El pasado 29 de abril arrancó formalmente la Cátedra Doctora Matilde Montoya, impulsada por el Consejo Consultivo Académico y de Innovación del Congreso del Estado de Puebla. Este espacio ha sido promovido por el presidente de la Junta de Coordinación Política del Poder Legislativo estatal, mediante la participación de dos legisladoras y al menos diez instituciones de educación superior, públicas y privadas, entre las que se encuentra la Universidad Iberoamericana Puebla. La inauguración y las cátedras magistrales estuvieron a cargo de dos biólogas: la doctora Annie Pardo Cemo, especialista en el estudio de la matriz extracelular y madre de la presidenta de México, y la doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, especialista en teorías de la evolución y actual titular de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) a nivel federal. Más allá de los contenidos teóricos, empíricos o técnicos compartidos, el evento logró posicionar y ampliar la importancia del papel histórico y contemporáneo de las mujeres en la producción del conocimiento y el bienestar en nuestro país.
Un 14 de marzo de 1859, recurriendo a la costumbre del santoral católico, nació en la Ciudad de México quien es considerada la primera mexicana en alcanzar el grado de médica: la doctora Matilde Montoya. Una destacada profesionista que también podría ser considerada una inmigrante en Puebla. Su madre, Soledad Lafragua, era poblana y, al parecer, considerablemente menos conservadora que su padre; por lo que alcanzamos a conocer de las biografías disponibles, fue una figura clave en el desarrollo educativo de la futura primera doctora en México. Luego de abrir brecha y formar a varias generaciones de mujeres mexicanas en el campo de la salud, un 26 de enero la doctora Montoya falleció en su ciudad natal a la edad de 78 años. Matilde Petra Montoya Lafragua dejó un legado y un ejemplo de vida extraordinarios al desafiar las múltiples barreras impuestas por los poderes públicos, políticos, eclesiásticos, sociales, culturales y patriarcales en dos siglos distintos.
Como joven profesionista de la salud y practicante en Puebla a finales del siglo XIX una inmigrante interna, urbana y educada, si se quiere, la biografía de la doctora Montoya encarna múltiples narrativas invisibilizadas por élites o grupos de intereses mezquinos que han hiperpolitizado y polarizado a las personas en movilidad. Solemos asociar la palabra “migración”, en el mejor de los casos, a un “fenómeno” porque desde las ciencias sociales hay variables que nos permiten identificarlo, estudiarlo y conocerlo o incluso a oportunidades y a una realidad humana (como me lo aclaró y reclamó contundentemente una scalabriniana en Brasilia). Sin embargo, con mayor frecuencia vinculamos la “migración” con “un problema”, “una amenaza”, algo indeseable o que se desea erradicar. Así, la historia de Matilde Montoya, como la de Marie Curie, nos recuerda que las mujeres en movilidad interna o internacional han sido invisibilizadas en cuanto a sus contribuciones a las diversas sociedades en las que son recibidas, excluidas o integradas, a pesar de los estigmas o estereotipos de género, raza, etnicidad o clase social utilizados en su contra.
En México, desde hace ya varios años, he observado que se justifica el estudio o análisis de las mujeres migrantes debido a la “masculinización” de los flujos migratorios. Esto es parcialmente cierto si nos concentramos en algunos periodos o casos, como el Programa Bracero o las migraciones irregularizadas hacia Estados Unidos posteriores a 1970. Sin embargo, actualmente casi el 50 % de las personas migrantes internacionales son mujeres y hay países, circuitos o regiones donde observamos una “feminización” de perfiles; por ejemplo, en los casos de trabajadoras de Filipinas en Italia o de Jamaica en ciudades como Londres y Nueva York. La Cátedra Dra. Matilde P. Montoya Lafragua debe recordarnos las contribuciones de las mujeres migrantes a Puebla, México y el mundo, no únicamente desde los estigmas y los trabajos precarizados o racializados, sino también desde sus aportes a la ciencia, las artes y la tecnología.
























