En México, hacen falta garantías para ejercer la defensa de derechos humanos de forma segura.

En México, la defensa de los derechos humanos sigue sin contar con garantías plenas para su ejercicio. Reynaldo Pérez Pérez, defensor de derechos humanos de origen tzotzil, y quien encabezaba la defensa de las personas desplazadas de la localidad de Santa Martha, en Chenalhó, fue asesinado el pasado miércoles 28 de octubre a manos de grupos armados.

Con anterioridad, distintos mecanismos de las Naciones Unidas habían alertado sobre los ataques y agresiones en su contra e instado al Gobierno mexicano a adoptar las medidas necesarias para proteger su integridad física. En respuesta a dicha comunicación, el Estado mexicano informó que tenía conocimiento de las agresiones y que había incorporado al defensor al Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de derechos humanos y Periodistas.

Las circunstancias en que ocurre el asesinato de Reynaldo Pérez Pérez no pueden analizarse de forma aislada. La defensa de los derechos humanos dista de contar con garantías plenas para su ejercicio, tanto por las limitaciones discursivas, institucionales y legales que restringen el ejercicio de esta labor como por el violento contexto al que se enfrentan los procesos de exigencia de verdad y justicia.

La violencia contra personas defensoras de derechos humanos no sólo se traduce en agresiones que afectan su integridad física o psicológica. También se manifiesta mediante procesos de estigmatización y criminalización que encuentran expresión en los discursos estatales.

Un ejemplo de lo anterior es la difusión de discursos que desacreditan la labor de defensa. La construcción discursiva de las personas defensoras como parte de un supuesto “grupo opositor” o “grupo inconforme” que cuestiona al gobierno en contribuye a deslegitimar las diversas formas de resistencia que surgen en los territorios e incrementa la exposición de quienes las encabezan a situaciones de riesgo. Se trata de una forma de criminalización discursiva que contrapone la defensa de derechos humanos a nociones como “el bienestar” o “el desarrollo” nacionales.

Recientemente, con motivo de la realización de actividades sobre el informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, la presidenta Claudia Sheinbaum acusó a Amnistía Internacional de “estar cooptada” por quienes “están en contra del gobierno de México”. Este tipo de descalificaciones plantean interrogantes importantes sobre las condiciones en que la sociedad civil organizada puede cuestionar las decisiones gubernamentales y acompañar procesos de exigencia de los derechos humanos en asuntos de importancia para la agenda pública nacional.

A esta dimensión discursiva de la violencia estatal se suma el uso del sistema de justicia como instrumento para criminalizar a las personas defensoras y obstaculizar sus procesos de defensa. Los efectos de este tipo de medidas trascienden de la persona defensora, alcanzando muchas veces a su círculo familiar y social, así como a quienes asumen su representación jurídica.

Además, la eficacia de los mecanismos estatales de protección también puede ser puestos en duda. Desde distintos espacios se ha acusado la falta de efectividad de las medidas de protección implementadas, que en ocasiones no toman en consideración las condiciones concretas en que viven y trabajan las personas defensoras . Un ejemplo de ello es el caso de una persona defensora de derechos humanos en Puebla a quien se le instalaron cámaras de videovigilancia en su espacio de trabajo sin considerar que el lugar no contaba con el suministro de energía eléctrica para hacerlas funcionar.

El asesinato de Reynaldo Pérez Pérez, vuelve a poner en evidencia que la situación de riesgo en que se hallaba la defensa de los derechos humanos no ha cambiado. Persisten los discursos estigmatizantes, las intimidaciones y las agresiones contra personas defensoras y periodistas, a la vez que se van reduciendo los márgenes de actuación para la protección de los derechos.

Mientras tanto, desde Palacio Nacional se informa que hoy es un día soleado.

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