Al sur de la ciudad de se encuentra la presa de , construida en 1946. Esta presa se convirtió en el cuerpo de agua más extenso del estado gracias a la confluencia de los ríos Atoyac y Alseseca.

La presa fue diseñada principalmente para uso agrícola, ya que su estructura está hecha para permitir la filtración y sedimentación de residuos sólidos.

Desde su concepción, el diseño de esta grandiosa obra contempló la creación de un lago artificial para los poblanos acaudalados de la época, convirtiéndose en un lugar ideal para realizar torneos de deportes acuáticos y de pesca.

Sin embargo, las aguas limpias y cristalinas desaparecieron por los altos niveles de contaminación de los ríos Atoyac y Alseseca. Incluso el ecosistema de esta presa fue desapareciendo, ya que era sumamente imposible limpiar las aguas negras.

Pese a que su gran belleza natural desapareció, lo que sí perduró a lo largo de los años fue una leyenda que asegura que, mientras construían la presa, enterraron a gente viva en ella.

Y es que quizás hayas observado que alrededor de la presa hay flores, pues la tradición oral cuenta que estás flores son ofrendas para algún “emparedado” es decir, gente que fue enterrada viva para soportar el peso de un puente o alguna construcción y evitar que esta caiga.

Aunque no hay evidencia documentada de este tipo de actos, se cuenta que el mismo diablo suele aparecerse al ingeniero o arquitecto de obra para proponerle un trato: una persona viva a cambio de que el puente o la construcción resista. Mientras no haya trato, la cimentación caerá una y otra vez

Sin embargo, en una publicación de la página de Facebook “San Baltazar Tetela La Época de Oro”, los habitantes de San Pedro Zacachimalpa aseguran la veracidad de la leyenda.

Entre los comentarios hay familiares de personas que trabajaron en la construcción de este puente y aseguran que varios constructores fueron desapareciendo lentamente.

Hace años conocí a un señor de San Pedro Zacachimalpa, él nos contó que cuando trabajo en la construcción de la presa misteriosamente se iban desapareciendo las personas que no tenían parientes y principalmente que no eran de la zona o de puebla”


“Yo soy de San Pedro Zacachimalpa y mi abuelito José Zenteno Sánchez trabajó en la presa de Valsequillo y él nos cuenta que esa leyenda es cierta”.


“Mi abuelo trabajó ahí y que iban a levantar borrachitos al centro con la mentira que irían a trabajar. Les decían que se metieran a arreglar algo en las columnas y ya abajo les dejaban caer el concreto”. Son algunos comentarios.




Otra leyenda popular aseguraba que cuando el dique alcanzará el 99 por ciento de su capacidad, más de 59 colinas de diferentes municipios del estado estarían en riesgo de una catástrofe natural, por eso el gobierno de Puebla acordó jamás abrir las compuertas.

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