Basada en el cómic de Garth Ennis y Drick Robertson, The Boys fue todo un éxito desde el estreno de su primera temporada en 2019. La serie comenzó en un momento crucial para las audiencias internacionales con respecto al cine de superhéroes, pues 2019 fue el fin de la era dorada del género en la pantalla grande con el estreno de Avengers: Endgame, y posteriormente comenzó la sensación de fatiga debido a producciones aceleradas que invadieron el cine y la televisión durante y después de la pandemia por COVID-19.
En este contexto, The Boys rápidamente encontró a su audiencia: adolescentes que buscaban una narrativa diferente y adultos que apreciaron una historia mucho más oscura, violenta y satírica en comparación con las propuestas clásicas de Marvel y DC.
En una apuesta acertada, la serie decidió construir su propia historia y desviarse del material original, inclinándose por hacer de sus antagonistas y su contexto una parodia y sátira sociopolítica bastante ácida y sin censura del Estados Unidos contemporáneo, lo cual ayudó aun más a mantener y consolidar la relevancia del programa, especialmente gracias a la figura de su villano principal – Homelander, una antítesis de Superman que rápidamente evolucionó hacia una sátira de los poderosos y que terminó siendo, voluntaria e involuntariamente, la viva imagen de Donald Trump en la pantalla chica.
La construcción de Homelander como una amenaza física imparable que poco a poco comienza a dominar los sistemas y las mentes que lo rodean a través del miedo, fue clave para hacer que la serie aumentara la tensión y las expectativas hacia su temporada final, en especial cuando sus protagonistas – un grupo de mortales con moralidad gris – se ven cada vez más acorralados hasta estar dispuestos a hacer lo que sea para ganar.
Con una serie de tráilers y promocionales que anunciaban el apocalipsis de la mano de Homelander, cuatro temporadas que construyeron la amenaza de un fascismo inevitable y una serie de subtramas y arcos de personajes listos para entrar en una fase final llena de tensión y paranoia, no es de extrañarse que las audiencias esperaran una temporada final mucho más extrema en comparación a todo lo que la serie había propuesto hasta la fecha.
Así llega The Boys – Temporada 5. Creado por Eric Kripke (Supernatural, Gen V) y protagonizado por Karl Urban (La Bestia del Mar, Mortal Kombat II), Jack Quaid (Novocaine, Mis Aventuras con Superman), Antony Starr (G20, The Covenant), Erin Moriarty (Jessica Jones, Capitán Fantástico), Laz Alonso (Rápidos y Furiosos, Avatar), Tomer Capone (Una Semana y un Día, Slingshot), Karen Fukuhara (Escuadrón Suicida, Tren Bala), Colby Minifie (Pienso en el Final, Fear the Walking Dead), Daveed Diggs (Hamilton, Soul), Susan Heyward (Poltergeist, Orange is the New Black), Valorie Curry (Crepúsculo: Amanecer – Parte 2, El Símbolo Perdido), Chace Crawford (Gossip Girl, Blood & Oil), Nathan Mitchell (iZombie, Ginny & Georgia), Jessie T. Usher (Día de la Independencia: Contraataque, Smile), Jensen Ackles (Supernatural, Smallville), Cameron Crovetti (El Hombre Gris, Buenas noches Mamá) y Giancarlo Esposito (The Mandalorian, Breaking Bad).
En esta temporada final, seguimos a Los Muchachos – William Butcher (Karl Urban), Hughie Campbell (Jack Quaid), Frenchie (Tomer Capone), Kimiko (Karen Fukuhara), Mother’s Milk (Laz Alonso) y Annie January/Starlight (Erin Moriarty) –, quienes libran una última batalla para detener a Homelander (Antony Starr) antes de que concrete su dominio sobre Estados Unidos.
Sin rodeos: la última temporada de The Boys no es buena, pero tampoco es mala, simplemente es decepcionante. Sus mayores errores son completamente visibles en el manejo de guion, la estructura de la historia, los arcos de personajes y el ritmo general de la temporada – cuatro factores que podremos entender mejor si la analizamos a través de los tres bloques en los que está dividida.
