Desde hace unos años, el cine surcoreano se ha ido encaminando para adentrarse en una nueva era cinematográfica con superproducciones. Éxitos en crítica y taquilla nacional e internacional le han otorgado la confianza a la industria para comenzar a arriesgarse con espectáculos visuales cada vez más complejos, siendo la meta alcanzar el estatus de producción hollywoodense, pero con una gran diferencia: priorizar la narrativa asiática que suele codearse con conceptos y ejecuciones poco convencionales.
El drama de horror y acción Estación Zombi: Tren a Busán (2016) fue uno de los primeros proyectos que abrieron el camino para esta nueva era, con su director, Yeon Sang-ho, convirtiéndose en uno de sus más grandes exponentes, quien este mismo año estrenó Colony: Zona Cero, donde continúa explorando nuevas narrativas en el género zombi.
Otro de los directores a la vanguardia de esta nueva ola de superproducciones surcoreanas es Na Hong-jin, quien saltó a la fama por El Mar Amarillo (2010), un thriller político de espionaje, y El Extraño (2016), un neo-noir paranormal en coprudcción con Japón. En una filmografía tan corta, Hong-jin demostró su versatilidad para combinar géneros y balancear tonos con elementos siniestros, drama, suspenso y un humor negro que se volvió su propia insignia.
Después de la pandemia por COVID-19, Hong-jin comentó que su próxima película tomaría más tiempo en realizarse de lo que había planeado debido a la falta de financiamiento, pues describió al proyecto como el inicio de una épica de ciencia ficción como jamás se había visto en Corea. Los estudios nacionales estaban dispuestos en invertir en el proyecto, pero el costo era demasiado alto en comparación con lo que la industria surcoreana está acostumbrada, por lo que requirió inversión extranjera, especialmente de la mano de la actriz sueca Alicia Vikander, para comenzar la producción final.
Tras años de desarrollo, Hope: Primer Impacto tuvo su estreno mundial en el prestigioso Festival de Cannes de 2026, donde Hong-jin había estrenado los otros tres filmes de su filmografía. ¿Será esta película el futuro de la ciencia ficción y las superproducciones surcoreanas?
Así llega Hope: Primer Impacto. Dirigida por Na Hong-jin (El Extraño, El Mar Amarillo) y protagonizada por Hwang Jung-min (Mission: Cross, Kill Boksoon), Zo In-sung (Escape de Mogadishu, El Rey), Jung Ho-yeon (El Juego del Calamar, Disclaimer), Eum Moon-suk (Pipeline, 6/45), Im Hyuk-sik (Tube, 200 Pounds Beauty), Michael Fassbender (X-Men: Días del Futuro Pasado, The Killer), Alicia Vikander (El Caballero Verde, El Hechicero del Kremlin), Taylor Russell (Huesos y Todo, Escape Room) y Cameron Britton (Mindhunter, Mickey 17).
En esta aventura de acción y ciencia ficción surcoreana, seguimos la historia de Ko Bum-seok (Hwang Jung-min), el jefe de la policía de Puerto Esperanza, quien se ve involucrado en una lucha por la supervivencia del pueblo cuando un grupo de alienígenas comienzan a atacar. Decidido a proteger su hogar, Bum-seok deberá aliarse con otros sobrevivientes para confrontar la amenaza y descubrir el objetivo de los visitantes del espacio exterior.
Para bien o para mal, Hope: Primer Impacto es una completa locura de inicio a fin, la cual prioriza el espectáculo y la construcción de su propia mitología por encima del desarrollo coherente de la historia, sus personajes e incluso la grabación de la película. Podremos analizar mejor estos aspectos al dividir el filme en dos partes.
La primera mitad es casi perfecta. El filme se concentra por completo en construir el suspenso y la amenaza principal, utilizando una cinematografía muy similar a la de las películas de monstruos coreanas y japonesas de los 90’s e inicios del 2000, las cuales, a su vez, evocaban lo mejor del suspenso de Tiburón (Dir. Steven Spielberg, 1975), donde la cámara rodea a los personajes principales y al resultado de la devastación provocada por la amenaza, para así revelarla parte por parte hasta las secuencias más importantes.
