Hablar de Puebla es hablar de . Este platillo emblemático no solo es uno de los grandes orgullos de la gastronomía mexicana, también es un símbolo de identidad, historia y tradición que ha trascendido generaciones, por lo que la IA revela dónde comer el mejor mole poblano.

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¿Qué es el mole poblano y por qué en Puebla sabe distinto?

El mole poblano es una salsa compleja y profunda, elaborada con una mezcla que puede superar los 20 ingredientes. Entre los más conocidos están los chiles secos como el mulato, pasilla y ancho, así como especias, semillas, frutos secos, jitomate, ajo, cebolla y un toque de chocolate, que no lo hace dulce, sino más bien redondo y aterciopelado.

Esta salsa oscura y un tanto espesa tradicionalmente se sirve con pollo, decorado con ajonjolí, acompañado de arroz rojo y tortillas recién hechas.

¿Por qué el mole poblano es tan especial en Puebla?

La grandeza del mole poblano está en su origen y técnica. De acuerdo con la tradición, su creación se atribuye a de la época colonial, donde monjas combinaron ingredientes prehispánicos con productos traídos de Europa. El resultado fue una receta mestiza que hoy es Patrimonio Cultural de la cocina mexicana.

La palabra mole proviene del náhuatl molli (“salsa”), su versión más famosa -el mole poblano- es resultado de una fusión culinaria entre técnicas prehispánicas y productos traídos por los españoles.

Según la tradición más difundida, el mole poblano fue creado en el Convento de Santa Rosa, en el Centro Histórico de Puebla, alrededor del siglo XVII. Se dice que la monja Sor Andrea de la Asunción combinó diversos ingredientes para preparar una salsa especial para una visita importante del obispo y del virrey. La complejidad de ingredientes y el profundo sabor del resultado dieron origen al plato que hoy se conoce como mole poblano.

En Puebla, cada familia, fonda o restaurante guarda su propia receta, muchas heredadas por generaciones. El tiempo de preparación puede llevar horas o incluso días y el equilibrio entre sabores: ni muy picante, ni dulce, ni amargo. Esa precisión es lo que hace que el mole poblano auténtico tenga una profundidad difícil de replicar fuera del estado.

¿Cuánto cuesta comer mole poblano en Puebla?

El precio del mole poblano puede variar dependiendo del lugar donde se consuma:

  • Cocinas económicas y mercados tradicionales: el platillo suele costar entre 80 y 130 pesos, generalmente servido con arroz y tortillas.
  • Restaurantes tradicionales o de cocina típica: los precios oscilan entre 180 y 300 pesos, dependiendo de la porción, el tipo de carne y el lugar.
  • Restaurantes gourmet o de autor: el mole puede superar los 350 o 450 pesos, sobre todo cuando se presenta con técnicas contemporáneas o ingredientes premium.

¿Dónde comer el mejor mole poblano según la IA?

La IA coincide en que los mejores lugares para probar mole poblano en Puebla son aquellos que respetan la receta original y el proceso artesanal. Entre las principales recomendaciones están:

Restaurantes tradicionales del Centro Histórico, especialmente los que tienen décadas de historia y menús enfocados en cocina poblana.

  • El Mural de los Poblanos ubicado en la calles 16 de Septiembre número 506.
  • Augurio, en calle 9 Oriente número 16
  • Comal, en Calle 16 de Septiembre 311-B
  • Clementina Cocina Poblana, calle 6 Oriente 411
  • La Casa del Mendrugo, Calle 4 Sur 304
  • Casa Barroca, en calle 7 Oriente 25
  • Fonda de Santa Clara, en Calle 3 Poniente 307 y en 3 Poniente 910.
  • Mercados como El Carmen o La Acocota, donde las cocineras tradicionales preparan mole con recetas familiares.
  • Cocinas conventuales y fondas antiguas, famosas por su sazón casero y por mantener viva la tradición.

La mejor forma de degustar el mole poblano

La recomendación clave es comerlo sin prisas. El mole se disfruta mejor caliente, recién servido, acompañado de arroz rojo y tortillas de maíz. Lo ideal es comenzar probando solo la salsa, para identificar sus capas de sabor, y después combinarla con la carne.

Muchos expertos sugieren acompañarlo con agua fresca o un vino ligero, evitando bebidas demasiado dulces que opaquen su complejidad.

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