El primer bloque, capítulos 1 a 3, es el más orgánico de todos. La temporada comienza de manera congruente y eficiente, reintroduciendo a los personajes tras su final en la temporada anterior. La historia se presenta como lo que se prometió – un mundo adentrándose a las garras del fascismo encabezado por Homelander, quien comienza a dominar la ideología y la política estadounidense con el miedo que induce su presencia.
En estos tres episodios, nos encontramos con muertes seguras que impulsan a la historia, las primeras señales de lo que serán los arcos de personajes y la introducción de las piezas para el último ajedrez; sin embargo, este primer arco presenta y resuelve lo que fue construido por la temporada anterior como el máximo objeto para la salvación y/o perdición del mundo, algo que logra con éxito para aumentar la tensión, pero que el siguiente bloque no supo manejar.
Los capítulos 4 a 7 son, sin duda, donde están todos los problemas de la temporada. A partir de aquí, la historia se vuelve inexistente y se opta por un formato casi episódico que prefiere desarrollar tramas secundarias que poco o nada aportan al final, mientras que los cabos sueltos son ignorados o concluidos de forma rápida y poco eficiente. El mayor problema es que la trama principal que se maneja en este bloque no es una historia, sino un comercial de cuatro episodios para promocionar otros proyectos derivados de la franquicia, pues solo esto explica la introducción de conceptos, lugares y personajes jamás antes referenciados y que son establecidos con una importancia enorme que nunca trasciende más allá de los capítulos en donde son presentados.
El tiempo genuinamente se pierde en este bloque. Los arcos de personajes se estancan en su mayoría y la sátira sociopolítica y religiosa se vuelve tediosa no porque esté mal escrita o no sea divertida, sino porque nada más ocurre a su alrededor, lo cual hace que pierda su relevancia dentro de la historia.
El bloque final es en realidad el octavo y último capítulo, el cual sorprendentemente es bueno, pero demuestra el daño que el segundo bloque hizo a la narrativa en general, pues mucho de lo que se propuso en ese tramo de la historia en realidad no importa, y el final se resuelve con elementos, arcos y temas introducidos desde la cuarta temporada y reafirmados durante los primeros tres capítulos de la quinta.
Lo anterior crea un gran problema en la percepción de la calidad de la temporada, pues mientras que los primeros capítulos y el final contienen una historia sólida con un desarrollo y conclusión satisfactorios para algunos de los personajes, el resto traiciona el ritmo de la narrativa, estancando a los personajes y divagando en varias ideas que podrían ser útiles para un solo episodio o incluso una sola conversación entre los personajes.
La interpretación de los actores, afortunadamente, sigue siendo sólida, en especial por parte del cast principal, destacando a Karl Urban, Antony Starr y Jack Quaid, quienes demuestran por qué son los encargados de llevar el peso de la historia desde el primero episodio de la serie. A pesar de que el guión se queda corto en muchos momentos, el elenco jamás flaquea y continúa dando todas sus energías para hacer de las escenas intensas, divertidas y emotivas, lo cual se aprecia, en especial durante el segundo bloque de capítulos.
El nivel de producción se mantiene en lo que la serie está acostumbrada, con una mezcla de efectos especiales digitales y prácticos que entregan la violencia característica del programa hasta su última escena.
Al final, The Boys – Temporada 5 no logra cumplir con todas las promesas que puso en la mesa, ni con las fantasías de sus fans. La temporada final alcanza el nivel de calidad del pasado únicamente en cuatro de sus ocho capítulos, con el resto siendo desaprovechado en un comercial para futuros proyectos que, justo como a las compañías que parodiaba en un inicio, nubló el juicio de la historia y aniquiló la narrativa que habían construido hasta este momento. A pesar de esto, las grandes actuaciones del elenco y un final satisfactorio, hacen que la temporada 5 valga la pena, y no arruina por completo la experiencia de la serie.
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