La herencia del encierra una trama familiar tan turbia como fascinante.

Este histórico lugar ha sido testigo de innumerables historias y leyendas, guarda en sus muros los secretos de una sucesión marcada por la intriga y el escándalo.

De acuerdo con el portal admagazine, todo comenzó con el inglés Tomás Gillow, quien heredó la de manos de la Marquesa Soledad Gutiérrez de Rivero Martínez y Pinillos, su esposa.



Sin embargo, la muerte prematura de la marquesa desencadenó una serie de eventos que sacudieron los cimientos de esta noble herencia.

Gillow, envuelto en el duelo por su esposa, pronto encontró consuelo en los brazos de su hijastra, Mara Zalzava y Gutiérrez.

Un matrimonio que, más que unir familias, avivó las llamas del escándalo y el murmullo entre la alta sociedad.

La trama alcanzó su punto culminante con la muerte de Gillow, dejando tras de sí una herencia disputada y un legado manchado por la controversia.

De esta unión prohibida nace el nuevo heredero, Eulogio Gregorio Gillow. En 1898, cuando la madre de Eulogio murió y éste heredó la hacienda, se encargó de renovarla con energía eléctrica, construyó jardines, un lago artificial y el famoso castillo; con todos estos cambios, el lugar se convirtió en un pequeño Versalles.

En 1914, durante la Revolución Mexicana, la hacienda, que en ese entonces abarcaba unas 6 mil hectáreas, fue confiscada por las autoridades.

Durante ocho largos años, la propiedad estuvo bajo el control del gobierno, hasta que finalmente fue devuelta a los Gillow por el presidente Álvaro Obregón.

Años más tarde, el sobrino de Gillow vendió la propiedad para convertirla en un complejo turístico. La hacienda ha sido restaurada y ahora es parte de la red de Hoteles Misión.



Además, está disponible para el público en general, ofreciendo visitas guiadas, paseos en lancha e incluso oportunidades para pescar y acampar.

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