Argentina.
Por supuesto, también, presumir la patria y la bandera. No en vano, De La Espriella hizo campaña vistiendo la playera de la selección nacional de futbol que compite en este mundial 2026. Y con esos postulados ideológicos los riesgos son obvios. En primer lugar marginación de algunos sectores vulnerables de la sociedad. Por otra parte, posible cercenamiento de derechos y libertades de aquellas capas de la población que no comulguen con las ideas de De La Espriella.
Veremos. A partir de la primera semana de agosto el presidente electo asumirá su cargo. Poco a poco America Latina se derechiza, con las excepciones de Brasil, México, Uruguay, Nicaragua y Cuba. La sombra de la Doctrina Monroe – con hartas sospechas de que las arcas de la administración Trump han financiado muchas de las campañas que han llevado a estos presidentes al poder- sobrevuela de nuevo nuestro continente.
