En este proceso, el trabajo de arte es impecable e impresionante, pues el diseño de producción nos ofrece un pueblo tradicional, completo y funcional, que se va destruyendo frente a la cámara. El caos es entretenido, increíble, medido con precisión e incluso retoma imágenes y propuestas de El Huésped (Dir. Bong Joon-Ho, 2006) y Godzilla (Dir. Ishiro Honda, 1954), lo cual ayuda a sedimentar las intenciones del filme por contar algo más que una historia de acción y ciencia ficción.
El desarrollo de los personajes en esta parte es eficiente. Narrado a través de acciones, gestos y pequeñas interacciones entre el cast, el filme logra construir bases sólidas para poder identificar lo más básico de cada personaje, listos para iniciar un arco emocional mucho más específico y complejo al momento de entrelazar subtramas y establecer revelaciones.
Sin embargo, el filme tiene un problema: la segunda mitad. Aquí, la película abandona toda posibilidad de construcción dramática, dejando a los personajes como bocetos remarcados que evolucionarán poco o nada más allá de establecer un propósito hacia el final filme, haciendo de la película primer acto extenso que podría perder a mucha de su audiencia ante lo estática y repetitiva que se vuelve en tan poco tiempo.
Lo anterior es un arma de doble filo, pues mientras la película pone pausa en el núcleo humano de la historia, la mitología alienígena recibe toda la atención, lo cual, irónicamente, también puede hacerla aún más fascinante para ciertas audiencias.
Es notable que Na Hong-jin pasó años pensando en la lógica de las criaturas a un nivel biológico, bélico, cultural y tecnológico. A pesar de que hay poco esfuerzo por realmente explorar el propósito y la historia de los alienígenas, el filme es claro en establecer puntos visuales importantes que más tarde serán retomados, pero este es justo uno de los problemas de la fiebre hollywoodense en su peor estado: preocuparse por construir la secuela sin tener asegurada una primera parte de calidad.
Aquí es donde la creatividad entra al rescate. La forma en la que los alienígenas están diseñados, interactúan entre sí, se mueven, pelean y se transforman es un espectáculo imperdible. La acción que resulta de esta construcción es innegablemente entretenida y divertida en todos los aspectos; sin embargo, incluso la cinematografía da un paso atrás en esta sección, pues nos encontramos con secuencias repetitivas, innecesariamente largas, coreografías inverosímiles que atentan contra el suspenso de la película, y resoluciones anti climáticas que están ahí para prometer una secuela.
En niveles técnicos, el filme continúa destacando. Se aprecia la colorización de tonos vivos en una fotografía impecable, la cual aprovecha al máximo los escenarios naturales y no se pierde a pesar del dinamismo de la cámara. El sonido es brutal en cada momento clave, así como el score. Los efectos especiales son muy malos y obvios al momento de ser CGI - esto debido al alto costo de producción para Corea del Sur , aunque bien podría convertirse en uno de los sellos de la película al estilo de una serie B estadounidense -, pero cuando son prácticos, la película los aprovecha al máximo.
Es importante mencionar que el filme balancea a la perfección todos sus tonos de inicio a fin. El humor negro está bien implementado y tiene una excelente coreografía con momentos de acción y horror; estas secuencias cambiantes son un ejemplo del gran elenco de la película, pues todos son capaces de ir y venir entre los tonos sin sacrificar la escena.
Al final, Hope: Primer Impacto es una película que amas u odias, sin punto medio. La película tiene una excelente primera mitad que poco a poco se desinfla hacia su conclusión, pero en el camino encontrarás secuencias alocadas, ideas interesantes, alienígenas diferentes y una promesa de que esto es en verdad el inicio de una épica de ciencia ficción cuyo límite es el cielo. Con humor, horror, acción y secuencias impresionantes dentro del cine surcoreano, se trata de un filme que vale la pena ver al menos una vez en la vida.
8/10