Hablar de Puebla es hablar de mole poblano. Este platillo emblemático no solo es uno de los grandes orgullos de la gastronomía mexicana, también es un símbolo de identidad, historia y tradición que ha trascendido generaciones, por lo que la IA revela dónde comer el mejor mole poblano.
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El mole poblano es una salsa compleja y profunda, elaborada con una mezcla que puede superar los 20 ingredientes. Entre los más conocidos están los chiles secos como el mulato, pasilla y ancho, así como especias, semillas, frutos secos, jitomate, ajo, cebolla y un toque de chocolate, que no lo hace dulce, sino más bien redondo y aterciopelado.
Esta salsa oscura y un tanto espesa tradicionalmente se sirve con pollo, decorado con ajonjolí, acompañado de arroz rojo y tortillas recién hechas.
La grandeza del mole poblano está en su origen y técnica. De acuerdo con la tradición, su creación se atribuye a conventos poblanos de la época colonial, donde monjas combinaron ingredientes prehispánicos con productos traídos de Europa. El resultado fue una receta mestiza que hoy es Patrimonio Cultural de la cocina mexicana.
La palabra mole proviene del náhuatl molli (“salsa”), su versión más famosa -el mole poblano- es resultado de una fusión culinaria entre técnicas prehispánicas y productos traídos por los españoles.
Según la tradición más difundida, el mole poblano fue creado en el Convento de Santa Rosa, en el Centro Histórico de Puebla, alrededor del siglo XVII. Se dice que la monja Sor Andrea de la Asunción combinó diversos ingredientes para preparar una salsa especial para una visita importante del obispo y del virrey. La complejidad de ingredientes y el profundo sabor del resultado dieron origen al plato que hoy se conoce como mole poblano.
En Puebla, cada familia, fonda o restaurante guarda su propia receta, muchas heredadas por generaciones. El tiempo de preparación puede llevar horas o incluso días y el equilibrio entre sabores: ni muy picante, ni dulce, ni amargo. Esa precisión es lo que hace que el mole poblano auténtico tenga una profundidad difícil de replicar fuera del estado.
El precio del mole poblano puede variar dependiendo del lugar donde se consuma:
La IA coincide en que los mejores lugares para probar mole poblano en Puebla son aquellos que respetan la receta original y el proceso artesanal. Entre las principales recomendaciones están:
Restaurantes tradicionales del Centro Histórico, especialmente los que tienen décadas de historia y menús enfocados en cocina poblana.
La recomendación clave es comerlo sin prisas. El mole se disfruta mejor caliente, recién servido, acompañado de arroz rojo y tortillas de maíz. Lo ideal es comenzar probando solo la salsa, para identificar sus capas de sabor, y después combinarla con la carne.
Muchos expertos sugieren acompañarlo con agua fresca o un vino ligero, evitando bebidas demasiado dulces que opaquen su complejidad.